Mientras se prepara un remake en Hollywood, se estrena en España el filme islandés que arrasó con las críticas gracias a un argumento infalible y a grandísimas actuaciones.
Muchas veces, una gran trama no significa que sea precisamente original: ¿cuántas veces nos hemos visto atrapados en nuestra fascinación mirando historias simples pero efectivas, por más que se trate de conflictos ampliamente abordados por el cine? Reykjavík Rotterdam es uno de esos casos, porque su historia no es del todo original. Es simple pero potente, aunque su valor real es que está narrada y protagonizada de un modo magistral.
La trama de la película relata el derrotero de un guardia de seguridad –interpretado de manera brillante por el enorme Baltasar Kormákur–, cuyo pasado cuenta con una mancha imborrable: fue contrabandista de alcohol en la ruta que une Islandia con los Países Bajos. Su nueva vida parece transcurrir con normalidad hasta que un buen día se reencuentra con un viejo compañero de aventuras delictivas que lo seduce con un negocio ilegal. Su endeble situación económica termina de convencerlo para lanzarse, una vez más, de lleno en los negocios sucios.
La nueva cinta de Óskar Jónasson no es únicamente un gran thriller moderno. También es la prueba de que en el buen cine una idea es apenas el puntapié inicial de una gran obra.
Nota publicada en Apuestas del Día el 14 de mayo de 2010
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