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jueves 26 de noviembre de 2020
Cabezafuego

Somos droga

Cabezafuego

Lleva tres años echando chispas por el cogote, después de ser engranaje en Atom Rhumba o Half Foot Outside, entre muchos otros asientos. Íñigo Cabezafuego se anticipa a las normativas fitosanitarias y a los formularios de los aviones con el encabezamiento de este disco; cuestión de qúimica. Hay formato vinilo + comic, por cierto…

Qué: Disco (edita Color Hits/Autsaider)

Cabezafuego es un cóctel, o muchos cócteles en uno solo. Mezclemos, por ejemplo, a Shellac con Flaming Lips, azúcar morena y hojas de menta, como si de mojito se tratara el invento. Luego se llena el vaso con esencia de El Niño Gusano, la tesitura vocal y vis onírica de Marc Parrot, el desprecio por los raíles creativos de Pascal Comelade, los aguijonazos de los propios Atom Rhumba (en cuyas tripas estuvo y está Íñigo), un chispazo de Byrne, el fuego amigo de los primeros Piratas… sacudir, servir y tomar a sorbos: no es un chupito.

Cabezafuego no lo recuerda, pero estaba en el set de aquél Delicatessen de Jeunet y Caro tocando la sierra en un tejado, mientras el cielo se teñía de rubor ambarino. Un minueto millenial se ha marcado el tío; así, sin parpadear, en el que se atreve a hablar bajo el agua. En Telarañas canta «que mejoro la vida de la gente, que mi mierda huele diferente».

El descuento de los minutos basura gravita durante cinco minutos sobre un clap que perfectamente podría servir de cierre a cualquier concierto, con los ojos del público en espiral, todo lleno de globos y pistolas de agua. Caramelos 6 de julio (el chupinazo sanferminero es sagrado para un navarro) exhibe todos los matices arriba listados en menos de tres minutos.

En Visiones dice haber escupido lava por el culo y al cierre (Motorik Boogaloo) parece la banda sonora de una road movie apocalíptica, sin road, un viaje electrónico en vuelo rasante salpicado por la trompeta de Cachao, un guiño a Michael Jackson, que atrapa a medio camino la conversación entre un tipo acartonado que protesta por el ruido y su vecina cubana, que tiene armada una rumba en el piso. Pues eso: la playlist del mozo, en modo aleatorio. Y a ver qué pasa…

Cabezafuego

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