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Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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viernes 19 de julio de 2019

Mucha agua ha corrido debajo del puente de la historia de Rock al Parque y Bogotá a lo largo de veinticinco ediciones. De ser un evento para díscolos, según la sociedad capitalina parroquial de finales del Siglo XX, a ser un símbolo de identidad y orgullo para los capitalinos del siglo que corre, han transcurrido centenares de miles de historias particulares que remiten a una canción o a un episodio atados al festival, sus calles y su territorio; historias de amor por Bogotá y el rock latinoamericano. Estas son algunas de ellas.

 

1. La fiesta que cambió todo (1995)
A mediados de los años 90, Bogotá era una ciudad presa del miedo que empezaba a despabilar del aturdimiento causado por el terrorismo narco. La noche volvía a la vida en algunos bares y lugares subterráneos empujada por el ímpetu de una juventud que sólo creía en ella misma y vivía cada día como si fuera el último. El rock alternativo era rumor de cambio y de una comunidad que emergía entre las calles y una ciudadanía inmovilizada e indiferente. Respaldada por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, la idea de congregarse en un festival musical imposible se materializó los días 26, 27, 28 y 29 de mayo en cuatro lugares enormes de la ciudad: el Parque Metropolitano Simón Bolívar, la Plaza de Toros de la Santamaría, el Teatro La Media Torta y el Estadio Olaya Herrera. Nadie imagino que asistirían decenas de miles de jóvenes rockeros, como tampoco nadie imaginó que Rock al Parque transformaría para siempre a Bogotá, o al menos la idea que se tenía sobre ella.


 

2. Bogotá era una fiesta (que quisieron aguar) (1996 – 1998)
Rock al Parque marcó un punto y aparte en la historia de los conciertos de música popular en Colombia. Como un sueño, o un recuerdo lejano, quedaban atrás los conciertos de espíritu jipi de comienzos de los 70 y el célebre Concierto de Conciertos, de 1988, que apenas remitía la moda del «rock en tu idioma». La segunda y tercera edición del festival confirmaron las sospechas que despertó el primero: el rock colombiano no sólo retrataba al país, también era un reflejo del mismo: áspero, brutal, vital, alegre y diverso. Decenas de bandas encontraron una excusa más salir a ensayar y tocar en donde fuera, grabar como fuera y encontrar un sonido y su público. Pero como nunca falta quien no soporta la felicidad ajena, entonces quisieron acabarlo; en 1998 el alcalde de turno y su equipo consideraron que el festival no era prioritario para su idea de ciudad y le quitaron todos los recursos. La respuesta a una decisión reaccionaria fue un acto comunitario: jóvenes rockeros de la ciudad recogieron miles de firmas de ciudadanos que se oponían a que Rock al Parque se acabara. En octubre de ese año la celebración fue multitudinaria. Nunca más ningún alcalde volvió a tocar al festival.

Rock al Parque

Imagen de las ediciones de 1995 y 1998


 

3. Bogotá, epicentro del rock alterlatino (1999)
Las primeras cuatro versiones del festival pusieron a Colombia en el mapa del rock latinoamericano y convirtieron a Bogotá en un destino obligatorio. Bandas locales como Aterciopelados, 1280 Almas, la Derecha, Bajo Tierra, La Pestilencia o Estados Alterados alcanzaron visibilidad continental gracias a la cadena MTV Latino, a su vez que otras como Morfonia, Ultrágeno y Superlitio se consolidaron en el panorama nacional. Rock al Parque pasó a ser la ventana ideal para que las bandas colombianas se exhibieran y dialogaran con lo más selecto del sonido latinoamericano, y el público atestiguara el presente sonoro de la región. En esos años, las presentaciones de bandas internacionales como Fobia, La Lupita, Maldita Vecindad, Auténticos Decadentes, Todos Tus Muertos, A.N.I.M.A.L., Los Siete Delfines y Draco Rosa obligaron a que todo mejorara (creación, producción, infraestructura, logística), pero las luminarias invitadas a la quinta edición de festival confirmaron que Rock al Parque era el evento de rock más importante de América Latina. En ese año desfilaron por las tarimas del Simón Bolívar y La Media Torta, lo más brillante del continente: Café Tacuba, Molotov, Julieta Venegas, Control Machete e Illya Kuryaki & The Valderramas, alegrando la vida de más de 260.000 asistentes.


