Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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lunes 15 de abril de 2024
Foto Steven Bernhard

Piligrossa

Lapili

Ritmos de cumbia electrónica, exaltación de lo femenino a ritmo de compás de bailanta, llega Piligrossa de Lapili, una fusión que va desde la música urbana española al ritmo sudoroso del Caribe con interludios en la poesía intimista británica y el afrobeat. Una apuesta que no dejará indiferente a nadie.

Que: Disco (Independiente)

Como aquella película, Peggy Sue se casó, cuando la protagonista viaja al pasado y se encuentra atrapado dentro de su cuerpo adolescente, con todas sus experiencias posteriores, María Poderío es un compás selvático, donde todo el apetito está por saciar pero Lapili le cuenta al mundo qué fruto es el que elige para demostrar sus poderes: brujería y seducción. Una base de impostura, un mantra que se repite con la luna, un momento de calma, La manada, la rítmica de la amistad, como distintas uñas, de distintos colores, pulsando a la vez la tecla del bombo a negras en las cajas de ritmos.

Como una mezcla de Shakira y La Zowi, como el momento macarra de Julieta Venegas, cuando pensaba que el futuro era el punk, así suena Dirty diabla que funciona cuando el sudor se mezcla con el ron y entra la voz de Antonia Sanjuan en el noveno interludio, con un contrabajo, pues en los veintitrés cortes se mezcla la poesía recitada, entre el tango y el spoken word, con los temas puramente de baile. Refleja la obra de La Pili no solo el petardo femenino, también la elegancia incontenible del gineceo, como una nueva versión de Pastora: Toto al control.

Canta, con la pollera colorada, con la misma autenticidad de La Mala Rodríguez o la misma Rosalía cuando salía en chándal en los locales con peor reputación de Madrid a lanzar sus rimas. Hay dancehall y afrosoul, hay lío, mucho lío, sin preguntarle a Velázquez si es guapa, porque ningún espejo dará la respuesta. El final, con percusiones y guitarras, una instrumentación que se acerca al bolero con filtro de autotune, se cierra con Piligrossa, que acelera el mensaje para que quede clavado en la parte reptiliana del cerebro humano, aquel que no distingue de géneros, solo de inteligencia y arte. Estaremos atentos, programando nuestros beats al ritmo mestizo de Lapili.

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