Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
-
martes 29 de septiembre de 2020

Pequeño y plateado

Cabezalí

Ha hecho de todo para otros; ha hecho de todo para su grupo, Havalina; ya le tocaba caminata en solitario a Cabezalí. Él y su guitarra, y Nick Drake y Peter Broderick, y tantos otros apostados tras el pentagrama. Manuel descifró la clave: ya es del club selecto.

Qué: Disco (edita Origami)

La música de Manuel Cabezalí con Havalina es más fiera que tersa. La mano de Manuel Cabezalí en las producciones de otros (Pasajero, Rufus T. Firefly, Álex Ferreira) es más tersa que fiera. Ahora que se estrena como solista con este Pequeño y plateado, resulta que le apetecía «minimalizarlo» todo, desnudar las cosas y revestirlas con los ropajes justos para enseñarlas en sociedad. Claro, es poner Amor felino II, el primer tema, y olvidarse de zarandajas. A veces, muy pocas veces, el escuchante (oyentes hay muchos, y el criterio no juega ningún papel en esta tarea) se topa con cosas que le aflojan la quijada desde la primera nota: cuando suenan los primeros acordes del mentado tema de apertura, lo que apetece es sentarse y apoyar el cuello en un respaldo mullido. Escuchar la letra, paladear la música y cerrar los ojos. Y ya pueden venir tempestades, malas noticias, catástrofes bursátiles: contamos con un nuevo muro de protección contra la inmundicia. El discurrir de las demás canciones no hace sino acendrar el alma hasta dejarla brillante y, desde luego, henchida de felicidad. Se le llena a uno el pecho como a un palomo frente a un campo de maíz. Igual que con María Coma: no hay otra relación entre ambos fuera de la excelencia. Doble dopaje en aras de la felicidad.

Pequeño y plateado - Cabezalí

Enlaces relacionados: