Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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martes 14 de julio de 2020

Guadalupe Plata

Guadalupe Plata

De unos años a esta parte han brotado en Andalucía bandas de alma micológica, alejadas de la lógica formal o científica. En otros términos: inquietan, hipnotizan, caminan felices a la deriva huyendo del sol, con la brújula rota en pedazos. El psychoblues de Guadalupe Plata abre caminos dentro de los caminos, no sigue pautas. Las ovejas, que se vayan a Nueva Zelanda.

Qué: Disco (edita Everlasting)

Hace ya mucho tiempo que el concepto de aquelarre dejó de estar vedado a los hombres. Las chicas de los conjuros y la escoba voladora nunca gustaron de los clichés, y menos aún a la hora de compartir su espacio con brujos de los buenos. Cuando Guadalupe Plata asomó el hocico por el mundo musical desde Úbeda hace ocho años, metió en el caldero un poco de guitarra twang, el trote cochinero del blues y una jeringa cargada de esa negrura que destilan las almas de los elegidos cuando caminan entre cactus y cráneos de bisontes.

Del primer disco al quinto que sale ahora (todos homónimos con el nombre del grupo, no busquen más razones que la sinrazón a la que invocan) hay un pulimiento de ciertas formas, encaminado paradójicamente a desbrozar un poco más la esencia de un sonido que obnubila los sentidos como el péndulo del doctor Tornasol; todo el invento pasa por las lentes oscuras de The Cramps, Pata Negra o el mismísimo John Lee Hooker. En el maletín de esencias les cabe de todo.

Violeta Parra estaría orgullosa del remeneo que meten a Qué he sacado con quererte, el tema incluido en Recordando a Chile (1965) que también ha rescatado este año con mimo la mexicana Natalia Lafourcade, y que sirve para honrar la memoria de la icónica artista chilena, nacida hace ahora cien años y muerta hace cincuenta.

El humor negro de Perro de vieja y Almería emparenta al trío jiennense con Pájaro o Pony Bravo; la dodecafonía preside Borracho, el brillo instrumental de Preso o Nido de avispas lo hubiera reclamado con gusto El Twanguero… vamos, que hay variedad cromática dentro de los colores terrosos. Y el directo… una barbaridad. De los que se marcan a fuego en la piel.Guadalupe Plata

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