Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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domingo 9 de agosto de 2020

Cine de guerrilla 2.0

Algo se gesta en la periferia del cine español. Una nueva estirpe de cineastas parece dispuesta a sortear las trabas del contexto actual, y las inercias de la industria cinematográfica, con tal de concretar sus proyectos en largometrajes. El cine de guerrilla español contraataca desde los márgenes, con el low cost como modus vivendi, la tecnología digital como principal arma, y el medio online como campo de batalla aliado.

 

En las trincheras del cine español

La caída recaudatoria del cine español, los recortes en subvenciones,  la subida en diez puntos del IVA cultural (dejándolo en el 21%) son algunos de los indicadores innegables de la mala salud por la que pasa el cine español. A su vez son puntos clave para entender el descenso del número de rodajes que se vive desde 2010. Pese a los datos de recaudación alentadores de 2012, donde la cuota del cine español (17,8%) alcanzó números que no se producían desde hacía 27 años, gracias en buena medida a los taquillazos de Lo imposible, Las aventuras de Tadeo Jones y Tengo ganas de ti, e iniciativas recientes como «La fiesta del cine» que han reactivado el consumo puntual en las salas, la situación general de incertidumbre y precariedad mantiene cauta y estancada a una industria que ve cómo las medidas del gobierno tienen consecuencias devastadoras para sus intereses: cierre de salas, productoras en mala situación, concurso de acreedores en negocios vinculantes… agrietando con ello, aún más, un sector que ocupa el cuarto puesto en términos de desempleo. Ante esta difícil situación, propia del precario contexto económico del momento, y a la espera de un nuevo marco de financiación que premie las desgravaciones fiscales, una hornada de cineastas ha puesto medios e ingenio para superar estas dificultades a la hora de rodar, y poder tirar así adelante sus proyectos cinematográficos.

«Por primera vez, existe la posibilidad de hacer películas con la misma libertad con que uno hace un tebeo, una novela o un relato breve» (Jordi Costa)

Acción y reacción entre unos talentos que no han querido renunciar a la necesidad expresiva por mucho que no dispongan del respaldo industrial. De su voluntad nace una generación abocada al cine de guerrilla. Concepto, que por su parte, no resulta novedoso.
En otro periodo histórico convulso para la historia de España, un grupo de directores, la mayoría de ellos catalanes, hicieron apropio del ingenio y valentía para crear películas fuera del control de la censura franquista. Autores como el incombustible Pere Portabella, Antoni Padrós, Llorenç Soler, Enric Ripoll, Josep Maria Ramón, y otros, consiguieron burlar el férreo control de la época a través de una producción clandestina que reflejara la realidad social e histórica del momento. Características de un cine elaborado con presupuestos mínimos o inexistentes, rodado con el material disponible, de tono subversivo y experimental, y con una distribución reducida a las salas de arte y ensayo o a los videoclubes.

Una forma novedosa y austera de concebir el cine que no quedó relegada a la vanguardia cinematográfica de los 50, 60 y principios de los 70. El cine de guerrilla ha ido irrumpiendo de forma intermitente en la España de la democracia. En 1997, por ejemplo, dos películas de espíritu parecido como Mamá es boba (Santiago Lorenzo) y Hotel Room (Cesc Gay y Daniel Gimelberg) coincidían en las salas. De forma más reciente, aparecen otros filmes levantados alrededor de presupuestos low cost: Smoking Room (J. D Wallovits y Roger Gual, 2002), La silla (J.D. Wallovits, 2006), Dispongo de barcos (Juan Cavestany, 2010), Finisterrae (Sergio Caballero, 2010),  hasta llegar a nuestros días…
Lo que ahora se vive en una eclosión de los mandatos del cine de guerrilla auspiciada por las inclemencias de una industria tullida, desorientada, y amenazada por la propia situación socioeconómica del momento. Todo este circuito se despliega alrededor de un grupo de creadores que comparten unas señas y un impulso similar, pero que conciben su posición de forma distinta.

