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viernes 20 de octubre de 2017
Los Fabulosos Cadillacs
Foto: Archivo Sony Music

La gran familia Cadillac

La reinvención 2016 de Los Fabulosos Cadillacs muestra que la banda nunca dejó de existir y que inclusive los caminos paralelos de Vicentico como cantante pop y de Flavio en sus planes alterlatinos se viven como parte de una misma historia en la que los conceptos de amistad y familia son claves. La salvación de Solo y Juan es un disco en el que transitan nuevos caminos musicales, en una ópera rock que sorprende y vuelve a mostrar lo mejor de la banda argentina.

Lo que se hereda no se roba, por más que reneguemos, cargamos genes contra los que es inútil luchar. Por lo tanto, se recomienda rendirse ante ellos o, mejor aún, celebrarlos. Los Fabulosos Cadillacs no inventaron el rock, ni el ska, ni siquiera el llamado alterlatino (¿o si?), como así tampoco los Who inventaron la ópera rock, aunque sean ineludibles a la hora de hablar del formato. Tan ineludibles que en No era para vos, la primera canción del disco, los Cadillacs lo dejan más que claro y citan explícitamente a los Who con guitarrazos y teclas que remiten de forma inexorable a Baba O’Riley.

La salvación de Solo y Juan es el disco que nos trae una vez más lo mejor de los Cadillacs. Una ópera rock tan de ficción que habla, como nunca, de ellos mismos. No es casual –porque nada lo es– que la historia gire en torno a un padre y sus dos hijos varones. El ingreso a la banda de Florián Fernández Capello y de Astor Cianciarulo, hijos de Vicentico/Flavio (el motor Cadillac), traza un paralelismo que no es menor. Aquí los Cadillacs son los padres. Pero no nos engañemos ni queramos hilvanar teorías nepotistas: los jóvenes son unos músicos hechos y derechos que cuando las luces los enfocan, deslumbran.

«Lo que se hereda no se roba, por más que reneguemos, cargamos genes contra los que es inútil luchar. Por lo tanto, se recomienda rendirse ante Los Fabulosos Cadillacs o, mejor aún, celebrarlos »

Este disco es también otra de muchas reinvenciones que han hecho. ¿Y a qué apelaron esta vez? A lo que mejor hacen. Como un barman experimentado, vierten en su coctelera ingredientes ya conocidos. Pero esta vez dejemos de lado las bebidas latinas y centrémonos en las británicas. Es posible que en algún lado haya ecos de Belle And Sebastian. O del maestro malo de The Wall (otra ópera rock) en El profesor Galíndez, una canción que remata con un coro de inconfundible fraseo a lo Walas, de Massacre. Aquí, los Cadillacs son los primos mayores. También se citan a sí mismos en La tormenta, o en Averno –el fantasma, que bien podría remitir a la encarnación Fabulosos Calavera, o en Juan, que parece sacada de la época del Satánico Dr. Cadillac. Es en estos momentos cuando se encuentran, ya mayores, frente al espejo y recuerdan toda su historia.

Tenemos ingredientes progresivos en El impacto que parecieran filtrados por el Sui Generis de Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, de cuando Charly García se nutrió de teclados que después llevaría de paseo por La Máquina de Hacer Pájaros para luego coronarlos en Serú Girán. Es el momento para que Los Fabulosos Cadillacs se reconcilien con la vieja ola que tanto denostaron en sus jóvenes inicios. Es acá que se muestran como hijos adultos.

Y si todo buen cóctel necesita de un ingrediente que contraste, que marque la especificidad, la aceituna pasa a ser el funky disco de La música salvará al mundo, ahora sí con sabor latino, a la usanza del Santana que supo inspirar a Katunga.

Nada que por separado no se conozca. Pero no rompamos la magia, que el secreto está en la muñeca de un barman que una vez más nos sirve un cóctel elegante y elaborado, con la maestría del que sabe hacerlo. Cabe preguntarse por qué nos privaron durante tanto tiempo de deleitarnos con algo de tal calidad. Es que, como toda familia, muchas veces prefieren no juntarse y aprovechan para hacer cada uno sus cosas. Algunas para el gran público, como Vicentico, y otras para unos pocos de esos muchos, como en el caso de Flavio, que su último disco Sardinista! termina siendo la maqueta atmosférica de esta nueva salvación.

En este regreso, Los Fabulosos Cadillacs, más estrictamente Flavio y Vicentico, funcionan como los hermanos Solo y Juan, que toman distintos caminos en la manera de concebir el camino a transitar. Muy familiar todo, si hasta el tío Rulo, que esta vez no vino o se olvidaron de invitar, está en la foto sobre la chimenea del living. Porque, ante todo, son familia.

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