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miércoles 22 de mayo de 2019
McEnroe

La distancia

McEnroe

Las modas cambian, los hypes mutan a velocidad de crucero, pero McEnroe sigue nadando en círculos alrededor de su isla. Los beneficios de la creencia en su trabajo se puede dictaminar en este nuevo álbum, sin desperdicio.

Qué: Disco (Subterfuge)

Hay algo que queda corroborado desde que suena Seré tú, la primera canción del flamante La distancia: la obsesión de McEnroe siempre ha sido la canción de amor. Una siempre abrazada desde la pérdida, o esa distancia de la realidad oscurecida. Así es más que nunca en este álbum, un trabajo compuesto por nueve postales invernales desde un corazón otoñal. Para realzar esta sensación, en la mayoría de estas canciones las melodías orbitan a lo largo de un piano esqueleto, sobre el que emergen cepos para la tristeza como La distancia del lobo. No es así en La gran belleza, donde resuenan los ecos del funk norteño, melancólico, patentado por los Smiths.

El resto del disco avanza a través de profundidad slowcore, paralelismos con Migala y un pop de alcoba, ornamentado por ráfagas sinte profundamente expresivas y la mesura de quien sabe extraer oro puro del gesto. Esa mínima inflexión vocal que agrieta las defensas contra la emoción. En este último caso, no hay mejor ejemplo que Luz de gas, una de las tantas razones por las cuales este LP reluce como la demostración de una realidad: McEnroe ha crecido disco a disco, canción a canción, a través de un repertorio que, definitivamente, debería auparle como una de las apuestas más solventes para todo el que no tema un envite sanador con los abismos del dolor.

McEnroe La distancia

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