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martes 10 de diciembre de 2019
Edson Velandia

Montañero

Edson Velandia

Una década después de su debut y habiéndose convertido en uno de los referentes indiscutidos de la música popular y alternativa en Colombia, Edson Velandia vuelve sobre los terrenos de la música para niños con un nuevo libro disco.

Qué: Disco (Cinechichera)

En 2007, Edson Velandia editó dos discos que anunciaban el arribo de un artista mayúsculo para la música popular colombiana, de esos que parten aguas: Once rasqas, el delirante debut de su banda Velandia y la Tigra, y Sócrates, una preciosa colección de rondas infantiles y canciones para niños. En el meridiano de ese álbum, Edson canta una nana llamada La montaña que reza: «La montaña por donde cae el sol / Camino que lleva al río / La leña que llama al fuego / Canción que espanta la tempestad (…) Duerme niña, que yo te nombro el paisaje»; una década más tarde, habiendo forjado una obra capital que se sostiene en más de diez discos editados, un cancionero, bandas de sonido para diferentes películas y obras para orquesta y escénicas dirigidas por él mismo, el universo infantil vuelve a aparecer imponente en su trabajo.

Montañero, su nuevo álbum de canciones para niños, conecta con el espíritu de Sócrates y también refleja el paso del tiempo; a excepción de La montaña, en el primero florecen los coros infantiles en canciones de carácter pedagógico, si se quiere; en cambio, este último rezuma ambiente familiar gracias al desparpajo de la grabación en los estudios Cinechichera en Piedecuesta, lugar de residencia de Velandia –en el nororiente colombiano– y la presencia de Adriana Lizcano, su compañera, en voces y coros, y la de su hijo, Luciano Awa, también en voces y coros y a cargo de los dibujos y las ilustraciones del libro que complementan las canciones fantásticas de un disco apegado a la tierra, o mejor, a la montaña.

Montañero – Videoclip

Mientras tonadas como Las palomas, Los ratones y El chulito apelan al imaginario genuino de los pequeños y su vínculo con los animales para plantear asuntos sociales y ecológicos urgentes, El elefante denuncia corrupción en el pueblo a través de una alegoría: «el elefante blanco» es una enorme edificación en Piedecuesta destinada a ser una biblioteca pública que, hasta hace poco, se encontraba subutilizada y a la que Velandia, compañía y la comunidad le encontraron utilidad y una canción: «Pero ¿Cómo va a ser un elefante? / ¿Quién compró este elefante? / Esto está muy raro / No es mi imaginación».

En esferas menos complejas, a los más chicos, Velandia les canta y celebra las posibilidades que brinda el arte de los títeres en Manos arriba, la opción del disenso en No me gus y también rescata rondas tradicionales como Aserrín aserrán; mientras que a los no tan chicos les plantea dilemas considerables frente a la figura materna en La bruja y La tetica.

Entre la docena de canciones y dos intermedios, sobresalen tres: un precioso vallenato que tiene por nombre La serenauta, con el firmamento como telón de fondo; una nana dedicada al niño Emilio Méndez, sobreviviente de la avalancha que acabó con el municipio de Armero en 1985, compuesta por Edson para el documental El valle sin sombras, del director Rubén Mendoza; y por último, Montañero, en donde Velandia vuelve a sacar frutos de un territorio fértil para él: el de la autodescripción.

El cantautor que en otras canciones se ha presentado como burro, karateka, caníbal o «siete manes», esta vez, y con versos incontestables como: «Voy por la trocha, llevo guitarra / No se me agotan los repertorios» o «Si me revisan la calidad / les garantizo la resistencia», se asume con naturalidad como hombre de la montaña: «Vengo del monte, soy montañero», aunque quizás se trate, en palabras del maestro Álvaro Serrano –recientemente fallecido–, de un alquimista.

Edson Velandia Montañero

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