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viernes 20 de abril de 2018

La ciudad liberada

Fito Páez

El nuevo y extenso disco de Fito Páez logra reconectarlo con lo mejor de su obra. La ciudad liberada resulta un trabajo revitalizante y necesario para el músico rosarino que lo muestra en todas sus versiones: existencialista y romántico, elegante y superficial, ácido y combativo.

Qué: Disco (Sony Music)

A pesar de su incuestionable importancia dentro de la música popular argentina, Fito Páez arrastraba una cuenta pendiente en relación con el peso específico de su gran obra. Salvo por el ardoroso y descarnado Naturaleza sangre, de 2003, su trabajo sobre el Siglo XXI resultó diluido entre discos sin concepto ni alma y sin canciones capaces de sumarse a su extenso listado de clásicos. Dentro de ese cuadro de situación, este nuevo álbum significa un movimiento revitalizante y necesario para la historia del músico rosarino.

La ciudad liberada es, sin lugar a dudas, su mejor disco desde el mencionado Naturaleza sangre. A diferencia de aquel trabajo en el que condensaba de forma cruda y emocional el arribo al nuevo milenio, el impacto de la crisis argentina de 2001 y, por sobre todo, el fin de su largo amor con la actriz Cecilia Roth (en un cóctel efectivo en el que lograba reunir en una misma obra nada más y nada menos que a Charly García y a Luis Alberto Spinetta), Fito ahora parece propulsado por el vaho maloliente de la época e inspirado por el clímax de un amor hacia una musa omnipresente (esa «Chica mágica» que pulula por el total de la obra), mostrando todas sus versiones posibles: el Páez existencialista y romántico, el elegante y superficial, el ácido y también el combativo.

Alimentando lo controversial de su figura en suelo argentino, Fito aparece desde la portada –creada por el diseñador Alejandro Ros, con fotos de Nora Lezano– adosado a un cuerpo de mujer desnudo, subiéndose con timing a la avanzada del movimiento feminista en busca de la igualdad de derechos que gana terreno en el mundo (con el corte Aleluya al sol como canción emblema, en donde menciona la popular consigna «Ni una menos»).

Pero La ciudad liberada no se empantana en pequeños gestos demagógicos. Es también un largo viaje prepotente, inspirado y altivo de dieciocho canciones que logra conectar de a ratos con sus épocas doradas: conmueve en su reencuentro con Fabi Cantilo, ex pareja y eterna novia, para la exquisita fantasía beatle de Wo wo wo y la atmósfera tenue en plan García en Tu vida mi vida; imprime su visión de la crisis argentina en La ciudad liberada y Navidad negra, remitiendo a un estándar de su obra como lo es Ciudad de pobres corazones; se luce en su magnetismo narrativo en la opereta a piano, La mujer torso y el hombre de la cola de ameba; y le rinde homenaje a la bossa brasileña en plan Caetano Veloso en la reposada y bella Soltá.

Aunque puede que ninguna de estas canciones logre un lugar de privilegio dentro de lo mejor de su producción, es su sensibilidad musical y su personal lectura del presente, lo que hace de La ciudad liberada un trabajo audaz para tiempos de crisis, violencia y desigualdad. Después de todo, ahí está Páez diciéndonos, una vez más, que el amor es lo único que nos puede salvar.

Fito Páez La ciudad liberada

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