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Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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jueves 17 de agosto de 2017
Andrés Correa

Ocaso

Andrés Correa

Descreído frente al oropel de la industria discográfica, desde hace años Andrés Correa viene cosechando una obra cancionística relevante; en su álbum más reciente, el séptimo en su discografía, opta por la soledad y la cercanía que solo le otorgan su voz y su guitarra.

Qué: Disco (edita Barrio Colombia)

El primer verso que se escucha en el nuevo trabajo discográfico del cancionista bogotano señala el cauce del mismo: «La fuerza del ciclón se empieza a disipar». Tres años después de la edición de Aurora, un disco oscuro y profundamente doloroso, su autor parece haber encontrado la calma, o la dicha, como lo afirma en la última canción de Ocaso, un álbum poco luminoso –asunto bastante espeso en la obra de Andrés Correa– y turbulento como su antecesor, pero que atisba un optimismo manifiesto en el ambiente pastoral que lo sobrevuela y en la estructura acústica que lo sostiene.

Casi a manera de diario de viajes, Ocaso es la suma de una colección de canciones concebidas en ciudades –y sofás– de paso. A partir de un modelo de autogestión sólido y libre, en los últimos años Andrés ha tocado en diferentes ciudades de Latinoamérica y entablado un colegaje sincero con músicos de los lugares por los que ha pasado; su largo periplo por el sur del continente americano, entre 2014 y 2015, fructificó en diez canciones que atraviesan la pena, la aceptación y la recompensa.

Grabado en el estudio La Dicha, ubicado en una montaña del municipio de Salento –corazón del eje cafetero–, con la supervisión y colaboración de Alejandro Gómez Garzón, Ocaso, es el testimonio preciso de un autor reflexivo y consecuente con su presente y un kilometraje a cuestas considerable: formato guitarra y voz, austero y despojado de cualquier andamiaje posible.

Entre canciones de una hondura nostálgica que se cuela a través de músicas de los Andes y el Pacífico colombiano, el bolero, sutiles trazos electrónicos y una colaboración con Pedro Guerra, sobresalen tres temas por su extrañeza y atrevimiento: los instrumentales MDZ-SCL y Julieta, y Corazón, cantada a capela. Sin ser un virtuoso de la guitarra o el canto, es precisamente en ese par de elementos en donde se halla el quid que, entendido como esa voz personalísima, Correa encontró hace una década cuando prefirió nadar con libertad en las aguas de la canción popular, sin casarse con nada ni desechar ninguna posibilidad estética. Ocaso es prueba de ello y un peldaño más de su vida en la torre de la canción.

Andrés Correa Ocaso

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