Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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viernes 7 de mayo de 2021
Lido Pimienta

Lo más destacado de 2020 según REDPEM

Tradición de cada año: la entrega de lo mejor de la Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica (REDPEM). Con la consigna de esperar a que 2020 cerrara por completo, veintiocho periodistas vierten aquí sus listas de diez discos predilectos en el año de la pandemia. Algunos de ellos concentran su atención en sus propias geografías, mientras que otros abren su horizonte a lo que aconteció musicalmente en America Latina y España. Eso sí, sonidos por descubrir sobran. Bienvenidos.

 


 

Redpem Raúl Cachay

RAÚL CACHAY (Perú)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia)
«Miss Colombia, el tercer álbum de la colombiana Lido Pimienta, encierra una luminosa paradoja: se trata de un disco personalísimo, que la artista emplea como una suerte de plataforma para dar cuenta de una relación apasionada y ciertamente ambigua, de amor y odio intensos, con su tierra natal; y, al mismo tiempo, es una colección de canciones absolutamente expansiva y de alcance universal, lo que se refleja en su apabullante presencia en prácticamente todos los recuentos de fin de año de los medios anglosajones e iberoamericanos.

La dialéctica entre el origen wayúu de la cantante, artista visual y escritora nacida en Barranquilla y su actualidad como migrante radicada en Toronto, Canadá, que es además la prolongación de una vida inevitablemente curtida por el desarraigo, la misoginia y el racismo desde la misma infancia, se expresa musicalmente a través de una irresistible mixtura de texturas electrónicas y la impronta casi mística de la música tradicional colombiana.

Si en La Papessa, su producción anterior, por la cual obtuvo el prestigioso premio Polaris en 2017, Lido Pimienta ya había dado incontables indicios de su singular talento para fusionar ritmos modernos, arrebatos experimentales y arengas feministas, con Miss Colombia ha dado varios pasos hacia delante y ha confeccionado una épica inflamada de orgullo por las raíces africanas e indígenas de su cultura y muchísima alquimia pop que, además, estuvo bendecida por el sentido de la oportunidad: el álbum apareció a mediados del mes de abril, justo cuando las restricciones de la pandemia se endurecían en todos los países de la región y los melómanos estábamos más urgidos que nunca de buena música y escapismo.

Eso que tú haces, el primer sencillo del disco, entregaba precisamente eso: un estribillo adictivo, una voz llena de posibilidades, una canción pop perfecta. Pero eso solo fue la punta de un iceberg magnífico: en Miss Colombia hay lugar para el ancestral magisterio musical de Rafael Cassiani Cassiani y su Sexteto Tabala de San Basilio de Palenque, pero también para la voz cómplice y contemporánea de Li Saumet, cantante de Bomba Estéreo, quizás la banda colombiana más importante y reconocida de la última década; hay lugar para la herencia de Martina Camargo y el bullerengue, el porro y la tambora, pero también para beats electrónicos que reclaman a gritos una pista de baile. Miss Colombia transita entre orillas opuestas, pero nunca pierde coherencia.

En sus canciones, Lido Pimienta asume una multiplicidad de voces que, ya sea desde el dolor o desde la más pura y beatificante insolencia, buscan congregar los distintos matices y los múltiples estigmas que suelen acompañar la trayectoria vital de las mujeres indígenas y afrodescendientes en Colombia y el resto de América Latina.
La relación profundamente disfuncional entre Lido Pimienta y su país ha dado como resultado una creatura compleja y fascinante. El mejor disco de 2020, nada menos».

Lido Pimienta Miss Colombia

KiCk i, de Arca (Venezuela)
Ubicación en tiempo real, de Barbi Recanati (Argentina)
Edificio, Diles que no me maten (México)
Acts Of Rebellion, de Ela Minus (Colombia/Estados Unidos)
Ninguna ola, de La Maravillosa Orquesta del Alcohol (España)
La Zorra Zapata, de La Zorra Zapata (Perú)
Olorum, de Mateus Aleluia (Brasil)
Oasis, de Daniel Melingo (Argentina)
Farsa (género imposible), de Silvia Pérez Cruz (España)

 


 

Lara López Redpem

LARA LÓPEZ (España)
Hermana, de Víctor Herrero
«2020 ha sido un año lo suficientemente anómalo como para que ustedes me permitan que no me ciña a muchas reglas más. Me piden los responsables diez álbumes y esa es una de las que no me voy a saltar, aunque he de confesarles que hay un par de EPs que me habría gustado incluir y no todos tendrán continuidad en formato de álbum, como es el caso del póstumo de Rafa Berrio, nuestro inconmensurable Brel/Reed, fallecido este marzo. Tres canciones y una antología de poemas y letras de canciones, Absolución, llegaron para secar las lágrimas.

También verán que en mi selección de este año hay un cierto sesgo folk que deviene música antigua. Tengan en cuenta que cerrar las ciudades nos ha devuelto las ganas de vida oxigenada a los aburridos capitalinos. En España ya no hay quien encuentre un alquiler decente en los pueblos cercanos a las ciudades grandes pero –quizá para compensar– hay excelentes registros en este género. Es de agradecer que la manera de abordarlo sea contemporáneo y también que los autores se decanten por todo lo que no suene a electrónica, si me permiten llevarle la contraria al planeta. El nuevo horizonte despejado propicia la escucha de músicas más introspectivas, como las que les propongo, como los bellísimos álbumes de Matthieu Saglio y Taracea.

La lista la abre un disco exquisito y arriesgado de guitarra clásica, eléctrica y portuguesa y una voz que transita por diferentes épocas y tradiciones: gaucha, medieval, lusa, andina, andalusí, británica o mexicana. Víctor Herrero es un músico de formación clásica que recibió estudios de canto gregoriano y música mozárabe en la Escolanía de la Abadía benedictina del Valle de Los Caídos, además de música clásica y polifonía. Nos cuentan, también, que en su adolescencia lideró una banda de rock psicodélico y que, además de publicar discos en solitario, ha colaborado con su pareja musical, la artista norteamericana Josephine Foster o con Luzmila Carpio, Vinicio Capossela, Baby Dee, Keiji Haino o Master Musicians Of Joujouka. Vale, puede que no sean discos para salir a bailar. Pero, como cantaba la Negra Sosa, son de los que en agosto ofrecen enero de carbón».

