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viernes 21 de febrero de 2020
Más o menos bien

Más o menos bien

Nicolás Igarzábal

Una tragedia marcó un antes y un después en la historia del rock argentino. A partir de allí, un cúmulo de bandas, con epicentros en La Plata y Buenos Aires, aportaron sonidos renovadores desde la autogestión. Más o menos bien. El indie argentino en el rock post Cromañón (2004-2017), de Nicolás Igarzábal, cuenta su historia.

Qué: Libro (edita Gourmet Musical)

«El Siglo XXI es testigo de una explosión artística sin precedentes. En la última década y media, nuevas bandas y solistas han surgido continuamente a lo largo y ancho de Argentina, en lo que sin duda es una nueva Era de Oro para nuestro rock», afirma Alfredo Rosso, leyenda del periodismo musical, en el prólogo de Más o menos bien. El indie argentino en el rock post Cromañón (2004-2017), editado por la imprescindible editorial Gourmet Musical.

El 30 de diciembre de 2004 ocurrió la mayor tragedia del rock argentino: el incendio de la sala República Cromañón durante un concierto de la banda Callejeros. El resultado: 194 muertos. Desde entonces, todo estalló por los aires: los lugares para tocar se redujeron, producto de mayores restricciones y el denominado «Rock barrial» comenzó a desvanecerse.

Las lógicas de producción/circulación/consumo musical mutaron. Al mismo tiempo, jóvenes disconformes con lo que escuchaban en las radios y movilizados por la pasión hacia la música se hicieron escuchar entre el ruido. Bajo la etiqueta de «Indie Argentino», el periodista Nicolás Igarzábal (1985) traza un recorrido entre 2004 y 2017 de las principales idas y venidas de los hacedores de esta nueva «Era de Oro», comparable quizás con la escena under de los ochenta o el denominado «Rock sónico» los noventa.

Dos personajes cobran relevancia: Maxi Prietto y Santiago Barrionuevo. El primero, notable guitarrista, compositor y peculiar cantante que se destacó en su dúo con Mariano Castro llamado Prietto viaja al Cosmos con Mariano y alcanzó la masividad en el ensamble de psycho-blues incendiario llamado Los Espíritus. El segundo, cantante y bajista de El Mató a un Policía Motorizado, banda que fue la punta de lanza de este movimiento. Junto a ellos, también se destacan El Perrodiablo, Valentín y los Volcanes, Viva Elástico, Los Reyes del Falsete, Bestia Bebé, Las Ligas Menores, La Patrulla Espacial, Sr. Tomate, de las escenas platense y porteña; y Atrás Hay Truenos (Neuquén) y Mi Amigo Invencible (Mendoza) como referentes de las provincias.

Así, el libro funciona como un mapa. Es un recorrido posible por los principales exponentes del rock emergente argentino escrito al calor de los hechos. Su prosa no es sociológica o ensayística sino, más bien, periodística; hay predominio de la pregunta o la exposición mediante datos, testimonios, anécdotas y análisis de discos clave. Se aprecian, también, los vaivenes que acompañaron a la música independiente, en tiempos de atomización en los públicos y fragmentación de consumos culturales.

La obra funciona para comprender la importancia de la autogestión, con el sello Laptra como referente, cuando ya no era imprescindible firmar un contrato con una multinacional para grabar un disco, los festivales autogestivos eran una realidad (FestiPulenta), las grabaciones caseras en formato lo fi eran valoradas y el boca en boca (antes dependiente de carteles y anuncios) comenzaba a ser virtual, con el aporte de redes sociales y plataformas como Bandcamp.

Un espíritu de camaradería y apoyo entre los músicos se evidencia en esta nueva etapa. Así lo explica el Doma, cantante de El Perrodiablo: «Más allá de lo generacional, lo que nos vinculó a todas las bandas del indie era el haber padecido las dificultades del post Cromañón y tocar con cincuenta mil limitaciones (…). Aprendimos a la fuerza y ese contexto nos unió. Se fue generando una movida que hizo que entre las bandas nos pudiéramos juntar y entender que había que tirar para el mismo lado».

