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domingo 5 de abril de 2020
Hernán Vanoli Pyongyang

Pyongyang

Hernán Vanoli

Con Pyongyang, el argentino Hernán Vanoli despliega en cuatro cuentos largos un mapa de mundos asfixiados por el control y la tecnología. Una radiografía de época precisa que transparenta la obsesión omnipresente por que las cosas estén siempre en su lugar.

Qué: Libro (edita Random House)

Hernán Vanoli es un explorador: camina por las membranas que pretenden separar los géneros literarios y encuentra en ellas los poros precisos para cruzar de uno a otro. En Pyongyang, su nuevo libro, explora las posibilidades de estos pasajes en cuatro cuentos largos, donde retrata mundos en los que la tecnología, la política y –sobre todo– el control tensionan la vida.

El primer cuento, Ursus americanus kernodei, relata el extraño viaje de carpooling que comparten dos hombres y una chica que ve por todos lados osos kermodes imaginarios. A Ursus… le sigue Los sintonizadores: un cuento donde una mujer busca quedar embarazada de una pareja estéril que, por indicaciones de un grupo de fertilización sectario, se cubre de cascabelitos y elásticos casi BDSM para hacer el amor.

En El comando central, el cuarto cuento, un centro de trolls de Internet trabaja con intensidad para que un candidato a Jefe de Gobierno porteño gane las elecciones. En todos hay algo que debe ser controlado: los animales interiores, la natalidad, la opinión pública. Pero, si los cuentos pintan cuadros de sensato control social, a la vez orquestan un movimiento contrario: el crujido escandaloso del control quebrándose, de las estructuras fallando y derrumbándose.

En Pyongyang, el tercer cuento de la antología, las cintas de correr se rebelan contra la humanidad: luego de una meticulosa etapa de envío de información a la Fuente –un espacio virtual donde todos los datos se codifican y almacenan (en otras palabras, Internet)–, las máquinas aprenden lo necesario para revolucionarse. Es en este cuento donde la lucidez de Vanoli alcanza dimensiones proféticas: que las máquinas revolucionarias sean cintas de correr –las mismas  máquinas cotidianas a las que la humanidad se esclaviza voluntariamente para modelar sus cuerpos– propone que el germen que terminará por destruir nuestro sistema está incubándose en su mismo corazón.

La cultura del fitness, del self-made man que toma las riendas de su vida y su cuerpo y se mira en el espejo mientras ejercita, va a terminar por colapsar; y, en su colapso, en medio de los escombros de las ficciones en las que creíamos, no va a quedar otra que mirarnos a las caras gordas y grasosas, acomunarnos y luchar por sobrevivir.

Pyongyang es una radiografía de época precisa, que transparenta la obsesión omnipresente por que las cosas estén siempre en su lugar; pero, también, en el medio de la placa, enterrado entre los huesos y los órganos, muestra al tumor secreto del caos, que espera agazapado la fiesta de la metástasis.

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Hernán Vanoli Pyongyang

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