Víctor Herrero Hermana

Sanación, de María José Llergo (España)
Cantar y batir, de Eliseo Parra (España)
Reflexión, de Las Áñez (Colombia)
Reciente, de El David Aguilar (México)
Para la espera, de Silvio Rodríguez (Cuba)
Farsa (género imposible), de Silvia Pérez Cruz (España)
Saliendo del otro, de Chinoy (Chile)
El camino de los vientos, de Mathieu Saglio (Francia)
Akoé. Nuevas músicas antiguas, de Taracea (España)

 


 

Juan Carlos Hidalgo Redpem

JUAN CARLOS HIDALGO (México)
Acts Of Rebellion, de Ela Minus (Colombia)
«Un disco puede irse infiltrando hasta convertirse en una obsesión, y más cuando se utiliza a la música para convocar a una rebelión pacífica, a una revuelta mental que nos ponga en alerta acerca de lo que la tecnología hace a nuestras vidas… y este es el llamado que hace la colombiana Ela Minus desde Brooklyn, que se pronuncia por liberar la mente, dar prioridad a los sentimientos y a las expresiones humanas antes que a los condicionamientos impuestos por los grandes corporativos (una especie de guerrilla análoga).

Acts Of Rebellion está conformado por diez composiciones que han sido confeccionadas por una prófuga de la Berklee Academy sin utilizar una sola computadora, y que se basan en un sonido deep house y techno que asimila al pop –sobre todo en sus partes vocales– y que alterna español e inglés en sus letras. De tal suerte, que el idioma también forma parte de una expresión política; no deja de ser una emigrante latinoamericana trabajando desde la ciudad que encarna al statu quo.

El álbum se basa en grandes piezas, como They Told Us It Was Hard, But They Were Wrong”, Megapunk y, especialmente, El cielo no es de nadie, uno de esos hits incontestables que le da una pátina de misterio a la parte pasional: Tengo miedo de perderme… en tus ojos y no verte».

Ela Minus Acts Of Rebellion

Mandinga Times, de Rita Indiana (República Dominicana)
Ataque celeste, de El Columpio Asesino (España)
Mango negro, de Rubio (Chile)
Batuco, de Son Rompe Pera (México)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Las montañas, de Delaporte (España)
Sentimiento mundial, de Mint Field (México)
Coplas del andar torcido, de The New Raemon (España)
Mundos, de Mula (República Dominicana)

 


 

Luisa Piñeros Redpem

LUISA PIÑEROS (Colombia)
Acabadabra, de Juan Galeano
«Antes de que el algoritmo me arrojara su análisis a final de año, yo, meses atrás, ya sabía que este iba a ser mi disco de 2020, porque hay discos que son amor a primera escucha y más cuando los días, uno tras otro transcurrieron en la intimidad de casa debido a la inolvidable pandemia. De unos años para acá me he especializado más en escribir, reseñar, recomendar músicas más de corte tradicional y por supuesto hechas en Colombia. En esa ruta dejé de escuchar en buena medida rock y pop, para sumergirme en otras búsquedas.

Siempre estoy viendo en el radar qué hay más allá de mi especialidad o lugar común, pocas veces algo me cautiva y como por arte de magia llegó a mí Acabadabra de Juan Galeano, contrabajista graduado de la Universidad de Rotterdam, Holanda y quien en 2009 debutó con un disco producido por Andrew Loog Oldham (Rolling Stones, Beatles, etc.). A finales de 2011 formó Diamante Eléctrico, banda de rock clave en Colombia. Tras una pausa corta y necesaria con el Diamante, se dedicó a finalizar su disco que ya estaba empezado y al cual pudo dedicarle tiempo para producir desde su nuevo hogar en México.

La importancia de Acabadabra está en las letras. Letras bien elaboradas, son el gran diferencial que tiene este álbum respecto a toda la obra que Galeano ha producido. Hay algo muy poderoso que vale la pena tomarse el tiempo de escuchar porque hay demasiadas emociones compiladas en los treinta y nueve minutos que dura este viaje personal. “El olvido es del que olvida, vivo en tu saliva ya” (Los Eternos).

Fue un álbum que duró un buen tiempo en cocción y desde su estudio en México reunió lo que está pasando en su vida, decantando en historias años de giras, tarimas, escenarios, hoteles, aviones, camerinos, gente. Hay una muy buena pócima rock’n’roll desde la visión de un músico acertado, auténtico y que ha vivido con intensidad los avatares de una carrera poco agradecida.

Lo que más me cautivó de Acabadabra, y lo digo en primera persona, es esa suerte de soledad, decadencia, desamor, esperanza, que se respira en esta producción. Hay un aura de aflicción que bordea las canciones, ejemplo claro es Fe, Madre, El diccionario o Kintsukuroi. Temas con una fuerza increíble en lo musical y doblemente más poderosas en su mensaje.

Galeano es un melómano, un coleccionista con un gusto muy sensible, no en vano en este álbum hay algunos códigos casi secretos que le hacen guiños a artistas que han sido referente para él. De manera sutil logró samplear a Miles Davis, Herbie Hanckock, el músico hindú Hary Prasad, para conjugar esto y mucho más con la música negra de las Américas: blues, jazz, funk; adicionando un poco de cumbia, música indígena, la música de los andes, con un buen matiz de pop y rock, globalizando más este disco que estuvo nominado a los Grammy Latino 2020. Gracias por este disco que llegó para rescatarnos a muchos en días de encierro físico».

Juan Galeano Acabadabra

Un canto por México Vol. 1, de Natalia Lafourcade (México)
Astral, de Savino & Padrino (Colombia)
Cuatro veces diez, de Elsa y Elmar (Colombia)
Compilado Guasá, Cununo y Marimba, de Varios artistas (Colombia)
La ciencia de Juancho, de Juancho Valencia (Colombia)
Animales de Frasco, de Álvarezmejía (Colombia)
La conquista del espacio, de Fito Páez (Argentina)
Sie7e perfecto, de Curupira (Colombia)
Mirla, de Monte (Colombia)

 


 

Homero Ontiveros REDPEM

HOMERO ONTIVEROS (México)
Batuco, de San Rompe Pera
«Bien dicen muchos que lo punk se lleva en la actitud, más que en otra cosa. Así lo muestra esta agrupación del Estado de México que impregna la cumbia, el son, el cha cha cha y la música tradicional mexicana y latinoamericana con aires punketos. Batuco remite a las fiestas en alguna vieja vecindad de la Ciudad de México; sus sonidos llevan cultura popular a través de los diez temas que lo conforman. Esta cultura popular, y la tradición, manifiesta a través de la marimba, instrumento principal de esta agrupación formada por los hermanos Gama, hacen que la naturalidad del proyecto fluya ágilmente. No hay una intentona por mezclar ritmos ni músicas con calzador porque lo que están haciendo es una apropiación musical y no una mera representación.