La etiqueta de «Indie Argentino», utilizada para describir esta parte del rock post Cromañón, no está exenta a cuestionamientos o discrepancias. En el libro Gestionar, mezclar, habitar: claves en los emprendimientos musicales contemporáneos (EPC Ediciones, 2016), Ornella Boix afirma que el indie «dejó de ser una abreviatura (de independiente) y de referir a unas específicas, aunque heterogéneas, circunstancias de producción para pasar a denominar a un género musical».

Este género estaría más ligado al indie-college norteamericano: bandas como Yo La Tengo, Guided By Voices, R.E.M y Pavement, predilectas entre la mayoría de los músicos mencionados en Más o menos bien que no eran muy populares en la Argentina, no sonaban en las radios cuando ellos eran adolescentes y los cautivaron. Sin embargo, lo variopinto de la escena independiente hace converger a bandas de noise rock o pop, como Las Ligas Menores, con bandas bluseras y de rock garage como Las Armas Bs.As o Las Diferencias. El término «indie» oscila entre un modo de producción, ligado a la autogestión, una estética y un sonido particular.

De esta manera, varias preguntas sobrevuelan luego de la lectura de este libro. El lugar de las mujeres es menor en relación a los hombres, un dato digno de destacar en tiempos de reivindicaciones feministas y de una mayor conciencia social en torno a la igualdad de género. Los hombres fueron y son, al parecer, mayoría en esta nueva escena, salvo por destacadas excepciones: Rosario Bléfari (ex cantante de Suárez, madrina histórica del rock alternativo) es citada como referente fundamental de la nueva camada de grupos y se describe lo hecho en Sue Mon Mont, banda que formó junto a músicos jóvenes.

Riel, Las Ligas Menores y Los Rusos Hijos de Puta son otras bandas que incluyen mujeres que destaca el libro. Vale la pena preguntarse por el cupo femenino del rock, género que históricamente tuvo altas dosis de machismo. En el mismo sentido, la obra comenta casos de denuncias en torno a abusos sexuales en el rock (menciona el caso de Miguel del Pópolo, cantante de La Ola Que Quería Ser Chau y Cristian Aldana, cantante de El Otro Yo, actualmente en prisión preventiva).

Teniendo en cuenta que, lamentablemente, las denuncias continúan (recientemente acusaron a miembros de la banda Pez, al baterista de El Mató y al cantante de El Perrodiablo) otro interrogante que resuena es de la violencia machista y el abuso en el ámbito rockero. También se percibe una cierta desatención hacia la escena de los cantautores: músicos como Coiffeur, Gabo Ferro, Pablo Dacal o Flopa quienes, guitarra al hombro, prefirieron presentar sus canciones despojadas y acústicas en pequeños bares o centros culturales, transformando la carencia de lugares para tocar bajo formatos eléctricos en una virtud creativa. Sobre este aspecto indagó Martín Graziano en su libro Cancionistas del Río de la Plata, Después del rock: una música popular para el Siglo XXI, editado también por Gourmet Musical en 2011.

En el epílogo, Igarzábal se pregunta: «¿Cómo será esa nueva generación que reniegue de El Mató y Los Espíritus? ¿Cuándo aparecerá una nueva camada que venga a discutirles de igual a igual, y a “destronarlos”, alegando que ya no hay nadie con quienes se identifiquen?». Recientemente, solistas como Luca Bocci y Louta o bandas como Perras On The Beach parecerían estar dispuestos a hacerse cargo de estos dilemas. La «Era de Oro», como la bautizó Alfredo Rosso, aún tiene mucho por decir. Como supo cantar Litto Nebbia, uno de los padres fundadores del rock en español: «quien quiera oír, que oiga».

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