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miércoles 30 de noviembre de 2022
Festival Cordillera
Fotos: Andrés Wolf

Estuvimos en el Festival Cordillera de Bogotá

Con un cartel de ensueño y un propósito ecológico, el 24 y 25 de septiembre pasados el Festival Cordillera celebró por primera vez el espíritu y la memoria del rock latinoamericano que recorrió el continente, de punta a punta, a finales del Siglo XX impregnándolo de una identidad que, desde entonces, no ha hecho más que arraigarse y crecer en el inconsciente colectivo. A continuación presentamos una pequeña muestra de todo lo que aconteció en un evento inédito.

 

1. El adiós a la diva descalza de la cumbia
El Festival Cordillera celebrado los días 24 y 25 de septiembre de 2022 en Bogotá será recordado como el último escenario en el que cantó Totó La Momposina. Con 82 años y entre lágrimas, la que quizás sea la cantadora de música tradicional del Caribe colombiano más importante de la segunda mitad del Siglo XX, dijo adiós. Acompañada de su agrupación de tambores y con la participación de destacadas cantantes, herederas de su legado, como Adriana Lucía, Nidia Góngora y Mónica Giraldo, y un público que llegó temprano al Parque Metropolitano Simón Bolívar para expresarle toda su gratitud por tanta alegría, Totó ofreció su último concierto a ritmo de cumbia, porro y bullerengue, como lo hiciera a lo largo y ancho del planeta durante cincuenta años, con el alma del Caribe en la garganta y los pies. Por última vez y para siempre, Totó fue candela viva.

Totó La Momposina – Festival Cordillera

 


 

2. Café Tacuba baila a Charly García
A comienzos de mayo se anunció la creación de un nuevo megafestival en Bogotá: el Festival Cordillera. Su nombre, el concepto y el cartel artístico pusieron de manifiesto su intención nostálgica: la celebración del rock y la música alternativa de América Latina de los años 90 y primerísimos del Siglo XXI. Un festival que honra el rock hecho de este lado del Atlántico en su lengua y sus jergas sólo podía despedirlo la que quizás sea la banda más grande del continente: Café Tacuba. Como es habitual, los tacubos derrocharon energía buena en un repaso por algunas de sus canciones favoritas de todas sus épocas. Sin artificios y haciendo lo que saben hacer, con amor, los de Ciudad Satélite una vez más, como desde la primera vez que pisaron suelo colombiano a mediados de los 90, hicieron de un parque enorme y lleno de gente una casa común. Al final, como reconociendo, a propósito o no, el origen del rock latinoamericano, su concierto se terminó, casi abruptamente, con Buscando un símbolo de paz y la voz de Charly García sonando en los parlantes mientras la banda bailaba y se despedía de un público que los adora.

Café Tacuba - Festival Cordillera

 


 

3. Bogotá no te rajes
La influencia de la música mexicana en los colombianos se remonta hasta la primera mitad del Siglo XX cuando, a través del cine y la radio, la ranchera y el bolero conquistaron el corazón de miles de personas. Años más tarde esta influencia se hizo evidente en la música de carrilera, una suerte de encuentro entre la ranchera, el corrido y la música andina colombiana, que se popularizó en los sectores bajos. Su sonido y su estética también impactaron a jóvenes como Andrea Echeverri y Héctor Buitrago a comienzos de los años 90 quienes, de forma determinante, las involucraron en su propia búsqueda. Aterciopelados volvió a estrechar ese vínculo permanente con México, además de cantar rancheras de José Alfredo Jiménez y boleros de Agustín Lara, también fueron los primeros en aventurarse a presentar por primera vez en Colombia, en sus propios bares y salas, a bandas como Caifanes. Así lo confirmó el propio líder de esta banda, Saúl Hernández, al finalizar un concierto más que correcto y presidir una serenata de mariachi ofrecida a los presentes en el escenario Aconcagua, la tarima principal del Festival Cordillera, con la presencia y el reconocimiento a Héctor Buitrago en representación de Aterciopelados. Como la canción Cielito lindo, el abrazo en el que se fundieron cantante y bajista, alegró los corazones.