 

4. Un fin de semana es poco (2001)
Entre las virtudes de Rock al Parque, el hecho de que la juventud colombiana se desplazara para asistir a los conciertos, sobresale en el ámbito social. Desde Medellín, Cali y el eje cafetero, decenas de buses cargados de rockeros partían hacia la capital, y ya en Bogotá, el público tenía que moverse entre diferentes parques de la ciudad en donde se celebraban conciertos simultáneos para no perderse casi nada. En 2001, con el festival consolidado como emblema cultural de la ciudad, los organizadores jugaron una carta nueva que consistió en alargarlo toda una semana y en diferentes puntos de la urbe. Entre el 3 y el 12 de octubre, la capital vivió el rock en los tradicionales Simón Bolívar y La Media Torta y otros parques como El Tunal, en el sur de Bogotá y El Renacimiento, al pie del cementerio central, escogido para celebrar una jornada entera de música electrónica comandada por los mexicanos de Nortec Collective, Nopal Beat y Kinky.


 

5. Diez de diez (2004)
La décima versión de Rock al Parque cambió el festival para siempre. Intocable y consolidado como patrimonio cultural de Bogotá, el evento que había transformado a la ciudad, otorgándole un poco de mística e identidad, alcanzaba su primera década con aires de leyenda. Y una leyenda visitó Colombia por única vez. El domingo 31 de octubre, en el escenario principal del Parque Metropolitano Simón Bolívar, los bogotanos se entregaron con devoción absoluta a Luis Alberto Spinetta quien recibió el cariño de rodillas en la tarima. Pocas veces Rock al Parque ha atestiguado tanto amor recíproco como el de aquella noche. Como si fuera poco y para rendir homenaje a la historia y el legado del evento, el cartel invitado lo completaron Café Tacuba, Julieta Venegas, Molotov, Ely Guerra, Babasónicos, Catupecu Machu, Auténticos Decadentes, Draco Rosa y Skatalites, quienes junto a algunas bandas nacionales como Andrea Echeverri, Sidestepper, Alerta, Doctor Krápula, Morfonia, Odio A Botero, Supervelcro y Pornomotora, inauguraron un nuevo escenario en el mismo parque, a espaldas del principal, dándole un nuevo aire y mayor poder de convocatoria. Más de 300.000 almas acudieron a la gran cita rockera de ese año.

Rock al Parque

Imagen de las ediciones de 2000, 2001, 2002 y 2004


 

6. Apocalipsis ya (2005 /2007)
Durante muchos, muchos años, ir a Rock al Parque era ir a la guerra; además del excesivo control sobre el público asistente, la aspereza del rock bogotano del quiebre de siglo y, por consiguiente, de la intensidad con que se vivía cada pogo adentro del Simón Bolívar, también había que hacerle frente al clima. En Colombia, la temporada de lluvias atraviesa el mes de octubre, así que, habitualmente, la lluvia también atravesaba al festival. En 2005, el concierto inaugural reunió a la mítica banda nacional Kraken con la Orquesta Filarmónica de Bogotá en un concierto al mediodía. Toda la tribu metalera y los seguidores de «el Titán», como la llaman los seguidores de banda, se congregaron en el parque metropolitano para ser testigos de un momento inédito. Ni siquiera el vendaval espantó a una sola de las 50.000 almas que llegaron a la ceremonia y se quedarían hasta el final de la jornada para escuchar a la banda finesa Apocalyptica. Dos años más tarde, la lluvia no dio tregua alguna y la jornada inaugural tuvo que ser suspendida por cuenta de una granizada que cubrió de hielo a la ciudad, incluyendo el parque, sumiéndola en el caos y obligando a que se modificara la producción del festival.

Rock al Parque

Imagen de las ediciones de 2006 y 2007


 

7. A los 15 uno ya es grande (2009)
Cada lustro, cada año redondo, ha sido especial para Rock al Parque. Cuando cumplió quince años, el evento ya tenía la fama de ser el festival gratuito de rock al aire libre más grande del mundo, y aunque el panorama de la música alternativa en América Latina era bien diferente al de sus orígenes, el público seguía asistiendo masivamente a descubrir bandas nuevas y celebrar la obra de las consagradas. La apuesta en 2009 se duplicó con la instalación de un tercer escenario en el Simón Bolívar para presentar a los artistas más alternativos, experimentales y sofisticados. Además, se diseñó una programación académica y conmemorativa que incluyó exposiciones, showcases y seminarios; actividades que reflejaban un cambio de paradigma en el mundo de la música y en donde, por primera vez en el festival, el concepto de «industria musical» pisaba fuerte generando un montón de incógnitas y confusión en los artistas locales emergentes. La irrupción en Rock al Parque de artistas colombianos que hasta el sol de hoy siguen forjando una obra sólida como Bambarabanda y Andrés Correa, alternando con grandes del rock nacional como Ciegossordomudos e I.R.A., y la reunión de músicos de bandas pioneras de los 60 y los 70 como Los Speakers, Los Flippers, Génesis y Columna de Fuego, fueron el complemento de una plaza a reventar, hechizada por las canciones de Fito Páez junto a Juanse y los Killer Burritos como colofón perfecto de la fiesta.