Desde muy pequeños acompañaban a su padre en eventos sociales, razón por la cual está muy presente la música popular tradicional; pero también están presentes todas las influencias que ellos como jóvenes han absorbido, tales como el punk, el rockabilly y el ska, entre otros. Esta mezcla se hace genuina cuando advertimos que, en lugar de plagar su música de “guitarrazos”, lo hacen con “marimbazos”, sin que por ello pierda fuerza. Al contrario, le da una cercanía con la identificación latinoamericana.

El nombre de esta producción es en honor a su padre, Batuco, marimbero profesional quien les enseñó a comprender y tocar este instrumento musical. Acá se puede notar la influencia de las canciones que tocaban junto a él, cuando eran más jóvenes, para ganarse la vida y, lo más importante: el sello e identidad propia de los hermanos. Esto da como resultado un sonido particular y la firma sonora de Son Rompe Pera.

A pesar de haberse formado apenas en 2017, han logrado tomar poco a poco un lugar dentro de la escena internacional de la cumbia y de la vanguardia. Su colaboración con Chico Trujillo, y haber firmado para ZZK Records es una muestra de ello. Si tenemos o queremos buscarle una definición a Batuco de Son Rompe Pera, bien podríamos decir que es un disco de música tradicional punk y garagera».

Son Rompe Pera Batuco

Cantos de ultramar, de Juan Perro (España)
La conquista del espacio, de Fito Páez (Argentina)
Resabiao, de Jaison Neutra (Colombia)
Criptograma, de Lisandro Aristimuño (Argentina)
La culpa, de Andrés Correa (Colombia)
Animanecia, de San Pascualito Rey (México)
Cera perdida, de Frente Cumbiero (Colombia)
Disco estimulante, de Hello Seahorse! (México)
Roots & Soul, de The Oldians (España)

 


 

Humphrey Inzillo Redpem

HUMPHREY INZILLO (Argentina)
Basta de música, de Martín Buscaglia (Uruguay)
«Alguna vez, el cantautor Fernando Cabrera dijo que en Uruguay cada apellido era un género en sí mismo. Fiel a esa tradición, Buscaglia suma otro mojón a su discografía sublime, que incluye una colaboración indispensable con Kiko Veneno, El pimiento indomable, en 2014. El título de este álbum, del que se ha destacado cierto minimalismo, funciona como un oxímoron: Basta de música es una explosión de sonidos y creatividad. Son nueve canciones que sintetizan el universo que Buscaglia viene construyendo desde hace un cuarto de siglo, con una ambición experimental en un contexto pop, lleno de groove, melodías irresistibles, un ingenio omnipresente que trasciende en una visión del mundo que es, en definitiva, una celebración de la vida.

Buscaglia puede transformar una anécdota de su temporada en Italia en un calipso hilarante (Leroy), coquetear con el r&b (Sencillo), jugar a ser un crooner (Dos patos, a solas con su piano), rendir un homenaje al candombe-plena de Ruben Rada (Me enamoré) que explota en un estribillo de referencia andina y una de esas canciones (Chuza) que son una de sus marcas registradas, que a fuerza de sampleos y ritmo, te ponen en sintonía con la pista de baile».

Cantos de ultramar, de Juan Perro (España)
Raíz, de Maia Mónaco (Argentina)
Orisun, de Damián Nueva (Cuba)
El duelo, de Diego Urcola (Argentina)
Parte de la historia, de Rubén Rada (Uruguay)
Reflexión, de Las Áñez (Colombia)
Sesiones 2017/2020, de La Grande (Argentina)
Tango improvisado, de Franco Luciani y José Colángelo (Argentina)
Sur, de Canela Palacios (Bolivia)

 


 

REDPEM Mercedes Sanz

MERCEDES SANZ (Venezuela)
Cantos de miel y romero, de Andrea Paola
«Es un abrazo con la naturaleza, con el mundo que la vio nacer y crecer, con su niñez, sus sueños, con las tradiciones, con la música venezolana y latinoamericana. Realmente es un abrazo con ella misma. Cantos de miel y romero es el retrato vivo de su creadora: Andrea Paola.

Es su debut discográfico, presentado en octubre de 2020 en las plataformas digitales. Varios ritmos nos presenta la cantautora a través de diez temas, algunos compuestos por ella como el que abre el disco: Para ti, una suerte de merengue caraqueño, con una mandolina y un clarinete que van contrapunteando. Otro de los fuertes del álbum es el formato: mandolina, bajo, clarinete y percusión. A veces hay maracas y guitarra. Sin duda que esta alineación le otorga una sonoridad particular que se completa con la calmada voz de su intérprete. Es una tranquilidad marina. No en vano, Andrea Paola proviene de una zona costera, rodeada de playas, de sol, de frutas que se mencionan como El mango, un merengue oriental de Luis Mariano Rivera. Sabroso comerse un mango en Mi atardecer, un vals; para luego tomar una infusión de Miel y romero, pieza de la cantante que se acerca al tambor de Guatire.

Pero Cantos de miel y romero no es sólo costumbres y estilos musicales venezolanos, sino también se abre a un abanico latinoamericano como la versión de Ritualitos. Es un festejo peruano de la colombiana Marta Gómez –invitada en la placa–, que Andrea Paola lo envenena atravesándole un estribillo oriental. La voz de la artista del hermano país se escucha es Astromelias (de Amaranta Pérez), una poderosa armonía vocal femenina.
Y así cada canción es un retazo íntimo de historias sencillas, llenas de metáforas, como sucede en el poema de Vicente Gerbasi, El acto simple: El olor sideral de la flor del café, el sabor azul de la vainilla, me detienen en el fondo del día».

