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miércoles 30 de noviembre de 2022
Daniela Lalita
Foto: Stefan Schwartzman

Trececerotres

Daniela Lalita

Artista multidisciplinar si las hay, la peruana Daniela Lalita ha lanzado un primer EP que desconcierta y fascina en proporciones equivalentes: cinco canciones que entreabren las puertas a un mundo cargado de magia, misterio y sintetizadores.

Qué: EP (Young)

En la meticulosa construcción de su propia identidad, la música de Daniela Lalita navega entre abstracciones casi impenetrables y pasajes de diáfana accesibilidad. En las cinco canciones que integran su primer EP, cuyo título –Trececerotres– es una referencia al número del apartamento limeño en el que vivió junto con su madre y abuela antes de radicarse en Nueva York, Lalita canta, susurra, gruñe y juega con su propia voz como si se tratara de un instrumento más.

Para la multitalentosa artista peruana –su abanico de intereses incluye el diseño de vestuario, la danza, las artes plásticas, el cine y el modelaje–, los vídeos y performances escénicas, más que complementos, funcionan como prolongaciones de sus exploraciones sonoras que resultan absolutamente imprescindibles para entender a cabalidad los alcances de su propuesta.

De hecho, se podría decir que buena parte del origen de este primer lanzamiento se remonta al año 2017 y Madre: un entorno disruptivo, un aplaudido montaje multimedia en el que Lalita ensayó su personalísima interpretación de los arquetipos femeninos planteados por Carl Jung, una de las grandes influencias que han marcado su trabajo artístico. Pero si se trata de enumerar sus ascendientes, quizás el más importante de todos sea el de Morton Subotnick, creador del sintetizador Buchla –omnipresente en Trececerotres– a quien Lalita describe como «su mentor y maestro», y cuya impronta sin duda se encuentra impregnada en todos los cortes del EP.

Entre hipnóticos y perturbadores arrebatos experimentales –que recuerdan, por momentos, las exploraciones más recientes de la islandesa Björk o la venezolana Arca; y que tampoco se encuentran demasiado distantes de la obra de otras raras avis latinoamericanas, como la colombiana Lucrecia Dalt o la guatemalteca Mabe Fratti–, atmósferas y secuencias que remiten a rituales ancestrales y viajes psicotrópicos y ocasionales referencias a los ritmos que musicalizaron su infancia (¿es un cajón afroperuano lo que escuchamos en No para?), el debut de Daniela Lalita es denso, extraño y para nada complaciente con el oyente, pero nos deja esperando por más. Está muy claro que aún tiene muchísimo por decir.

Daniela Lalita Trececerotres

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