Documental Rock al Parque – A los 15 uno ya es grande


 

8. Rocanrol is dead (2011)
Cada año Rock al Parque es fuente de debates calientes sobre muchos asuntos: su propósito, su forma, su futuro, etc. Pero uno permanece en el tiempo a pesar de que es árido y estúpido: gira alrededor del concepto de «rock» y su estética, y de cuestiones como qué es y qué no es rock, y que artistas pueden y no pueden presentarse en el festival. Mal de los tiempos que corren. En 2011 la organización se la jugó por ampliar la paleta sonora de Rock al Parque; si desde 2004 la presencia de bandas gringas y europeas de renombre había empezado a engrosar el cartel del certamen (Black Rebel Motorcycle Club, Bloc Party, Asian Dub Foundation), dándole un aire más cosmopolita, el cierre de la tarima principal a cargo de los portugueses Buraka Som Sistema y los nacionales ChocQuibTown, despertó la ira de rockeros talibanes que inundaron las redes sociales con su postura radical. Nada nuevo. En 1999, El Bloque, una de las bandas colombianas más revolucionarias y atractivas de todos los tiempos, que había recibido elogios de la crítica especializada de rock en Estados Unidos y Europa, fue rechazada y maltratada por un sector del público local. Como aquella vez, igual que El Bloque, ChocQuibTown demostró con argumentos poderosos por qué son grandes y por qué estaban ahí mientras decenas de miles de colombianos los acompañaban.

Rock al Parque

Imagen de las ediciones de 2009 y 2011


 

9. Aquí vamos otra vez (2012/2014)
Aunque Rock al Parque ya ronda las veinticinco ediciones, su historia está íntimamente ligada a las bandas bogotanas que lo forjaron y lo transformaron en leyenda. Tres de ellas conservan un afecto especial en el público porque su sonido y su carácter, de alguna manera, reimaginaron la ciudad: Aterciopelados, 1280 Almas y La Derecha. Emoción pura. Aunque La Derecha ha tenido una vida entrecortada, Aterciopelados y las Almas fueron creciendo de la mano de Rock al Parque. En 2012, antecediendo al concierto de cierre a cargo de Charly García, los integrantes de 1280 Almas, que habían sido invitados a celebrar sus veinte años de vida artística, anunciaron su despedida del festival para siempre e insistieron en que Rock al Parque debía enfocarse en las bandas emergentes. En contraste, dos años más tarde, para celebrar que el festival cumplía dos décadas, Andrea Echeverri y Héctor Buitrago le devolvieron el aliento a Aterciopelados que, para entonces, se encontraba disuelto desde 2010, retomando así una obra poderosa.

Rock al Parque 2012


 

10. Una sola tribu (2014 – 2018)
Rock al Parque es un festival único y difícilmente alguno se le parece. La apuesta por parte de los organizadores y curadores durante veinticinco años ha sido reflejar los sonidos de la ciudad, el país y el continente de la mano del rock en su máxima expresión. Esa búsqueda en los últimos cinco años ha sido próspera gracias al riesgo asumido y resuelto, aprovechando los espacios alternativos como La Media Torta en 2014 y 2015, y el tercer escenario del Simón Bolívar en las ediciones más recientes. Sonoridades propias de las músicas tradicionales de Colombia y el mundo, la canción de autor y la música popular latinoamericana han encontrado su lugar en esas tarimas para alegrar miles de corazones; basta mencionar a Juana Molina, Nacho Vegas, Celso Piña, Meridian Brothers, Los Rolling Ruanas o La Santa Cecilia, para confirmarlo. Mención aparte y loas merece el concierto de la legendaria banda de hip-hop colombiano La Etnnia, en 2014, abriendo el día de cierre a las 11 de la mañana para convocar a rockeros y raperos de mente y corazón abiertos y evitar, de paso, a los radicales. Acompañaron al mítico trío también tres colosos del rock colombiano: el guitarrista Rodrigo Mancera, el baterista Alejandro Duque y el bajista Pablo Araoz. Jamás una mañana de festivo en Rock al Parque fue tan rock como aquella vez. Pero aún quedan muchas mañanas por rockear allí, en el parque.

Rock al Parque 20 años


Rock al Parque celebra su edición número veinticinco entre los días 29 de junio y 1 de julio en el Parque Simón Bolivar de Bogotá.

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