Andrea Paola Cantos de miel y romero

Cera perdida, de Frente Cumbiero (Colombia)
Anrmal, de Juana Molina (Argentina)
Catálogo de materias pendientes Vol. 1, de Rafa Pino (Venezuela)
Verte antes de fin de año, de Lolabúm (Ecuador)
La Zorra Zapata, de La Zorra Zapata (Perú)
Sorpresa, de Che Pardo (Venezuela/Estados Unidos)
Savia roja, de Las Luces Primeras (Argentina)
Cuando tengo fiebre veo la cabeza de un leopardo magnífico, de Julián Mayorga (Colombia/España)
Bichos, de Monsalve y Los Forajidos (Venezuela/Francia)

 


 

Xavier Valiño REDPEM

XAVIER VALIÑO (España)
Coplas del andar torcido, de The New Raemon
«En sus seis discos anteriores, Ramón Rodríguez ha ido forjando una de las obras más rotundas del pop español. Siempre han estado claras sus influencias de grupos como The Cure o Sunny Day Real Estate, y ahora, en su séptimo disco, el período más oscuro de los británicos se muestra abiertamente en toda su expresión, aunque se despoja de la referencia traduciéndolo a su universo para firmar su trabajo más existencial, complejo y hermoso.

Es ésta su obra más personal y amarga, en la que refleja el drama cotidiano de hacerse mayor, la angustia del hombre ante la incertidumbre y la deriva del mundo, en contraposición a lo que representaba su anterior trabajo, Una canción de cuna entre tempestades (2018), marcado por la luz que aportaba a su vida su más joven retoño.

En esta ocasión, las once canciones de Coplas del andar torcido –título que hace referencia a una casi inapreciable cojera que arrastra, derivada de un accidente de moto en su adolescencia– parten de las acústicas para revestirse con puntuales arreglos electrónicos o notas de violoncello. Ropa mal colgada, En la feria de atracciones, Luna creciente. Todos monumentos viscerales. El árbol de la vida podría ser el mejor resumen de todas ellas: Empezamos a morir al nacer / Luego brota la semilla del miedo / La del ocio crece después… Vivir es cierto / Morir también / La vida quita / La vida da. Hondo en su angustia existencial, excelso en su revestimiento sonoro».

The New Raemon

La historiadora, de Julia de Castro (España)
Si mi rayo te alcanza, de Xoel López (España)
Lo que te falta, de Soleá Morente (España)
Gracias por nada, de Bestia Bebé (Argentina)
Calambre, de Nathy Peluso (Argentina/España)
Recife, 19, de DJ Dolores (Brasil)
Lina_Raül Refree, de Lina y Raül Refree (Portugal/España)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Ulyse, de Gepe (Chile)

 


 

David Cortes Redpem

DAVID CORTÉS (México)
Fragor, de La Barranca
«No es sencillo oponerse a la corriente dominante, pero el grupo comandado por José Manuel Aguilera lo ha hecho continuamente y este disco es una prueba, sólo una.
De unos años a la fecha, en México se vive un revival emanado desde la industria, una revisión en versión sinfónica de los principales éxitos que, durante la década de los 90 fueron la banda sonora de muchos adolescentes (ahora en sus cuarentas o cincuentas).
Hace cuatro años La Barranca llevó a cabo unas presentaciones con la Banda Sinfónica Municipal de Aguascalientes (BSMA) y como resultado aparece este disco que NO es un compilado de esos conciertos, sino un trabajo preparado y pensado ex profeso para un disco.
Destaca que en realidad no es La Barranca al lado de la BSMA. Grupo y Banda trabajaron en nuevos arreglos y cuando fue necesario, incluso se prescindió del grupo o su presencia se minimizó.

Tenemos entonces una música en donde los vientos son los principales protagonistas y en donde cada uno de los revestimientos sonoros evocan diferentes geografías del país llamado México. La tempestad tiene un fuerte sabor a son veracruzano y casi puede olerse en ella la brisa marina. En San Miguel las coloridas fiestas de pueblo son rememoradas con la cadencia de los alientos. Don Julio que en su primera versión se acercaba a la música de banda, aquí reafirma esa vocación. Y en La fuga de Rubén, el arreglo dota a ese tema lento y sensual de una dosis de majestuosidad, de un rotundo cuerpo sonoro.

No es fácil regresar al pasado y salir victorioso del viaje, pero La Barranca demuestra que se puede ir hacia atrás y encarar el pasado de, valga la contradicción, forma novedosa. Es tal el “atrevimiento”, que el álbum incluye una versión a La resistencia, composición aparecida en el primer y único trabajo de Sangre Asteka, la banda de Aguilera previa a La Barranca».

La Barranca Fragor

Ataque celeste, de El Columpio Asesino (España)
Animanecia, de San Pascualito Rey (México)
Entre la niebla, de La Barranca (México)
Lo que te falta, de Soleá Morente (España)
Cantos de ultramar, de Juan Perro (España)
Atem: Piezas para acciones e instalaciones (1999-2019), de Rodrigo San Martín
Sentimiento mundial, de Mint Field (México)

 


 

Fernando Rosa Redpem

FERNANDO ROSA (Brasil)
Naka & Os Piranha, de Marcelo Nakamura
«Marcelo Nakamura trae un nuevo mundo sonoro y poético al escenario de la música de Brasil, la música del estado del Amazonas, al norte de Brasil. Como una especie de Raúl Bopp moderno, produjo su musical Cobra Norato. Okey, más modesto, porque al final la obra del modernista Bopp es el mayor poema épico brasileño. Pero, tal como Bopp, él se sumerge en el mundo amazónico moderno, con sus historias, costumbres, leyendas, peces y condimentos. Bautizado Naka & Os Piranha, el segundo disco de Nakamura es la gran novedad de la música brasileña actual.

El primero, Psycho Bagaceira, presentaba a un compositor más cercano a la cultura tradicional de la región. En este segundo, lanzado a finales de 2020, Nakamura inyecta tonos contemporáneos a la típica sonoridad de la zona. Son cantos, cumbias, boleros, música brega de cara a 2021. Loas músicos Remi Chatain, productor y saxofonista, en beats y sintetizadores y el percusionista Bruno Duarte, además de otros invitados, garantizan la fidelidad a los sonidos propios de la región. En Berço da selva, una de las canciones del disco, define su postura en defensa de la música, de la cultura, pidiendo “respeto a su lugar”, la forestación del Amazonas. Marcelo Nakamura es candidato a romper fronteras con su música, en especial con este disco».