 

Tráiler Diamond Flash – Carlos Vermut /////

Sin quererlo ni masticarlo, Carlos Vermut se ha convertido en una de las cabezas visibles de esta nueva hornada de guerrilleros. Su aclamado primer largometraje, Diamond Flash (2011) tuvo la culpa. Con un presupuesto de 20.000 euros salidos del bolsillo del propio director, la película se rodó con una cámara DSLR, durante tres meses (aunque el tiempo previsto inicial era de tres semanas) y con actores no profesionales. El propio Vermut se desdobló en tareas de guión, dirección, cámara y producción. «Ayuda a tener el control pero el precio a pagar es demasiado estrés, pero eso ya lo hacían Trueba o Almodóvar hace treinta años», aclara al respecto. Diamond Flash nunca llegó a estrenarse comercialmente en cines, sino que encontró en Internet su ventana. Primero en la propia Web creada por su autor, y luego, gracias al boca a boca, y a la bola que iba creciendo tras su paso por festivales (Abycine y Sitges, entre otros), pasó a formar parte del catalogo de la plataforma Filmin, y poco después encontró salida en DVD gracias a Cameo. Una película de arquitectura undergorund (pese a que su autor reniega de la etiqueta), favorecida por el medio online, y que pese a la humildad inicial, y falta de apoyos, ha generado un ruido mediático considerable.
Del caso Diamond Flash se pueden extraer las peculiaridades que definen este tipo de cine: presupuesto muy reducido que no cuentan con el apoyo de subvenciones o de los recursos de una productora, autofinanciación o uso del crowdfunding, manejo de cámaras DSLR y abaratamiento de costos mediante el uso de tecnología digital, distribución no comercial y casi exclusiva al ámbito online, estética hiperrealista y austera…

«Por primera vez, existe la posibilidad de hacer películas con la misma libertad con que uno hace un tebeo, una novela o un relato breve. Hay, pues, por primera vez en muchos años de cine español, la posibilidad de un relevo generacional que no tenga que pactar ni con el mercado, ni con ejecutivos de televisión incapacitados por su propia naturaleza, para entender y aceptar discursos minoritarios, difíciles o problemáticos», argumenta el crítico Jordi Costa cuando se le pregunta por esta generación. Aunque también visualiza un reverso delicado en todo este fenómeno: «La otra cara de la moneda es que parece haberse neutralizado toda posibilidad de que esto acabe siendo un oficio: si las cosas no cambian será, a lo sumo, un hobby para muchos».

«Siento que hay un grupo de cineastas trabajando a los que nos unen dos aspectos: la voluntad de hacer cine y la amistad entre muchos de nosotros» (Elías Siminiani)

En esta línea de cine guerrilla se inscribe también Mi loco Erasmus, de Carlo Padial. Padial se lanzó en 2012 al largometraje con esta modesta película de espíritu guerrillero, que cruza la ficción y el documental sobre la vida de los Erasmus en Barcelona. Protagonizada por Didac Alcaraz (habitual en los sketches de Go Ibiza Go, de los que Padial es parte responsable), cuenta con la presencia de sospechosos habituales de este circuito: el propio Carlos Vermut en tareas de interpretación, así como el cómico Miguel Noguera. Un detalle que pone en evidencia una sensibilidad compartida por varios autores que traspasa el ámbito profesional para cristalizarse en  lazos de amistad estrechos. «Conocimos a Carlos Vermut cuando presentaba Diamond Flash, y automáticamente nos caímos muy bien. Lo mismo pasa con Cavestany y otros. Supongo que hay una cierta afinidad, sino en el estilo, sí en el espíritu de hacer cine», añade el propio Padial.

 

Tráiler Mapa – Elías Siminiani /////

Una amistad y unos lazos colaborativos que también puntualiza el director Elías León Siminiani: «Siento que hay un grupo de cineastas trabajando a los que nos unen dos aspectos: la voluntad de hacer cine y la amistad entre muchos de nosotros. Hablamos de las películas que intentamos hacer y compartimos en buena medida los procesos». Sin embargo el caso de Siminiani con Mapa, su opera prima, presenta algunos trazos diferenciadores. De entrada su película tuvo un estreno comercial en salas y, pese a compartir el espíritu que le une a este grupo de realizadores, él pudo contar con el apoyo de dos productoras que se sumaron al proyecto: «Cuando llevaba un año largo trabajando entraron las productoras Avalon y Pantalla Partida, y la película, aunque siguió siendo una producción pequeña, entró en una dinámica profesional. En ese sentido Mapa es un filme cuyo sistema de producción es híbrido: se encuentra lo doméstico y lo profesional».

