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sábado 31 de octubre de 2020

Nubosidad variable

Fratta

Nubosidad variable, de Fratta, es un álbum con temas de carne y hueso, elaborados con sentimiento y alma, que aportan eso que las buenas canciones suelen dar: bosquejar una idea, arrancar un escalofrío y, en el mejor de los casos, establecer una relación de complicidad, cariño y perdurabilidad con ellas.

Qué: Disco (independiente)

Sus primeros acordes son los de una guitarra acústica. Oficio es una refinada balada de amor que celebra el azar insondable que hace que un hombre coincida amorosamente con una mujer. «Amar y madurar/ Mi oficio es ser el que te arrulle/ Cantar y decantar/ El vino, sangre de la vida», repite en un estribillo que, al final de sus cinco minutos de duración, redibuja su suave melodía en un espontáneo silbido que la retorna a su origen, a su trazo inicial. Gesto que parece marcar el tono de un álbum que se sustenta en una sobria administración de recursos, instalándose en esa idea de «menos es más».

Agradecer, su tercera pieza, una breve balada acústico-eléctrica, parece surgir del impulso indomable que hay por retribuir el compromiso que asume alguien por ser incondicional hacia otro. Una canción cuya deliberada sencillez la hace sonar cercana, familiar. En otras palabras, una acertada metáfora de la solidaria intimidad que explica a toda pareja. En ésta, Fratta canta concluyente: «Agradecer/ El vuelo de estas mariposas/ Agradecer/ La noche en que llegaste a casa».

Composiciones que nos reconectan con la pulcra factura de aquellas con las que el compositor mexicano dio inició a su carrera en el comienzo de los noventa y que han hecho tanto de Romántico desliz como de Acústico desliz –el disco que hizo justicia a Julieta Venegas, Ely Guerra y Rita Guerreo, de Santa Sabina, cuando apenas nos dejaban ver en lo que se convertirían a la postre– obras imprescindibles en el pop independiente mexicano.

Fratta Nubosidad variable

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