Marcelo Nakamura

Do meu coração nu, de Ze Manoel (Brasil)
Rastilho, de Kiko Dinucci (Brasil)
Pra toda superquadra ouvir, de Beto Só (Brasil)
Roubaram tudo, de Exclusive Os Cabides (Brasil)
Voto de Silêncio / Horror Vacui, de Dolores Fantasma (Brasil)
Estreite, de Josyara & Giovani Cidreira (Brasil)
Contracorrente, de Andrio Maquenzi (Brasil)
Nó sem ponto II, de Taco de Golfe (Brasil)
Verões e eletrodomésticos, de Cidade Dormitório (Brasil)

 


 

Enrique Blanc Redpem

ENRIQUE BLANC (México)
Rastilho, de Kiko Dinucci (Brasil)
«Me atrevo a asegurar que Kiko Dinucci es hoy por hoy uno de los músicos más destacados de Brasil. Distinción a la que puede llegarse si se suman los logros que el compositor, cantante, productor y virtuoso guitarrista radicado en São Paulo ha ido cosechando en una carrera por demás productiva; es decir los trabajos que ha elaborado de la mano de proyectos como Metá Metá y Passo Torto, a la par de sus colaboraciones –en el rubro de la producción e instrumentación– para la renovada Elza Soares. A ello hay que agregar sus discos como solista, entre los que se encuentra este Rastilho.

Uno de los rasgos distintivos de Dinucci como músico es el sonido inconfundible que tiene su guitarra, lo mismo la eléctrica que la acústica, las dos vertientes en las que bifurca su rol como compositor. Si Cortes curtos, el disco que dio a conocer en 2017, optaba por hacer de la primera su hilo conductor, Rastilho exhibe una querencia más hacia lo acústico, ámbito en el que de igual forma Dinucci destila talento a raudales. Hay en éste samba, como en la alegre Voy batendo o pie na terra; experimentación guitarrera como en la apropiadamente titulada Dadá –con la voz extraterrestre de Ava Rocha–; evocaciones al ludismo musical de Tom Zé, como sucede en Veneno; canciones de aire nostálgico como Habitual, a la par de escalofriantes instrumentales –ExuOdara y Marquito– que sitúan a su autor al lado de los grandes instrumentistas de las seis cuerdas de su país como Roberto Menescal y los Indios Tabajaras por mencionar algunos.

Rastilho aporta una nueva vertiente a la paleta musical de un creador que, a estas alturas, nos ha mostrado el filo de varias navajas, a las cuales ha sabido dar el brillo que nutre una obra de amplitud estilística, confeccionada con la riqueza de recursos que Dinucci tiene a mano».

Kiko Dinucci Rastilho

Acts Of Rebellion, de Ela Minus (Colombia/Estados Unidos)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Lo que te falta, de Soleá Morente (España)
Entre la niebla, de La Barranca (México)
Mango negro, de Rubio (Chile)
Reciente, de El David Aguilar (México)
Mandinga Times, de Rita Indiana (República Dominicana)
Cantos de ultramar, de Juan Perro (España)
Batuco, de Son Rompe Pera (México)

 


 

Diego Londoño Redpem

DIEGO LONDOÑO (Colombia)
Letanías del jardín, de Margarita Siempre Viva
«Margarita Siempre Viva es una banda que impacta. O por los menos eso me ha sucedido con los múltiples encuentros que he tenido con ellos. Su vestimenta, su irreverencia, su juventud avasalladora y esas ganas que se les ven en los ojos de comerse el mundo con guitarras e historias inolvidables. En su nuevo disco, Letanías del jardín, lograron materializar el sonido de una época, y sin pretensiones se empiezan a convertir en la nueva sangre no sólo del rock en Colombia sino en Iberoamérica.

Sus letras sencillas, de cotidianidades reales y no infladas, de amores callejeros y no de película, son una radiografía de lo que puede ocurrir en las calles de Medellín, su ciudad, o de otras ciudades como Buenos Aires, Madrid, Santiago, Lima o Ciudad de México. Este disco guarda la nostalgia rocanrolera de los años 90, la exploración de lo instrumental, el protagonismo del garage rock sumado a ese sonido característico y construido con valentía; con los coros al unísono, afinados pero queriendo desafinar; con las con guitarras hermosamente brillantes y con un suave overdrive que confunde la distorsión y la intención acústica.

Al escuchar Letanías del jardín de Margarita Siempre Viva, nos acercamos de manera fiel al sonido que nos presenta el nuevo rock latinoamericano. Ellos, despacio y con buena letra, si no se bajan del barco, están construyendo y haciendo realidad su sueño: ser la banda joven que promete convertirse en un gran referente del rock en nuestro idioma. Los años lo dirán».

Margarita Siempre Viva

Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Reflexión, de Las Áñez (Colombia)
La conquista del espacio, de Fito Páez (Argentina)
La fórmula del mambo, de La Ciencia de Juancho Valencia (Colombia)
Esmeraldas, de Crudo Means Raw (Estados Unidos)
Cumbiana, de Carlos Vives (Colombia)
Calambre, de Naty Peluso (Argentina/España)
Carisma, de Salt Cathedral (Colombia)
Resabiao, de Jaison Neutra (Colombia)

 


 

REDPEM Kristel Latecki

KRISTEL LATECKI (Uruguay)
La vida real, de Inés Errandonea
«Está en cuarentena e Inés Errandonea intenta abrazarse a sí misma. Intenta dos, tres, cinco, diez veces. Para el final del vídeo de Anti radar, logra que sus dedos medios se rocen alegremente. En ese visual dirigido por ella, Inés representa el tedio y la rutina del encierro, pero también evoca temas que se desarrollan luego en La vida real, su excelente disco de debut.

