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Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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lunes 21 de agosto de 2017

Inspirado en el trabajo del fotógrafo Iván Herrera, La defensa del dragón, el debut de Natalia Santa que se presentó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, pone su mirada nostálgica y cáustica en una Bogotá enquistada en la memoria.

Qué: Película (estreno en Colombia)

En el ajedrez, la variante del dragón de la defensa siciliana es una de las más agresivas y arriesgadas, en ella se protege al rey negro con un enroque corto pero se debe soportar el embate blanco. Blindar el corazón y evitar el mayor daño para conservar y postergar la vida.

Ese es el principio común de los tres protagonistas de La defensa del dragón, la ópera prima de la bogotana Natalia Santa: Samuel, Joaquín y Marcos; tres amigos que se reúnen en viejos y emblemáticos lugares del centro de la capital colombiana para hacerle frente a sus desdichas particulares.

Samuel (Gonzalo de Sagarmínaga) ronda los cincuenta años y es un ajedrecista profesional retirado, solitario y divorciado que vive de enseñar aritmética y ganar partidas de ajedrez en el célebre Club Lasker. Joaquín (Hernán Méndez), quien ya supera los sesenta, es un relojero veterano, viudo, amante del tango y enemigo del mundo digital. Mayor de setenta, Marcos (Manuel Navarro) es un médico homeópata español, ludópata y aficionado al humo dulce del cáñamo.

A cual más terco y hermético, evaden asuntos vitales: al primero le cuesta relacionarse con las mujeres, el segundo se resiste a ponerse al día en su oficio, y el último aparenta una estirpe que no posee; y aunque la vida les muestra caminos diferentes, los tres temen exponerse y perder.

Como telón de fondo de unas vidas que languidecen, aparece una Bogotá que, como ellos, se resiste al avance aplastante del Siglo XXI, al olvido y a una gentrificación despiadada; el encanto de una ciudad que se esfuma con la vida de los más viejos, respira y late enmarañada en la película en cada espacio que habitan y transitan los personajes; allí la tecnología reciente (casi) no tiene cabida, como avisando que antes de su aparición la soledad discurría de otra forma.

La defensa del dragón

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