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jueves 17 de octubre de 2019
Ariana Harwicz
Foto: Hugo Passarello

Degenerado

Ariana Harwicz

La escritora argentina Ariana Harwicz publica Degenerado, una novela desgarradora que da voz a un discurso oscuro, silenciado, que incomoda a la vez que atrapa. En ella, el narrador es un hombre. Y algo más, ese hombre es un pedófilo y un asesino.

Qué: Libro (edita Anagrama)

Cuatro años después de Precoz, la última novela de su trilogía materno-filial, la escritora argentina Ariana Harwicz publica Degenerado, una nouvelle que mantiene su prosa característica, entre poética y atroz, y que, aunque lateralmente, también habla de la relación madre-hijo –todos tenemos un origen. ¿En qué difiere? En que el narrador, por primera vez en la autora, es un hombre. Y algo más, ese hombre es un pedófilo y un asesino.

El argumento: un inmigrante judío, ya entrado en años, vive apaciblemente en una zona rural francesa hasta que un buen día gendarmería se presenta en su casa para detenerlo, acusado de haber violado y matado a una niña, nada más y nada menos. La noticia da lugar al juicio legal a la persona, al monstruo, que lleva a cabo un tribunal; y al juicio social, el moral, que llevan a cabo sus vecinos indignados. Y el monstruo, atrapado, en lugar de quedarse callado, elige hablar, y con su palabra ataca.

Hay una elección audaz de la autora al dar voz a un pedófilo, porque uno, mientras lee ese soliloquio enardecido, no puede olvidarse que está leyendo el discurso de un pedófilo, alguien que comete quizá el crimen más aberrante que exista. Aquí el gran logro de la autora: que esa voz no repela, o mejor, que repela, que angustie, pero a la vez absorba al lector. Harwicz logra que ese discurso atrape, que ante lo tenebroso que se narra, el lector no se tape los ojos ni los oídos, sino que necesite escuchar qué es lo que tiene para decir ese hombre trastornado.

En sus anteriores novelas la autora se caracterizó por trabajar con personajes femeninos (la madre violenta, la hija perturbada), y, en el caso de los hombres, mostrarlos como figuras fuertes pero ausentes, que oprimían desde afuera. En Degenerado esto cambia, aquí el hombre tiene cuerpo, tiene voz y voto. Es como si Harwicz quisiera excavar del otro lado hasta ensuciarse las manos, remover el barro.

«La mente es como un trineo inmundo que nos arrastra por malos caminos dejando huellas para que nos atrapen», empieza diciendo el protagonista. Y esa frase funciona como preludio de lo que vendrá, porque la suya es una defensa que lastima los cimientos de su tiempo. El acusado va más allá, lleva la amoralidad al extremo poniendo al deseo por sobre la ley (¿cómo puede legislarse el deseo?, se pregunta). Es una persona que transgrede a conciencia, para demostrar que la ley no puede ser omnipresente. Degenerado es un libro imprescindible que incomoda y atrapa con la misma fuerza.

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Ariana Harwicz Degenerado

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