Captura la belleza de la honestidad brutal, del enojo absoluto, de las miserias y los costados más oscuros que tenemos. Es mirarse de frente, sin tapujos, y a pesar de todo, poder abrazarse sentidamente. Es ser un saco de odio y una canción de amor; un grito colectivo de desesperación en un bosque; un cachete pegado contra el vidrio detrás del cual ves los días pasar; o una frutilla que hace las veces de lengua.

Grabado junto a Juanito el Cantor en Buenos Aires, crearon un álbum redondo, donde las canciones llevan las ornamentaciones justas para hacer lucir la interpretación y el contenido. Sea con coros como trompetas y solos de bajo y cencerro como en Círculo o como la brillante La moneda, con el baterista Marcelo Von Schultz creando una percusión que afila el sonido y se desarma sobre la suavidad de unos violines.
La vida real se luce como la vida misma, en el equilibrio de los reveses y negatividades con la riqueza sonora, la gracia y la creatividad de sus letras».

Inés Errandonea

Sankofa, de AVR (Uruguay)
Vendrás a verte morir, de Buenos Muchachos (Uruguay)
Entre luces de cielos, de Plomo (Uruguay)
Días así, de Eli Almic (Uruguay)
Formula, de Eros White (Uruguay)
Canciones de amor para el fin del mundo, de Franny Glass (Uruguay)
Hybrida, de Kira1312 (Uruguay)
Limerencia, de Lila Tirando a Violeta (Uruguay)
Los sueños de los otros, de Mariano Gallardo Pahlen (Uruguay)

 


 

Redpem Umberto Pérez

UMBERTO PÉREZ (Colombia)
La culpa, de Andrés Correa
«Como las piedras preciosas, algunos discos se esconden entre el ruido mediático que brota entre la prensa, las redes sociales, las plataformas de streaming y los planes promocionales de las disqueras –sí, aún causan efecto. Algunos encuentran su lugar en la historia con el paso de los años y el silencio crítico; otros, como las piedras preciosas, brillarán para unos pocos. Eso es el octavo álbum del cancionista bogotano Andrés Correa: una piedra preciosa.

En once canciones que apenas sobrepasan la media hora, Correa deja claro, una vez más, que su obra es de calado hondo, incluso cuando algunas de sus letras bordan levedad pero devienen follaje. Aunque sin aparcar su vena acústica, y asumiendo por primera vez la producción total de un disco suyo, en esta ocasión vuelve a andar caminos eléctricos en donde tan bien ha cosechado buenos frutos, apelando a sonoridades de pop, rock, jazz, canción de cuna, música de cámara y texturas electrónicas para concretar con todo ello y la ayuda de amigos continentales como Alejandro y María Laura, El David Aguilar, Ulises Hadjis, Sandra Corizzo y Darío Jalfin, entre tantos, un disco claro, íntimo y poderoso que vuelve a poner de manifiesto a un autor audaz que fija su mirada atenta en grietas en donde los demás no encuentran nada, para adentrarse en lo más oscuro del ser, celebrar las emociones colectivas y hacer brotar luz y sangre».

Andrés Correa

Reflexión, de Las Áñez (Colombia)
Avaiario, de Balandra (Colombia)
No tire tanta bala, de Distrito Especial (Colombia)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Cumbia Siglo XXI, de Meridian Brothers (Colombia)
Agrupación Changó, de Berejú (Colombia)
Cera perdida, de Frente Cumbiero (Colombia)
Cuando tengo fiebre veo la cabeza de un leopardo magnífico, de Julián Mayorga (Colombia/España)
Epifanía pop, de Tricófero de Barro (Colombia)

 


 

Betto Arcos Redpem

BETTO ARCOS (México/Estados Unidos)
Nanas consentidoras, de Victoria Sur (Colombia)
«Una manera de afrontar los tiempos tan difíciles y complicados que vivimos actualmente es con música que nos envuelva y arrope, y sobre todo que nos ayude a valorar el privilegio de vivir. Esa fue la sensación cuando escuché Nanas consentidoras, el nuevo álbum de la gran cantautora colombiana Victoria Sur. Desde el primer tema, Nana del despertar, hasta el último, Qué sencillo, escuchar estas nanas es como entrar a un bosque encantado, caminar y escuchar el canto de las aves y encontrarse con una hada que nos recibe cantándole a la vida.

Victoria Sur describe así el tema final del álbum: “En esta canción, que es además la más extensa, describo momentos vividos con mis hijos en este año extraño y singular para el planeta, que nos llevó redescubrirnos en una convivencia completa. Inventos, experimentos, desayunos creativos, atardeceres juntos y sobre todo el retorno al disfrute y aprecio de lo sencillo es lo que se cuenta en esta canción: Qué sencillo y hermoso es vivir. ¿Qué más podemos pedir hoy?».

Victoria Sur

Reciente, de El David Aguilar (México)
Reflexión, de Las Áñez (Colombia)
Rendezvous, de Vico Díaz (México)
Desde el fondo, de El Cuatro (Colombia)
Batuco, de Son Rompe Pera (México)
Te lo dije, de Harold López-Nussa (Cuba)
La noche de los dioses, de Tino Contreras (México)
A los cuatro vientos, de Eugenia León (México)
Para la espera, de Silvio Rodríguez (Cuba)

 


 

Lucho Pacora Redpem

LUCHO PACORA (Perú)
Paracas Ritual, de Manongo Mujica & Terje Evense
«Las sombras se visten de arena. El sol, omnisciente, ejerce su bravura. Las aves marinas sobrevuelan y bailan con vientos milenarios. La tersa tela enrojecida del desierto se expande ondulada y erótica por el horizonte. En el desierto de Paracas los vientos hablan. Lloran. Conversan. A veces cantan. Muchas veces invocan. Al sol, al cielo, al Océano Pacífico. A los ancestrales espíritus que habitan este onírico territorio desde los albores de la tierra. A los primeros hombres que se asentaron en este territorio, en un proceso de mimesis con el entorno natural, que les permitió comprender el lenguaje del viento. Los vientos Paracas. Hijos de los sureños Alisios. “Lluvia de arena” como le decían los antiguos peruanos en lengua quechua.

