Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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miércoles 23 de septiembre de 2020
Foto: Pablo Zamora

Fuego

La Bien Querida

Echa el lazo, y estás perdido. A veces ni lo ves venir, porque no sisea en el aire, y tampoco amarra con fuerza a la presa, pero el lazo es irrompible. Las canciones de La Bien Querida no necesitan de mucho barroquismo para pegarse a la piel.

Qué: Disco (Elefant)

La Bien Querida nació porque a Ana, pintora, le echaron un guante. Fue J, de Los Planetas, el que le animó a perseguir sueños musicales. Años y discos y escenarios después, con la pintora discretamente situada al lado de la compositora, J vuelve a asomar junto a ella para rumbear un poco (Muchachito se apunta a la fiesta) en el nuevo disco de Ana, que también tiene un guiño reggaetonero a medias con Joan Miquel Oliver (tomémoslo como divertimento: probablemente es el impulso que le llevó a facturarlo) y regala al oído devoto temazos de su cuerda como Dinamita, Si me quieres a mí o la excelsa La pieza que falta, en la que cuenta con la complicidad de La Estrella de David: los manierismos de Vince Clarke o Le Mans se entremezclan ahí con pasmosa naturalidad en una de las mejores canciones que ha hecho nunca Ana.

Y es que estamos ante una creadora de seis velocidades; minimalismo concatenado que fluye junto a ramalazos de brillo que obnubilan, cantar desvaído en contrapunto a una secuencia nerviosa, violines que hacen bailar a ninfas y trasgos; todo trufado de frases como martillazos envueltos en seda, como «Eres un incendio forestal», o «Quiero que veas lo que veo, que creas lo que creo y entiendas que lo veo posible». Ana reflexiona sobre la mala costumbre de buscar el amor en los sitios equivocados mientras, entre líneas, reivindica el amour fou. Sin estridencias, por supuesto.

La Bien Querida Fuego

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