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Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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martes 22 de octubre de 2019

La mofa de los concursos de talentos cobra matices bizarros en las manos de Nacho Vigalondo, para regocijo de sus muchos incondicionales. Ariadna Paniagua y demás Punsetes se prestan a la experiencia con esa alegría tan suya, que va por dentro. Y con amigos, como decía La bola de cristal, todo es mejor.

Qué: Videoclip

Los dardos a los programas de talentos han dejado de tener sentido. El mísero credo que lo vertebra es el mismo de siempre, además, amplificado por la variedad de plataformas popularizadas en la última década. Ya eran un juguete en manos de los ricos y cresos hace sesenta años, y lo siguen siendo ahora, con sus cláusulas leoninas para ganadores y aspirantes, sometidos a la tradicional venta del alma por un plato de lentejas que solamente para algunos acaba siendo caviar; el precio de ese caviar, empero, es aún más caro que el del mercado negro.

Los Punsetes

Los Punsetes se pusieron a las órdenes de Nacho Vigalondo para recrear en toda su cutrez el modelo talent, empezando por el nombre elegido para el programa, Revelación timo. La elección de los talentos también lleva su carga marciana: por ahí desfilan especialistas en comerse unos callos, estirar un diente como si fuera de goma, fracasar en la ventriloquía por el hieratismo –¿guiño a la Punseta Mayor?– de la marioneta…

La Bien Querida, por cierto, es una de esas aspirantes a la gloria, y naturalmente recibe el rechazo del jurado. El acabose llega con el showman Pedro Ruiz, omnipresente en la televisión española a principios de los 80, que aquí ejerce de mago. Por aquello de no reventar el final, en el que participan eminencias de la crítica musical española, es mejor no especificar el tipo de sorpresa que preparó Vigalondo, pero haberla, hayla.

Y la meiga jefa Ariadna Paniagua, que sigue atrayendo todas las miradas, comparte primeros y medios planos con el resto de la banda a la hora de magnificar el espíritu salchichero del sarao en el que andan metidos. Veredicto: resolución airosa de una parodia manida, para gloria de la Troma, Ed Wood y Jess Franco.

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