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miércoles 23 de septiembre de 2020

Maracaná

Sebastián Bednarik y Andrés Varela (directores)

¿Qué fue lo que sucedió el 16 de julio de 1950 en el estadio carioca de Maracaná? ¿Por qué un resultado deportivo se convirtió en un mito que varias generaciones después todavía mantiene su vigencia? ¿Cuánto se pueden mezclar fútbol e intereses políticos?

Qué: Película (estreno en Uruguay)

Diez mil uruguayos, reunidos en la Tribuna América del Estadio Centenario de Montevideo, volvieron a celebrar el emblemático gol que le dio el campeonato mundial de Brasil 1950 a la selección celeste. Se trata de la conocida filmación en blanco y negro, en 35 mm, en la que se ve al delantero Gigghia sacar un furibundo tiro en diagonal que se mete contra el palo derecho del arquero brasileño Barbosa. Fue hace muy pocos días, el jueves 13 de marzo de 2014, en ocasión del estreno de Maracaná, una película que paradójicamente plantea la revisión de uno de los grandes mitos de la historia del fútbol. La tesis de la dupla Bednarik-Varela evidencia que en lo estrictamente deportivo no fue una hazaña inesperada: posiblemente Uruguay y Brasil fueran equipos de similar poderío hace medio siglo, antes de la irrupción de genios como Pelé y Garrincha, aunque debe anotarse la precaria preparación física de los jugadores uruguayos que venían de una huelga de futbolistas. El color del asunto, la trama heroica, se gesta en el hecho de que la victoria uruguaya derrumba la lógica «nacional» que había construido el gobierno brasileño, similar a la de eventos deportivo-políticos de la preguerra, como los Juegos Olímpicos de Berlín. De hecho, la construcción del eslógan «Brasil Campeao» comienza en un lejano 1935 y alcanza su punto máximo en el convencimiento de que el gigante sudamericano se consideraba campeón antes empezar el partido final con Uruguay.
Las diez mil personas en el Centenario celebrando la película y la exposición de una réplica del avión en el que llegaron a Montevideo los héroes celestes comandados por el capitán Obdulio Varela, demuestran hasta qué punto la derrota brasileña acabó generando un mito en sentido contrario, el de la llamada «garra charrúa». Uno de los codirectores de Maracaná, el documentalista Sebastián Bednarik, había facturado hace algunos años Mundialito, un ácido reportaje sobre el controvertido torneo armado en Uruguay en 1980, con una trama donde se mezclan fútbol, política (dictadura militar) y mafia (el primer negocio internacional de un tal Silvio Berlusconi).

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