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martes 12 de noviembre de 2019
Chúpame El Dedo

No te metas con Satán

Chúpame El Dedo

El segundo álbum de Chúpame El Dedo, la banda más extravagante de la movida tropical de Bogotá, baila sobre las aguas espesas del metal más extremo en compañía del maligno.

Qué: Disco (Independiente)

En las profundidades más recónditas y fantásticas de ese universo sonoro que eclosionara hace veinte años a los pies de los cerros tutelares de Bogotá por obra y gracia del Ensamble Polifónico Vallenato –una suerte de criatura policéfala poderosamente inquieta y creadora–, habita Chúpame El Dedo, prole descabellada y delirante concebida por dos de las cabezas de la criatura madre: Éblis Álvarez y Pedro Ojeda, responsables también de otras creaciones exóticas como Meridian Brothers, Romperayo y Los Pirañas, y de la gestación de un sonido genuino que la crítica ha denominado en ocasiones «canibalismo tropical» o «tropicalia bogotana».

Engendrado en 2013 como un experimento por cuenta de una comisión para la Casa de las Culturas del Mundo en Berlín, Chúpame El Dedo sustrajo las obviedades propias del metal más extremo y el grindcore y las potenció al cruzarlas con los ritmos tropicales duros que salen de la cumbia, la salsa o la champeta. Del ensayo devino un debut discográfico homónimo exuberante en máquinas de ritmo estridentes, timbales amotinados, voces rechinantes y unas letras desquiciadas que invertían la solemnidad oscura y trágica de los sonidos extremos.

Tres años después, lo que parecía una broma delirante se reafirma en un segundo álbum que tampoco se guarda nada. No te metas con Satán, grabado en los estudios Isaac Newton, de Álvarez, en la ciudad de Bogotá, acomoda y refuerza cada elemento sonoro de Chúpame El Dedo para, desde el ritmo, liberar un entramado narrativo tan absurdo como divertido con el antagonista de Cristo el personaje principal.

Así, en ocho canciones con títulos sugerentes como el que bautiza el álbum, Alexandra Candelaria, Mi ancestro berraco, Amo a mi familia, Peos, Me duele o Bolillo cafre hijueputa, afloran rituales urbanos de adoración a la comida chatarra, odas a la pérdida de la virginidad masculina, retos sexuales entre Satán y Alexandra Candelaria.

Entre tanta aventura desquiciada sobresale una suculenta versión del clásico tropical Cumbanchero, original del puertorriqueño Rafael Hernández Marín, y popularizada, entre otros, por «El bárbaro del acordeón» Aníbal Velásquez, tan sólo que Álvarez y Ojeda la adaptan al imaginario de Chúpame El Dedo y la rebautizan como Metalero con el festival Rock al Parque como telón de fondo.

La portada del disco, ilustrada por el habitual Mateo Rivano, termina de redondear un álbum conceptual con criaturas fantásticas del mal, propias de la estética del black metal, que cortejan a dos monjes en cogullas coloridas listos para poner a bailar al mismo infierno.

Chúpame El Dedo No te metas con Satán

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