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jueves 26 de noviembre de 2020

Boca de pozo

Simón Franco (director). Con Pablo Cedrón y Nicolás Saavedra

Con una actuación brillante y profunda de Pablo Cedrón, la nueva película del director patagónico utiliza la cámara como un protagonista más. Y lo hace para narrar, desde la intimidad de su infelicidad, la vida íntima de un trabajador petrolero en busca de la felicidad.

Qué: Película (estreno en Argentina)

Lucho trabaja en la industria petrolera, más precisamente en una de las grandes, ubicada en Comodoro Rivadavia, en el Sur de Argentina. Como todo petrolero que vive la mitad del mes encerrado en el pozo y la otra mitad fuera, tiene un buen sueldo. Por lo tanto, el problema de Lucho no es económico sino existencial: desea fervientemente cambiar de vida. Está casado, ve muy poco a su madre y comienza a enamorarse de una prostituta con la que mantiene una relación regular. Con el suficiente conocimiento del caso, Simón Franco, cuyo padre fue petrolero y trabajó en la misma ciudad en la que filmó, se mete de lleno en un submundo al que cine se ha acercado poco y nada. Y lo hace con una realización tan sutil como impecable, invadida de planos cortos, y fundamentalmente orientada a la fotografía y a la cámara ubicándose siempre detrás de los movimientos del protagonista, encarnado por un sorprendente Pablo Cedrón. «Los trabajadores petroleros suelen sufrir problemas de alcoholismo, de adicción a las drogas y de consumo de prostitución. Cobran mucho dinero pero en general lo gastan en muy pocos días en vicios y cosas superfluas. Quería mostrar esta realidad de la gente que vive en el sur del país», contó hace poco el realizador argentino. Y vaya si lo consiguió.

Boca de pozo

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