Una situación limítrofe en la que se puede incluir Carmina o revienta, de Paco León, un largometraje rodado con tan solo 40.000 euros, que comparte el impulso y la estética guerrillera, pero de notable alcance comercial (estrenándose a la vez en salas e Internet), generadora de un enorme buzz, e incluso nominada a tres Premios Goya.
Otro de los abanderados del cine de guerrilla es Juan Cavestany de actualidad estos días por su Gente en sitios. Tras pasar por Sitges y varios festivales, la película ha ido ganando popularidad a base de elogios y tuits influyentes hasta el punto que se decidió estrenarla en salas el 20 de diciembre, como fase previa a su lanzamiento en DVD. Cavestany, dramaturgo, guionista y director, también pueden adscribir a esta tendencia sus dos anteriores producciones: Dispongo de barcos, estrenada en alguna sala comercial, y El Señor, estrenada directamente en una Web creada para la ocasión. Signo de la capacidad de Internet para convertirse en plataforma indispensable para la distribución de este cine, pero también de su faceta divulgativa (sitios como Hamaca, Márgenes o Plat.tv ayudan a difundir este tipo de miradas), y cada vez de forma más acusada, como alternativa a la financiación mediante el crowdfunding. Es el caso por ejemplo de El Cosmonauta, una película financiada a través de la aportación de cinco mil personas, con licencia Creative Commons, y que finalmente se estrenó el pasado 14 de mayo en multipantalla. La película rodada por Nicolás Alcalá rehúye de la estética low cost pero sienta precedentes significativos en España sobre los métodos de financiación y distribución amparados por la Red.

 

Tráiler Otro verano – Jorge Arenillas /////

Internet también se ha erigido como el campo de operaciones idóneo para el #LittleFilmSecret, un proyecto que sintoniza con este cine a través de un decálogo propio inspirado por el Dogma. «Nace de la emergencia de una serie de discursos a los que la industria jamás hubiese dado luz verde y que, sin embargo, tenían, ahí afuera, a un público (minoritario) dispuesto a disfrutar y valorar estos trabajos en sus propios términos (que no son los del mercado y la taquilla)». Así lo define Jordi Costa, uno de los primeros en involucrase en el proyecto a través del largometraje Piccolo grande amore, rodado con una Canon HD y con un presupuesto minúsculo que no sobrepasó los 600 euros, y al que ahora ha sumado una segunda aportación con La lava en los labios, estrenada en Calle 13 y ya disponible en plataformas online como Yomvi. A estas hay que sumar otras obras firmadas por Carlo Padial, Pablo Maqueda, Haizea G. Viana, y tantos otros, todas visionables desde su Web.

Existe una ristra de nombres vinculados a la causa que va creciendo de forma gradual a medida que la desaceleración económica recrudece el panorama, y que presumiblemente, se mantendrá ferviente y creciente mientras la situación para la industria española no mejore. Así Norbeto Ramós del Val (Summertime), Jorge Arenillas (Otro verano), César del Alamo (Buenas noches, dijo la señorita pájaro),  Andrés Duque (Ensayo final para utopia), Eloy Enciso (Arraianos), Raya Martín (Buenas noches, España), Chiqui Carabante (12+1, una comedia metafísica), Alfonso Sánchez (El mundo es nuestro), Jonás Trueba (Los ilusos), Borja Echevarria (Qué pelo más guay), Hammudi Al-Rahmoun Font (Otelo), Jonathan Cenzual (El alma de las moscas) y tantos otros por llegar, seguirán dispuestos a resistir desde las trincheras del cine español, con la esperanza de impactar sobre mayores audiencias, y muchos de ellos, con la ilusión de infiltrase algún día en el seno de la industria.

LA GUERRILLA ESPAÑOLA

Nombre: Carlos Vermut (Madrid, 1980)
Batallas libradas: Diamond Flash (2011)
Condecoraciones:  Ganador de la séptima edición del NotodoFilmFest
Armamento preferido: DSLR
Batallas por librar: Magical Girl

Nombre: Carlo Padial (Barcelona, 1977)
Batallas libradas: Mi loco Erasmus (2012)
Armamento preferido: DSLR

Nombre: Elías León Siminiani (Santander, 1971)
Batallas libradas: Mapa
Armamento preferido: Sony miniDVD 3CCDs y Panasonic Full HD

Nombre: Juan Cavestany (Madrid, 1967)
Batallas libradas: Gente de mala calidad (2008), Dispongo de barcos (2010), El señor (2012) y Gente en sitios (2013)
Armamento preferido: cine y digital

Nombre: Jonathan Cenzual Burley (Salamanca, 1980)
Batallas libradas: El alma de las moscas (2010)
Armamento preferido: Canon HV20 y Canon 5D Mark II
Batallas por librar: El año y la viña (2013)

Nombre: Chiqui Carabante (Málaga, 1967)
Batallas libradas: Carlos contra el mundo (2002), 12+1. Una comedia metafísica (2012)
Armamento preferido: 35mm

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