Hasta estos parajes viajaron Manongo Mujica y Terje Evensen, dos músicos e investigadores sonoros. Un peruano y un noruego de distinta generación pero mismo afán por explorar los orígenes del sonido, por recrear el impresionismo sensorial que produce caminar por la ardiente arena de este desierto, envueltos en mantos de arena, saboreando la salinidad del océano, con paisajes propios de algún sueño lento y cósmico. Con el disco doble Paracas ritual, editado por el imprescindible sello peruano Buh Records, Manongo y Terje se convierten en médiums de un trance surrealista que nos permite transmutar en nuestra condición de polvo y arena, para recorrer el paisaje sonoro que ejecuta, desde las primeras noches del universo, su más antiguo intérprete: el viento.

Ubicada al sur de la capital peruana, la Reserva Nacional de Paracas comprende un vasto territorio donde se halla uno de los desiertos más áridos del mundo y uno de los ecosistemas marítimos más importantes del planeta, utilizado por millones de aves y animales marinos, en su largo y extenuante recorrido migratorio. Aquí también se asentaron, hace miles de años, comunidades humanas cuya exponente más destacada fue la cultura Paracas, excelsos habitantes precolombinos que dominaron las ciencias médicas, la cerámica y el arte textil, manifestando en todos ellos su profunda conexión con el territorio.

“Nosotros somos como oídos que caminan en silencio para descubrir este paisaje” dice Manongo, legendario percusionista, compositor y artista visual peruano, quien luego de formar parte de bandas esenciales en la historia de la música moderna peruana (Los Mads, PeruJazz, etc.), se dedicó a investigar y recrear la herencia sonora de las antiguas culturas del Perú, aquellos milenarios músicos para quienes el sonido no era un goce estético sino una forma de comunicarse con sus dioses. Paracas ritual es también una defensa del patrimonio cultural del Perú”, agrega el maestro, incidiendo en el peligroso desconocimiento de los peruanos respecto a su propia riqueza cultural, penosa ausencia que en 2020 puso en grave riesgo la bahía de Paracas, ya que mientras Manongo y Terje realizaban su personal cuarentena explorando el desierto, una empresa privada comenzó a construir un almacén de minerales tóxicos en una zona intangible de la reserva.

En tan solo cuatro temas de aproximadamente veinte minutos cada uno, Manongo y Terje componen este díptico donde el free jazz, el avant-garde y demás casillas musicales se diluyen en un libre devenir sonoro de dos extraordinarios artistas que parecen haber grabado este disco más como poetas surrealistas que como músicos experimentales. Si convenimos que toda música es esencialmente experimental, podremos liberarnos de las inútiles ataduras convencionales de los géneros y entregarnos a esta magnífica experiencia sónica cuyo legado es invaluable».

Paracas ritual

A capella, de Susana Baca (Perú)
Discos en 3/Cuartos, de Varios artistas (Perú)
¿Si le doy zoom, puedo ver África?, de Kanaku y El Tigre (Perú)
Oriente Trío, de Oriente Trío (Perú)
Drama, de Andrea Martínez (Perú)
Cimora, de Tomás Tello (Perú)
Bomba mágica meravigliota, de Fútbol en la Escuela (Perú)
Rojo, de Rü (Perú)

 


 

Redpem Jose Fajardo

JOSÉ FAJARDO (España)
La historiadora, de Julia de Castro
«2020 ha sido el año de la ruptura generacional de la música en España gracias a la recuperación de las tradiciones desde una óptica contemporánea. Lo que antes era percibido como casposo, subterráneo o anticuado, ahora es signo de buen gusto. En esa revisión de la idiosincrasia nacional (desde la iconografía ibérica a partir del cine de Bigas Luna y Pedro Almodóvar hasta costumbres como la tauromaquia y sonidos como la copla) Julia de Castro ha jugado un papel fundamental.

Tras su etapa resignificando el cuplé en el proyecto De La Purissima junto al contrabajista y compositor Miguel Rodrigáñez, con su debut en solitario logra capturar el signo de los tiempos, actualizando el folclore local con una mirada hacia Latinoamérica. Camilo Lara (Instituto Mexicano del Sonido) juega un papel esencial en este disco abierto de miras donde también colaboran el guitarrista flamenco Paco Soto, además de Calexico y la Orkesta Mendoza, desde Tucson (Arizona).

Es una obra transgresora y libre como su autora, pura provocación que juega con el concepto de feminismo bajo una óptica muy personal. Cada canción es un universo propio donde esta artista total (también es actriz, escritora, investigadora e historiadora del arte) imprime su carácter, reflejando sin pretenderlo el espíritu de la época que le ha tocado vivir al son de la cumbia fronteriza, la canción romántica, el neo bolero, la zarzuela para el Siglo XXI. Un trabajo que alcanzará toda su fuerza a lo largo de 2021 en directo siempre que la vacuna se lo permita».

Julia de Castro La historiadora

Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Ella, de La Dame Blanche (Cuba/Francia)
Mandinga Times, de Rita Indiana (Republica Dominicana)
Ghetto Kumbé, de Ghetto Kumbé (Colombia)
Sin miedo, de Kali Uchis (Colombia/Estados Unidos)
Inside Vol. I-II, de X Alfonso (Cuba)
Regresa, de Buscabulla (Puerto Rico)

 


 

Redpem Zoila Antonio

ZOILA ANTONIO (Perú)
Tardes, de Sebastián Gereda
«La tercera producción de Sebastián Gereda, Tardes, nos demuestra el camino y la madurez musical que el artista ha encontrado entre Buenos Aires y Lima, dos de las capitales que lo vieron crecer artísticamente. Desde los primeros segundos nos damos cuenta que no es un álbum cualquiera. Con estilo propio, no sólo se limita a adaptar el pop argentino y volverlo peruano, sino que también acomoda el r&b y el soul, visibilizado con un saxofón interpretado por Raúl Blas, con la caja de ritmos y sintetizadores, que dan un acabado más profesional y creativo a los temas.

Además, sigue el patrón que ha imperado en cantantes en el año que acaba de terminar: la vuelta de las melodías ochenteras, lo cual matiza y encaja con su voz suave y delgada, a comparación de sus anteriores trabajos más enfocados al rock alternativo con Gris Volta (Perú) y Van Der Swami (Argentina).
Otro de los aspectos a destacar es que, Tardes, sabe posicionar, en diez canciones géneros tan actuales como el hip-hop (junto al peruano Diego Trip), funk, bedroom pop o indie pop con sonidos de finales de los años 90 e inicios de los 2000 e, inclusive, con samples de música neoclásica como del ruso Ígor Stravinski. Atrevimiento y experimentos que definitivamente tuvieron resultado, destacando a Gereda entre los músicos y músicas peruanos actuales.

