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miércoles 7 de diciembre de 2022

Valkenburg

La Villana

De mar y sueños, así es el cancionero de La Villana en su flamante álbum Valkenburg. Una voz que se eleva entre la niebla y aparece pidiendo que la noche sea la próxima santificada.

Qué: Disco (Mushroom Pillow)

En 2014 La Villana grabó un disco autoeditado precioso. Ahora, años después llega su segundo trabajo, con el efluvio del mar capturado entre las cuerdas de nailon que acompañan los arreglos, como guía para los perdidos en mitad de la noche. La preciosista Valkenburg, que da nombre al disco, comienza como una sirena probando las mieles del folk para acabar en el trueno del fluido eléctrico o las guitarras fronterizas con las que se construye Las olas contra todos, con la sensualidad arenosa de Lee Hazlewood & Nancy Sinatra, con los caballos desbocados llevando ofrendas hacia la tumba perdida de Gram Parsons en el desierto de Mojave.

Sueños de David Lynch, boleros de Javier Corcobado y una botella de orujo artesanal para afinar como las coristas de Elvis Presley en Crawfish… Todo junto en artesanía de gente extraña, de habitaciones ocupadas en días extraños. Canciones como Juramentos recuerdan los últimos discos de Christina Rosenvinge, donde una voz femenina introvertida es capaz de domar a las malas semillas que crecen a su alrededor.

Arreglos a lo Jacques Brel enfermo del pulmón, guitarras portuarias, de Ámsterdam a Bruselas, todas las rocas se confunden cuando se miran con ojos de amanecer, solo hay que escuchar temas tan bellos como Nuestro velero. La Villana, agrupación liderada por la gijonesa Natalia Quintanal, que fue parte de Nosoträsh a mediados de los 90 y después armó el Electra junto a Pau Roca de La Habitación Roja, recurre al minimalismo instrumental para dejar espacio a las voces y las guitarras esqueléticas, a los pianos afónicos y, sin pedir permiso, deja que la humedad de sus temas nos cale desde el alma hasta el final de los huesos. Como nanas que se olvidan al despertar, sus canciones se agarran a la tierra, narrando con cercanía, pérdida y locura, otra forma de belleza.

La Villana Valkenburg

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