Saúl Hernández y Héctor Buitrago – Festival Cordillera

 


 

4. Un silbido hermoso y refrescante
Hasta hace un años y desde mediados de los 90 cuando aparecieron los grandes festivales de música en Colombia, ver a un cantautor sobre esos escenarios era casi imposible. Que si tocaba rock o jazz o música tradicional se preguntaban perplejos los programadores de entonces. Afortunadamente, esa mala costumbre se fue acabando y el domingo 25 en el escenario Cotopaxi, el segundo en importancia del festival, uno de los cantautores más importantes en América Latina saldó una suerte de deuda histórica y estética. Respaldado por una banda de rock precisa y versátil, Piero puso a cantar a miles de personas de al menos cuatro generaciones temas recientes como Solo un gorrión y clásicos como Yo vengo, Soy paz, soy pan, soy más, Juan Boliche, Pedro Nadie y Para el pueblo lo que es del pueblo. Entre el público mayor, un montón de gente joven acompañó en coro al cantautor argentino con nacionalidad colombiana, en un verso de Llegando llegaste que dice «y siempre se hacía la rata con el pibe de la vuelta» (expresión que hace referencia faltar a clase) un muchacho cambió y actualizó la letra por «siempre se hacía la rasta» para después sumarse a una de las melodías silbadas más célebres de la canción popular de Hispanoamérica. Fue una explosión de ternura.

Piero - Festival Cordillera

 


 

5. Un chamán llamado Draco Rosa
Los conciertos del cantante y escritor nuyorican suelen arrastrar más incertidumbre de la habitual pero nunca pasan desapercibidos. Su ocasión más reciente en un escenario bogotano antes de esta sorprendió por su enfoque dedicado a la música de sanación al frente de un par de tocadiscos, pero su show de la tarde noche del domingo fue un especial regreso a la canción y a su repertorio más querido. Ataviado de un poncho rojinegro y acompañado de un septeto electroacústico conformado por un trío de cuerdas tradicionales, una batería y un trío electrónico al frente de platos y teclados, que entreteje con detalle y potencia una atmósfera profunda tanto con sus temas oscuros y lentos como los densos y pesados, Draco Rosa, desplegó un show estremecedor en donde, poco a poco, se fue transfigurando en un chamán eléctrico.

Draco Rosa – Festival Cordillera

 


 

6. El bosque electrónico
El Festival Cordillera dispuso de cuatro escenarios para presentar un cartel extenso y variado. Sin bien el principal atractivo fueron los nombres gordos del que, en su momento, fuera llamado rock alterlatino, a diferencia de los tres más grandes, el cuarto escenario no fue bautizado con el nombre de un pico nevado andino, por el contrario, simplemente fue llamado Bosque Electrónico. Como su nombre lo indica, por su tarima pasaron algunos de los artistas de música electrónica más determinantes de los últimos años. Músicos destacados como Silverio, Rosa Pistola, Chancha Vía Circuito, Quantic y consagrados como Mad Professor, alternaron con locales como Monokike, Mitú, Gala Galeano y Cerrero en un ambiente relajado con el público sentado en el prado disfrutando de la vanguardia sonora del continente.

