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sábado 26 de septiembre de 2020

Maldigo

Liliana Herrero

La cantante argentina suma a Lisandro Aristimuño como coproductor y, acompañada por su banda de costumbre, presenta un disco apasionado, sufrido y tan genuino como su voz al quebrarse.

Qué: Disco (edita S-Music)

Liliana Herrero no es una cantante más en el mapa regional de la música popular argentina. Nació en Entre Ríos, a unos trescientos kilómetros de Buenos Aires, pero rápidamente su voz comenzó a girar –y a sorprender– incluso fuera del ámbito del folclore, el género que la cobijó en sus comienzos. Hoy, con más de treinta años de carrera, Liliana es mucho más que una voz regional. Es, sin dudas, una cantante enorme que al mismo tiempo funciona como una editorialista: en sus últimos discos, gran parte de las canciones son versiones de otros autores, que ella absorbe como propias para hacerlas convivir con compañeras de generación y proclama. Para Maldigo, su trabajo más reciente, Herrero comparte producción artística con Lisandro Aristimuño, otro gran talento del interior del país que ya viene trazando un camino propio. El cruce generacional se percibe en el sonido de canciones como Bagualín, una estremecedora crónica de la inseguridad social del dúo Orozco-Barrientos que abre el disco. Pero lo que más conmueve es la voz de Liliana al servicio de los textos más bravos de los últimos tiempos, una voz siempre al borde del abismo y con el corazón en la mano. «Hay cierto orden mundial, cierto estado de las cosas en el mundo, que me producen tal conmoción moral que me quedo sin habla», dijo cuando presentó Maldigo en Buenos Aires. «Que me quedo afónica. Sin voz. Que se me va la voz. Maldigo: no me queda otra forma de cantar que sea cantando mal. Cantando mal quiere decir con furia, con la voz quebrada, con la voz temblorosa, insegura, balbuceante».

Maldigo - Liliana HerreroMaldigo

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