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jueves 17 de octubre de 2019
Lorena Álvarez
Foto: Adrián Nieto Maesso

Colección de canciones sencillas

Lorena Álvarez

Ya nos tardaba el retorno de Lorena Álvarez en solitario. Tras colaboraciones tan jugosas como la de Soleá Morente, la asturiana refrenda en Colección de canciones sencillas las magnificas sensaciones que ya habían generado delicias como Anónimo, su álbum de 2012.

Qué: Disco (El Segell)

Un título como Colección de canciones sencillas no deja de ser tan ilustrativo de la forma de sus cortes como engañoso en cuanto a las verdaderas ambiciones del álbum al que pone bautizo. Porque, no nos engañemos: que a primera vista no haya un filtrado de pretensiones, no quiere decir que la materia abordada no cabalgue a lomos de inspiración desbordante.

Desde el recogimiento del folk de chimenea, Lorena Álvarez se mece en la forma mínima de una acústica mínima, aunque siempre rodeada por una juguetería de detalles, voces dobladas, susurros y adornos, como en el festín que se pega en la excelsa La nube, donde recuerda a una versión íbera de los Gorky’s Zygotic Mynci de finales de los noventa.

Como si hubiera labrado una conexión imposible entre Kimya Dawson y estos últimos, Lorena Álvarez nos adentra en animalarios mágicos como los de Envidia, pero también a la canción de barricada contra la violencia de género, tal como en Si tu eres mi hombre. Entre estos dos extremos, la introspección folk siembra un guión perfectamente equilibrado entre interior y exterior. Los sentimientos más profundos, trufados de costumbrismo mágico, como en La huerta de mi padre, otra de las grandes canciones de este trabajo, y donde un piano vainiquero subraya la riqueza de detalles abrigados para ornamentar tan fascinante colección de temas naturalistas, feministas, y siempre mágicos.

Lorena Álvarez Colección de canciones sencillas

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