Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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jueves 2 de julio de 2020

Paradoja

Rafael Berrio

Berrio no se parece a nadie. Cuando ese rasgo de autenticidad va acompañado de la belleza, cuando la belleza no emana de tópicos, cuando el lenguaje (forma y fondo) y los arreglos se cuidan con idéntico mimo, el resultado es cualquier cosa menos paradójico, títulos aparte.

Paradoja - Rafael Berrio

Qué: Disco (edita Warner)

Tiene algo de humor negro lo de paradoja, siendo como es el nombre de un disco que exuda coherencia. Cualquiera que se haya topado anteriormente con la obra de este donostiarra indómito sabe del color (grisáceo, elegante: un lento degradé, que diría Gustavo Cerati) y el aroma (portuario, tostado) que suele acompañar a sus poesías. Lo que nunca se puede medir es el alcance de su hondura: el primer corte, que da nombre al disco, es un instrumental de los que rascan, inquietante, con bajo poderoso y estructura eficaz tejida a fuerza de compases cíclicos. Canciones como Inanimados te dejan el estómago colgando; En lo mórbido es un canto a la carne, un delirio dionisíaco, una especie de ditirambo argonauta que podría musicar perfectamente esa secuencia amatoria a la que no llegó Guccione y que Almodóvar aún no ha filmado. Contra la lógica mete la dinámica del disco en el swinging London de los Who (le canta al quórum aberrante y al cenáculo feroz, al arte y al claxon: dadaísmo del que cultiva Liniers en sus viñetas del Conceptual incomprensible), y Los ayeres muertos se solaza en la extraña alegría que brota de la negrura, y de lo terapéutico que resulta repasar las referencias de la propia vida desde una perspectiva espectadora, en cierto modo desprejuiciada y decididamente nostálgica. Con el cierre, Berrio nos recuerda que El mundo pende de un hilo, y lo explica tan maravillosamente que no hay más remedio que darle la razón.

Paradoja - Rafael Berrio

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