Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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martes 1 de diciembre de 2020
Foto: Estibaliz Hernández de Miguel

Esperanza

Ricardo Lezón

Nunca es tarde para abrirse camino más allá de la banda principal. Y si el resultado conlleva tal caudal de sensaciones como el amasado por Ricardo Lezón en el flamante Esperanza, la respuesta no puede ser otra que un sentido «gracias».

Qué: Disco (edita Subterfuge)

La primera pregunta que despierta escuchar el debut en solitario de Ricardo Lezón, de McEnroe, es por qué ha esperado tanto a atreverse a bifurcar su trayectoria en primera persona. Pasar del «nosotros» al «yo» ha sido como abrir las ventanas hacia horizontes preñados de aromas folk, pero también hacia voces familiares, como la de Jimena Lezón, quien siembra de neutra dulzura vocal cortes como Arena y romero y Lobos.

Dichos temas son dos de las atalayas desde los que esta obra se hace fuerte, mucho. Entre títulos tan representativos como Chet Baker y Primavera en Praga, la poesía mágica de Lezón sortea los lugares comunes para centellear como una estrella de belleza cristalina pero irredenta.

Pop cocinado a fuego lento, no muy lejano al pulso slowcore de su banda nodriza, el pausado tono acústico es el río sobre el navega un crisol de imágenes que hacen el tobogán hacia la retina. Y que se pegan como ese «baile de ballenas» que recorre La paz salvaje, uno de los nueve refugios aquí dispuestos para hacer una hoguera con los recuerdos que nos queman por dentro. De las cenizas, es de donde surgen maravillosas victorias pírricas como El momento, el timón de esta música esculpida para perdurar.

Ricardo Lezón Esperanza

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