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sábado 2 de julio de 2022

La voz en contra

Laura Sam y Juan Escribano

A veces el recitado del sur no necesita música, porque la canción está en las palabras. Con Laura Sam y Juan Escribano hay corazón animado por una caja de ritmos analógica, le llaman spoken word o rock recitado, pero La voz en contra pide, exige más bien, una dentadura bien afilada: encontrar el lugar de la nota entre las letras después de morder los poemas.

Qué: Disco (Oso Polita)

Decía Lydia Lunch en Bowery Blues que la historia del hombre (man) la hacía sentirse enferma. Así que para curarse recitaba, aunque usara el sonido de unas cintas atrapadas en una grabadora estropeada o el arrastre de los trenes que se niegan a admitir que no van a ningún sitio. Escuchamos el primer corte de La voz en contra y esperamos que pasen rápido los anuncios de banco y los de comida a domicilio mientras los sintetizadores de Algoritmo parecen bromear frente a nosotros.

Juan Escribano sabe amasar las teclas, las programaciones, el cemento sobre el que se erige Laura Sam. Escribir, esnifar, sustancias, tres décadas, el cemento, El búnker. Es difícil no odiar a tu país si te obliga a comer techo, pero cada uno elige dinero o vida. Al final puedes elegir entre Michel Cloup o Michel Houllebecq, Patti o Kate. Arab Strap o una subvención pública, una solución en forma de poema no es una solución, pero, al menos, es un alivio. Hay una mujer con una maqueta que pasa los dedos por encima de la arquitectura abandonada de su tierra.

A veces el recitado del sur no necesita música, porque la canción está en las palabras, como La voz de los poetas. Muerde entre dientes, España, John Giorno y su negocio con las brujas, di no a los valores familiares, di no a los valores nacionales. Está claro que en ese tema no hay frase, hay escupitajos, no hay bases, hay distorsiones, piden que vengan a por ella, a por el magnético que hizo el sistema desfondado de lágrimas.

La voz en contra es como una versión intelectualmente violenta de aquel vs el monstruo de las Ramblas de Facto Delafé y las Flores Azules, hay dulzura pero también penumbra, no es todo dureza, hay corazón animado a base de caja de ritmos analógica en Nadie nada. Laura Sam tiene el fraseo en el cuerpo, aquel que se aleja del trap, porque el spoken word o el rock recitado, pide, exige más bien, una dentadura bien afilada, hay que morder en los poemas y encontrar el lugar de la nota entre las letras.

Una melodía para el cierre, una oración española –con perdón–, para el piano de Siempre en guerra, los lobos ya no son más que sombras contra la pared de un solar abandonado. Son necesarios estos discos, porque la palabra es la sustancia básica sobre la que se construye el arte, color y ritmo. Belleza que resiste los golpes de la vida.

Laura Sam y Juan Escribano La voz en contra

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