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domingo 28 de mayo de 2017
Magallanes

Fátima

Magallanes

Acostumbrado a no instalarse en sus zonas de confort, Andrés Gualdrón aparcó a su banda madre y se dedicó con su proyecto Magallanes a dos asuntos opuestos: la investigación académica del fenómeno de la champeta (ritmo afrocolombiano caribeño) y, con oídos de videotape, la concepción de un disco de música de ascensor.

Qué: Disco (independiente)

En 1971, durante la rivalidad pública y descarnada que sostenían John Lennon y Paul McCartney, el primero escribió la canción How Do You Sleep? en la que se despacha contra su ex-socio y le acusa, entre otras cosas, de hacer muzak, o música de fondo, de ascensor y consultorio médico.

A McCartney, por supuesto, no le hizo gracia pero con el paso del tiempo el muzak empezó a cautivar la atención de músicos formados en el pop, la electrónica e, incluso, la música de cámara. Una muestra emocionante del influjo del muzak tres décadas más tarde es Fátima, el álbum de debut de Magallanes, el nuevo proyecto del bogotano Andrés Gualdrón, cerebro fundador de la banda Animales Blancos.

Inspirado en la música de ascensor, en la ola creciente del vaporwave –que apela a texturas sonoras arcaicas que remiten a cierta música electrónica de los años ochenta– y con la oreja atenta en el efecto que las máquinas de ritmo y los sintetizadores le otorgaron a discos como Clics modernos y Privé, de los argentinos Charly García y Luis Alberto Spinetta, respectivamente; Gualdrón dio forma a un álbum conceptual de ocho piezas instrumentales –sólo en una recurre a su voz– que atraviesan la leyenda de la aparición y revelación de una profecía milenarista de la virgen María a tres niños pastores de la localidad de Fátima, Portugal, a pocos meses del triunfo de la Revolución Bolchevique en 1917.

Piezas como Milagro solar, Niños visionarios, Tres días de oscuridad, Conversión soviética y Credo recrean la ensoñación pastoril y los terroríficos anuncios de María pero distantes de cualquier intención religiosa; a su vez, trenzan una atmósfera digital que evocan con nostalgia y mística una sonoridad refundida en la memoria u olvidada en una vieja cinta de VHS.

Como pasara con el sorprendente debut de Animales Blancos en 2011, cada escucha de Fátima ahonda en la profundidad de un álbum creado para cualquier cosa menos para que suene como música de fondo, y revela la complejidad de un autor que juega con el paso del tiempo mientras divisa el futuro.

Magallanes Fátima

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