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Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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miércoles 2 de diciembre de 2020

La de Joe Crepúsculo es música de otros tiempos, de cuando éramos jóvenes y nuevaoleros, o protozoos espirituales acosados por el tecnicolor; confundíamos glam con flan.

Qué: Disco (edita El Volcán/Ópalo Negro)

Dice Crepus que no quiere plantarse en los cuchumil años cantando Mi fábrica de baile una y otra vez. Para evitar ese destino cruel se le ha ocurrido una idea genial, que desarrolla a lo largo y ancho de Disco duro, su octava placa en solitario: generar nuevos himnos bailables, a distintas revoluciones (con mayoría de las cadencias trotonas) y hacer así un poco de sitio en el gusto de sus fieles, a los lados del mentado himno; de este modo será fácil mantener una maravillosa sintonía con ellos durante los directos. El corte Música para adultos trae, además, el videoclip más descacharrante de los últimos años; de hecho, no procede destripar aquí ninguna de sus particularidades. Véanlo ustedes, como series digitales de alma catódica que son.

¿Dónde estábamos? Ah, sí, las canciones. Bajo gordo y teclas juguetonas en la pieza de apertura, que amenaza con pinchazos (¿y estocada, quizá?) para dar paso a ese viaje alucinado en el continuo espacio-tiempo que es Pisciburger; Rosas en el mar no tiene nada que ver con Aute (ni con Autechre: es crepuscular cien por cien), y El dicho pondrá la banda sonora a una futuro biopic de Antonio Ozores ambientado en Osaka: trabalenguas petardo con gaitas midi. Además, varios temas mentan a los ojos: el vate, que se siente observado, también nos mira… como si fuera aquél abismo de Nietzsche. ¿Quién dijo que no queda nada por inventarse en el mundo de la música? Muy «sick for the masses», muy divertido por los que creen pillar la broma; lo dicho, vean el vídeo de Música para adultos…

Joe Crepúsculo Disco duro

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