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martes 25 de febrero de 2020
José Ignacio Lapido

El alma dormida

José Ignacio Lapido

Incapaz de contentarse con el reciclaje de su pasado, José Ignacio Lapido se afirma en la negación de la nostalgia. El alma dormida, flamante trabajo del cerebro de 091 está a la altura de sus primeros discos en solitario.

Qué: Disco (Pentatonia/Popstock)

Hay algo que llama la atención en El alma dormida a las primeras de cambio: el reciente reencuentro de Lapido con 091 nos lo ha devuelto con su trabajo en solitario más apegado al típico acervo granadino de la banda por la que siempre será reconocido.

Incluso en los cortes más acústicos, como La versión oficial, el resplandor de aquellos años se hace presente. No es el caso de Mañana quién sabe, donde el ritmo ceremonioso con deje soft-rock remarca la naturaleza incómoda de un artista que en los 80 alumbró las características de lo que se puede denominar como «rock granadino». Una expresión eléctrica de poesía incontenible para la que, en esta ocasión, el peso acústico de un piano central abre renovados perfiles expresivos a una materia sónica indeleble al paso del tiempo: de un arraigo tan profundo a su propia esencia que, a veces, parece un milagro cómo Lapido es capaz de retorcerse dentro de su fondo de armario para poder ofrecer una nueva colección de melodías nacidas para engrosar un cada vez más voluminoso botín de canciones de poderoso eco popular.

Quizá sea por su poesía de inconfundible brillo en cinemascope o su facilidad para seguir enhebrando estribillos inolvidables como en No hay prisa por llegar. O porque como Lapido no hay otro, así de sencillo. Y el que piense lo contrario, que recurra a este nuevo clásico contemporáneo de un músico de apariencia sencilla y fondo inabarcable.

José Ignacio Lapido El alma dormida

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