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martes 1 de diciembre de 2020

Días raros

Melenas

Con su nuevo álbum, Melenas se confirma como mucho más que un hype de temporada. Y es que todos los que le contemplaban como un grupo más de las hornadas garage-pop no tienen más que adentrarse en el deslumbrante carrusel estilístico de Días raros.

Qué: Disco (Elsa Records/Snap! Clap! Club)

Pues sí, tras haberse lanzado a la piscina con su refrescante debut homónimo de hace tres años, Oihana, Lauri, María y Leire y han conseguido superar todas las expectativas mediante un trabajo que queda definido desde la sensación brumosa de Primer tiempo, primero single, cimentado a través de unos teclados que parecen la versión kosmische de The Chills. De hecho, el efecto dunedin sound se prolonga en No puedo despertar y al resto de un cancionero donde no sobra ni un gramo de metraje.

Las de Pamplona han sabido mantener su habilidad para trenzar estribillos dignos de las mejor versión de Heavenly y las hornadas más inspiradas del C86, pero ahora aderezada con un mayor peso de los teclados, ya sea por vía psicodélica, tal que en Despertar, como en el tono elegíaco de la planetaria El tiempo ha pasado. Incluso en Los alemanes se atreven con dinámicas kraut cercanas a Stereolab.

Da igual donde echemos el ojo, el hilo de inspiración rebosa vigor e inquietud por verse reflejadas en las más diferentes formas, pero sin perder jamás el oremus de su liturgia pop. De tales intenciones, conscientes o no, Melenas es capaz de mirar de tú a tú a The Go-Betweens en Ciencia ficción, para luego sacarse de la manga cuatro minutos de pura hipnosis Donosti pop como En Madrid. Si, aun por encima, las chicas son capaces de cerrar entre caricias al oído como la emotiva Vals, ¿qué más se puede decir? Dos palabras: clásico instantáneo.

Melenas Días raros

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