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lunes 3 de agosto de 2020
Él Mató a un Policía Motorizado

El tesoro

Él Mató a un Policía Motorizado

Como anticipo de su próximo disco, Él Mató a un Policía Motorizado acaba de editar un EP grabado y mezclado en los estudios Sonic Ranch de Texas. Tres canciones que, sin embargo, se valen largamente por su cuenta.

Qué: EP (edita Laptra)

En medio de tantos eventos de Facebook, inauguraciones y vernissages, ya no tenemos muy claro de qué se trata un verdadero «evento cultural». Acaso dejar de procastinar y, en el preciso momento en que todo nuestros contactos lo hacen, escuchar («en soledad, todos juntos») la música nueva de Él Mató a un Policía Motorizado. En efecto: la mañana del 24 de abril, en la cúpula celeste de La Plata, el aire estaba compuesto por El tesoro.

Como señala puntillosamente la nota de prensa, el EP fue grabado y mezclado en los estudios Sonic Ranch de Texas y está conformado por una canción adelanto del próximo álbum y dos caras B. Esos datos, sin embargo, parecen migajas comparadas con el bocado suculento que se agazapa solo detrás del primer tema. Montado sobre dos acordes y una línea de bajo musculosa, Santiago Motorizado canta más suelto –más souleramente suelto– que nunca.

El quinteto avanza como un tren y, cuando finalmente alcanza el estribillo, parece abrirse como una flor en la nube tornasolada de la plegaria: «cuidarte siempre a vos en la derrota / hasta el final del final». Es más que suficiente, pero nos espera una coda final: la verdadera muestra de su crecimiento como compositores. Santiago añade un verso suelto («es la depresión cinética») y, mientras la batería fractura el ritmo y Chatrán dispara teclados, introducen un leit-motiv oriental. Es el final del final.

Como dice Martín Zariello, el escritor detrás del blog Il Corvino, «El tesoro es tan bueno que a los otros dos no los terminé de escuchar». Lo mal que hace. Postales negras es una composición matemática de Niño Elefante y Madre parece abrir una nueva línea de fuga. Es una letanía que equilibra su intensa carga emocional con una música que se limita a los teclados y programaciones. Para decirlo en términos de «crítica de rock»: como si Lennon se encontrara con un disco de Kraftwerk en un container del Barrio Jardín.

Parado frente al umbral de la historia, el quinteto escucha atentamente la pregunta que el oráculo reserva a las grandes bandas: ¿cómo hacer algo diferente sin dejar de ser el mismo grupo? Pues así.

Él Mató a un Policía Motorizado

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