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lunes 15 de octubre de 2018
Cineplexx

Espejos

Cineplexx

Mientras otros espíritus sensibles desnudan el alma en sus canciones, Litmanovich opta por revestirlas con atuendos de antaño (ligeros, eso sí) y dotarlas de sutiles herrajes electrónicos. El oro es de nuevos ricos: aguanten los espejos. Llega lo nuevo de Cineplexx.

Qué: Disco (edita Nuevahola/Jabalina)

Sebastián Litmanovich se enamoró por primera vez hace dos o tres reencarnaciones, año arriba año abajo. Desde que responde a los extraños por el apelativo de Cineplexx hace gala de una inusitada afición a desmenuzar las cosas del amor en canciones. La perspectiva hedonista que en anteriores ocasiones se le ha atribuido –mea culpa, de hecho: es tentadora la analogía, perdónenme, porque he pecado– no hace justicia a la hondura de un sentimiento que se recrea a partes iguales en la felicidad y el dolor. La expresión final se reviste de seda y romance en piezas como Manipulador, por ejemplo, una sutil amenaza disfrazada de confesión y caricia. Tanto tiempo parte de una marimba sintética y camina al trote por los predios del desasosiego; Nube de deseo apuesta por la fórmula hipnótica en la descripción del azar que acompaña a la aproximación entre dos seres invadidos por el calor de unos besos que, como se matiza luego en Cariño, pueden llevar al éxtasis o al dolor. Linda Mirada, quien ya aportara su voz a Bailar, una de las piezas más populares de Cineplexx –incluida hace dos años en el álbum Florianópolis– vuelve ahora a sumar quilates al tema que da nombre al disco, mientras que la chilena Yanara Espinoza –compañera de Litmanovich en Papaya– colabora con voz y guitarra en Mimosa y Besos. Entre líneas, a la luz de las musas, el bueno de Sebastián emborrona pentagramas con pulso artesano; la iniciativa explora con igual fruición la huella de lo añejo –inmensa Gran dolor– y la alargada sombra destinista que proyectan los visionarios.

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