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miércoles 1 de abril de 2020
Samanta Schweblin

La respiración cavernaria

Samanta Schweblin / Ilustraciones: Duna Rolando

La editorial Páginas de Espuma lanza una nueva colección llamada Voces/Literatura con una bellísima edición de La respiración cavernaria, un cuento memorable de la argentina Samanta Schweblin, ilustrado por Duna Rolando.

Qué: Libro (edita Páginas de Espuma)

En 2015 se publicó Siete casas vacías, el último libro de Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978). Dentro de aquel volumen de cuentos había uno que pedía protagonismo. Era el más largo de todos, casi una novela corta; un relato maravilloso sobre el peso de la pérdida y de la desesperanza. Ese cuento es La respiración cavernaria, publicado ahora en soledad por Páginas de Espuma, sumando las hermosas ilustraciones de Duna Rolando (Buenos Aires, 1964).

La protagonista del cuento es Lola, una anciana que pasa sus días llenando cajas vacías y chequeando la lista que guarda consigo. Un ciclo que se repite: como su olvido. Su senilidad va creciendo y la muerte se alarga. La fuga del tiempo se detiene para ella y la espera se hace insostenible, se tensa. Lola se obsesiona con la muerte, la quiere ya, pero esta le es esquiva.

Los yogures por caducar ocupan lugar en la nevera, las cajas llenas de pasado ocupan lugar en el garaje, su espacio la oprime y Lola intenta controlar su respiración para no asfixiarse. A su alrededor todo se deforma. La demencia se apodera completamente de ella, del espacio y hasta del narrador que avanza a oscuras. Y en esa confusión el lector espera que Lola (incluso más que ella) pueda cumplir con su plan.

En Schweblin lo fantástico está en lo cotidiano, pone la lupa en la oscuridad de la realidad, la observa de cerca y, desde la extrañeza de su mirada, ve lo anormal dentro de lo normal. Enrique Vila-Matas escribe en Mac y su contratiempo que Schweblin logra que las cosas que se cuentan en sus relatos sucedan en el lector. Y da en el clavo. Uno termina de leer La respiración cavernaria y queda debilitado, angustiado, como escuchando el ritmo de la respiración que golpea desde el cuerpo.

Las ilustraciones de Duna Rolando, en las que predomina el azul, aportan una nueva dimensión al cuento, son un modo de lectura cuidadoso que descubre los detalles. Contrariamente a lo que suele suceder cuando el lenguaje se hace visual, los dibujos al óleo de Rolando no limitan la historia, la expanden. Ahí están para comprobarlo el rostro y las manos de Lola, la casa desecha o ese garaje repleto de cajas apiladas.
El resultado es un libro que embellece cualquier biblioteca.

Samanta Schweblin La respiración cavernaria

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