Bosque Electrónico – Festival Cordillera – Carrero

 


 

7. El magnetismo de Kase.O
El escenario Cocuy, el tercero del festival y el único cubierto, estuvo dispuesto los dos días para el hip hop y el dub, principalmente. Aunque sobre sus tablas también prendieran la fiesta la No Smoking Orchestra de Emir Kusturica, The Wailers y Los Amigos Invisibles, agrupaciones y artistas nacionales como La Etnnia, Soja, Lianna, N.Hardem y Lospetitfellas dieron cuenta del buen estado de salud del que goza el rap colombiano. Otra encargada de refrendarlo fue Kei Linch, la joven promesa del hip hop nacional, invitada a intercambiar rimas con el aragonés Kase.O. Con estilo y potencia, y acompañado de su banda, el MC celebró en Bogotá el décimo aniversario de Jazz Magnetism, su obra cumbre, puso a tararear a todos la melodía inmortal de Walk On The Wild Side y honró la memoria de ausentes como el rapero colombiano Métricas Frías, recientemente fallecido.

Kase.O – Festival Cordillera

 


 

8. Mañana es mejor
Aunque el Festival Cordillera supuso un viaje al pasado y a un momento esencial del rock latinoamericano, en su cartel también hubo espacio para artistas jóvenes que ya acumulan una obra y kilómetros importantes en su vida artística. Alejados de cualquier etiqueta y con la canción como mapa y faro, los colombianos Duplat (el único artista que honró en tarima la memoria de Marciano Cantero, líder de la banda argentina Enanitos Verdes, esencial en el crecimiento del rock latinoamericano a finales de los años 80) y Briela Ojeda, el argentino Conociendo Rusia y el mexicano Arath Herce señalaron hacia el futuro con melodías de pop emocionante, con letras cuidadas y coreadas por un público igual de joven y entregado a los artistas de su generación.

Arath Herce – Festival Cordillera

 


 

9. Ser árbol
Durante dos días, el Parque Metropolitano Simón Bolívar vio desfilar a decenas de miles de aficionados a la música alternativa de América Latina. Personas procedentes de diferentes ciudades de Colombia y de naciones como México, Perú, Venezuela, Ecuador, Argentina, Costa Rica y Puerto Rico que, como el verso de Piero, «han crecido con el siglo», con canciones que nacieron para despertar conciencias, y al mismo tiempo han visto cómo el planeta se enferma cada vez y más rápido. Por lo tanto, el hecho de que por cada boleta vendida se haya sembrado un árbol en el Páramo de Las Cuchillas –ubicado en la Cordillera Oriental, a 57 kilómetros de la capital colombiana–, significa un gesto pequeño y necesario frente al impacto ambiental que cada uno de estos eventos trae consigo.

Público – Festival Cordillera

 


 

10. De los pies a la cabeza
Fueron muchos los conciertos emocionantes en el Festival Cordillera y pocos los decepcionantes. Algunos saldaron una deuda pendiente de años sin pisar escenarios colombianos, como el de la banda mexicana Maná. Tuvo que pasar alrededor de una década para que volvieran a tocar en Bogotá y lo hicieron en un festival que convocó a muchos artistas coetáneos que tienen su nombre enmarcado en la historia del rock latinoamericano: Los Fabulosos Cadillacs, Julieta Venegas, Aterciopelados, Babasónicos, Los Auténticos Decadentes y Molotov, entre otras, bandas que, de una u otra manera, conquistaron el corazón de los rockeros alternativos de los años 90. En cambio la relación de ese público alternativo con Maná siempre ha sido distante, por no decir odiosa. No se sabrá cuánta gente de los miles de asistentes asistió el domingo al concierto de Maná, pero lo que registraron las retinas y las cámaras de vídeo fue que la enorme mayoría, grandes y chicos, se saben y cantan sus canciones que son himnos populares. Maná llegó al escenario principal y, sin despeinarse, con su repertorio repleto de hits, demostró que tienen un lugar mayúsculo en la historia del pop de América Latina. Sin tramitar discursos convencionales, con un desparpajo genuino y rock de estadio guiado por el cantante Fernando Olvera y el baterista Álex González, por un instante Maná convirtió al Parque Simón Bolívar en todas las fiestas de colegio de la América Latina de los últimos treinta años, y eso no es poca cosa, es una cosa gigante.

Maná – Festival Cordillera

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