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martes 19 de marzo de 2019
Foto: Marcela Abal

La espuma de las horas

Martín Rivero

El uruguayo Martín Rivero administra una sola identidad pero se ha movido en proyectos sonoros diversos: frontman de los garageros Astroboy, guitarra y voz de la banda indie pop Atlas y cantante del colectivo electrónico Campo. La poética de sus canciones guarda una fina línea común que bordea la melancolía. Así lo muestra en La espuma de las horas, su segundo disco como solista.

Qué: Disco (Bizarro)

Tenía ganas de hacer una canción enérgica, que lo sacudiera un poco de cierto hastío. Lo hizo. El uruguayo Martín Rivero estaba viviendo en Shanghai y escuchó mil veces la maqueta de Faro. El loop bien acelerado que le imprime a la canción un aire a Joy Division y hace buen contrapunto de una melancólica melodía pop, lo dejó hipnotizado. Repeat. Repeat. Repeat. Ese tipo de speed era lo que estaba buscando.

Unos años después, Faro es la canción insignia de La espuma de las horas, el segundo disco en solitario del bad boy que junto con sus amigos de Astroboy pateó el tablero del rock populista montevideano, hace quince años, con una fuerte dosis de garage pop incendiario: fueron dos discos y medio inolvidables que conectan directo con esta canción que da vértigo y que no se gasta de tantas oídas. (Se recomienda acompañar la escucha de Faro con los visuales en Super 8 de su amigo Uzi Sabah en el clip que está disponible en Youtube).

Las canciones de Rivero tienen algo, un no sé qué, y no importa que la banda que esté sonando atrás sean los Astros, el indie pop de los Atlas o las bases electrotropicales de Campo. Eso sí, cuando concentra energías para sacar un disco en solitario le sale poesía en estado puro. No debe olvidarse que Rivero es el autor de Estas cosas no son mías, un disco hecho de las cenizas de Astroboy, pura lisergia electrofolk que sintoniza con aquellas grandes obras de los 90 del argentino Daniel Melero, como Travesti y Vaquero.

En este 2018 que se termina, es el turno de La espuma de las horas, un cancionero más abierto, en el que prueba trabajar con diferentes productores, tal vez para demostrarse a sí mismo que sus canciones tienen una identidad irrompible. Faro, de hecho, tiene la mano del argentino Mariano Esaín. También Dragones, otro punto altísimo del cancionero. La luz épica de Infinita, mientras tanto, sale del diálogo con Guille Berta. Y hay otros viajes que llevan la marca de otros amigos musicales: Ino Guridi y Luis Angelero.

En pocas palabras: un disco elegante y de sugerente poesía. Muy recomendable. Una frase: «No canto sobre bares, ni sobre las calles de mi ciudad, ni sobre política, ni nada que tenga que ver con cosas mundanas. Para eso ya está la cotidianidad misma. Mis canciones son un escape, una fantasía. Ahora estamos en un momento de mucha verborragia política y de decir muchas cosas… Y yo siento que no tengo nada para decir, más bien propongo escuchar».

Martín Rivero La espuma de las horas

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