Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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jueves 1 de octubre de 2020

Hijos del pueblo

Enrique Bunbury & Andrés Calamaro

Dos eran dos, el español azteca, el bonaerense madrileño, unidos en un brindis sostenido. Hijos del pueblo y de las pasiones, de la curiosidad inagotable, del gesto y el sustrato. Bunbury y Calamaro son el tequila y la sal en su México lindo: un directo para el recuerdo.

Hijos del pueblo - Enrique Bunbury & Andrés Calamaro

Qué: Disco (distribuye Warner)

Había ganas de tenerlo en las manos, de llenarse oídos y poros con las notas de unos encuentros únicos. Enrique Bunbury y Andrés Calamaro se unieron el pasado otoño en una minigira mexicana (si es que algo puede llevar la raíz «mini» en la inmensa tierra de Villa) que devino en grabación y llega ahora a sus emparentadas masas de seguidores. Son dos casos únicos: artistas de ida y vuelta sobre el Atlántico, con algo de brujos en el genoma, capaces de armar un aquelarre armonioso con repertorios propios y conjuros compartidos que la afición pueda corear hasta quedarse sin aire en los pulmones. Así, Bunbury aporta su Infinito, y Calamaro ese Estadio Azteca que hace lagrimear al más pétreo de los pibes. Se recuerda a Los Rodríguez con la inmensa Sin documentos, y a Héroes con Maldito duende. Con el aragonés en la jugada no podía faltar su versión favorita, la Apuesta por el rock'n'roll que le tomara prestada al gran Mauricio Aznar de Más Birras; también cabía esperar un repaso de don Enrique al Aunque no sea conmigo de Chago Díaz, y otro de maese Andrés a Copa rota, la canción que escribiera José Feliciano. Juntos ponen el colofón al disco con Hijo del pueblo, del Rey José Alfredo Jiménez, al que Bunbury profesa admiración eterna. No obstante, el poso que primero ha trascendido –y que ha conquistado definitivamente a toda América– es la revisitación del Crimen de Gustavo Cerati, primer corte del álbum, dignísimo homenaje a un tipo que, como mínimo, fue tan grande como ellos, en la doble dimensión del adjetivo: por impacto en millones de corazones y por excelencia a la hora de volcar en canciones todo lo que le susurraron las musas.

Hijos del pueblo - Enrique Bunbury & Andrés Calamaro

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