Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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martes 18 de febrero de 2020

Azalvajao

Tomasito

Atención: se ha desatado una fiera del sur. Fiera salvaje, asilvestrada y, curiosamente, inocua: someterse a su último disco es garantizarse un antidepresivo eficaz y poner banda sonora al mejor sarao imaginable.

Qué: Disco (edita El Volcán)

La alegría de la huerta. Un máquina, así en masculino pronominal, en negación de las reglas y ejercicio de entusiasmo, porque el personaje lo merece. Lleva treinta años en los escenarios, desde chavalillo, y de su talento hablaron o hablan maravillas Lola Flores, Wynton Marsalis, Liam Gallagher, Chano Domínguez y el Canijo de Jerez. Baila como un demonio y rumbea cual duende asilvestrado: su arte es una fiesta. Ahora viene Azalvajao: léase la palabra en andalucismo, para entender su alusión a lo salvaje. Tomasito está desatado, no se deja nada en la mochila. ¿Y qué hace este figura (de nuevo el asunto de la masculinización del pronombre: perdonen ustedes la licencia) reinventándose? Pues divertirse un poco más, aliado con sus amigos y arropado por la Banda Limón, un grupo de buena gente dispuesta a exprimirse por Tomás. El disco suena duro, sincero y revolucionado desde el primer corte, Rumba que te tumba. De ahí en adelante puede pasar cualquier cosa: eso sí, el ojo debe andar avizor en el calendario del gaditano, porque verlo en un escenario es curarse automáticamente de muchos males, aunque componga canciones con una guitarra del súper.

Azalvajao - Tomasito

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