Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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jueves 22 de octubre de 2020

Lo que me dijiste al oído se extendió por todo el mundo

Escarlata

Remate puso unas letras que Cuchillo cinceló; ambos aportaron su visión caleidoscópica del universo y lo tiñeron de Escarlata. Son dos creadores con hambre de slow food, unidos en una aventura que el viento no se llevará sin pelear.

Qué: Disco (edita Foehn)

Escarlata es el fruto de un encuentro entre dos bardos del subsuelo. Lo de Remate y Cuchillo, por separado, suena a tira cómica; juntos los muchachos en Escarlata, sin garantía alguna de no volver a pasar hambre (lo juren o no), la cosa adquiere otros matices. Añejos, tintados de suave color sepia, sin referencias precisas. Remate tenía varias letras escritas y la llegada de Cuchillo hizo brotar los arreglos, tamizó las melodías, acabó de armar el muñeco. ¿Qué les pasaba por la cabeza al tallar canciones así? Probablemente ni ellos lo saben. El primer tema, homónimo con el álbum, es una psicodelia canora que camina al toque de una tecla metrónímica, un agudo que martillea entre coros angelicales y rasgueos. Morir de miedo hace llorar de la emoción, sin necesidad de apurar el paso un solo kilómetro por hora; En la otra parte del mundo es una mixtura perfecta entre Bert Kaempfert y los Mercury Rev de Deserter’s Songs y Sacar la basura evoca una sucesión de pequeños demonios personales desfilando por la punta del pie, alejándose hacia la espesura. Los diez minutos finales de Fiesta sirven de instrumental envoltorio a todo un regalo para quienes tratan de bajar una marcha o dos el ritmo de su existencia: una cajita de música tan entrañable como la sierra de Delicatessen.

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