Y si esto no fuese poco, su oído y nivel vocal se juntan para rendir homenaje a personajes importantes de Argentina y Perú al incluir un extracto de una entrevista a Charly García en No sé cómo te vi, y mezclar poemas de Blanca Varela y Alejandra Pizarnik en Voiles, pieza que nos deja con el entusiasmo de escuchar sus próximos lanzamientos y con la promesa de que siempre se puede superar al predecesor».

Sebastián Gereda

KiCk i, de Arca (Venezuela)
Acts Of Rebellion, de Ela Minus (Colombia/Estados Unidos)
Mandinga Times, de Rita Indiana (República Dominicana)
Un canto por México, de Natalia Lafourcade (México)
YHLQMDLG, de Bad Bunny (Puerto Rico)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Postguerra, de Dafne Castañeda (Perú)
Terror en el autocine, de Mitimitis (España)
Triángulo de amor bizarro, de Triángulo de amor bizarro (España)

 


 

Rafael Escalona Redpem

RAFA G. ESCALONA (Cuba)
Inside Vol. I-II, de X Alfonso
«Hay artistas con mundos excepcionales, que trascienden los tradicionales estancos del arte no como ejercicio de marketing transmedia sino porque ese gesto fluye en ellos de manera natural. Por lo general resulta imposible clasificarlos, viven al margen de las etiquetas y los tiempos del mercado, sus carreras rara vez siguen la pauta del deber ser de un artista en los tiempos que corren.

Este año tuvimos la rara suerte de que viera la luz el trabajo de uno de ellos, el cubano X Alfonso. Tras un largo hiato en materia de lanzamientos –lleva un lustro llevando adelante el centro cultural más interesante de La Habana: la Fábrica de Arte Cubano–, a finales de 2019 comenzó a publicar todos los meses una serie de sencillos que un año más tarde han terminado convirtiéndose en Inside Vol. I-II, un álbum doble con dieciocho temas en los que explora la condición humana desde todos los registros posibles.

Cantos abakuá, trap, música de cámara, trip-hop, conga, reggae, metal, rap y balada son algunos de los ingredientes a los que echa mano X para armar un disco coral, desconcertante en ocasiones, en el que, a pesar de su exuberancia, es posible encontrar un camino conductor: las reflexiones de madurez de un hombre alarmado por los caminos que ha tomado la humanidad –y específicamente su sociedad– en este siglo; y su confianza irrenunciable en que el amor y la bondad son la receta para todo mal. En un mundo en el que la desidia parece tragárselo todo, las canciones de X Alfonso aletean como mariposas esperanzadoras».

X Alfonso

Mandinga Times, de Rita Indiana (República Dominicana)
YHLQMDLG, de Bad Bunny (Puerto Rico)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Neovalladolor, de Erik Urano (España)
Un canto por México, de Natalia Lafourcade (México)
Farsa (género imposible), de Sílvia Pérez Cruz (España)
Sanación, de María José Llergo (España)
Cumbia Siglo XXI, de Meridian Brothers (Colombia)
Calambre, de Nathy Peluso (Argentina/España)

 

 


 

Redpem Mavi Martínez

MAVI MARTINEZ (Paraguay)
Hello Darlings, de Darlings
«Hay sonidos que remiten a tiempos o épocas específicas, que exudan nostalgia pero por representar un tiempo que supo tener un sello. En Retromanía, el periodista musical, historiador e investigador británico Simon Reynolds esboza un concepto llamado “hauntología”, en la que habla de “una forma de nostalgia autoconsciente, emocionalmente ambivalente”.

Pero ¿cómo podemos extrañar o sentir nostalgia respecto a un tiempo que no vivimos? O ¿cómo incluso podemos retratar una época sabiendo que el tiempo corre y no podemos detenerlo? Es allí donde la música cumple el rol fundamental de dejar registro, de encapsular momentos en el éter sonoro. Es eso lo que hace Darlings en su disco Hello Darlings. Saca de paseo a paletas sonoras dignas de la osadía de Pet Sounds o la picardía de Smile, trabajos que se debieron a la sensibilidad e inventiva de Brian Wilson. Ese mismo espíritu se traslada a los Darlings, quienes entregan canciones entre el español, el guaraní y el inglés con mucha experimentación, juegos, pero también con suficiente corazón para estremecernos. Es así como el proyecto está “poseído” por ese espectro musical, sin dejar que eso delimite o marque el camino, sino construyendo uno propio en los cimientos del homenaje a ese nombre que hizo mucho por la música, y a quien la música le salvó.

Abrazando una asumida melancolía, Mar Pérez y Nelson Sosa (amigos desde niños) rinden culto al pop orquestal de los 60, bajo la producción de Aharon Emery. Todos paraguayos, en quienes estos sonidos calaron hondo y para quienes la música es una celebración del tiempo presente, pero con respeto al pasado. Lo lúdico es clave en este trabajo de siete dulces temas en los que se explora con diferentes instrumentos: sintetizadores, flauta traversa, órgano positivo, piano, percusiones, guitarras, fagot, trombón, tuba y hasta un órgano Farfisa. El grupo convocó invitados como Javier Abad, Diana Quiñónez, Camilo Espínola, Ana Díaz, Fernando Villalba y otros.

Un trayecto musical en el que es palpable un menor enfoque en lograr la perfección, así como una búsqueda de emoción. Los temas nos mecen como canciones de cuna. Desde su inicio, Hello Darlings, que eriza la piel, representa el pasaje al mundo Darlings; un mundo donde también hay lugar para volver a soñar con la infancia que seguimos llevando de la mano (Bambino), ya sea que pensemos en nosotros como niños o quizás en un perro que tuvimos y ya no está, pues el cuento es nuestro y nosotros lo escribimos. En ese mundo también cerramos los ojos y volamos en un viaje fractal y onírico a lo Tim Burton (Colour Paper), o nos reconciliamos con la distancia (Green Feel). O bien, nos sentimos “blue” y nos dejamos llevar por la nostalgia del amor correspondido (I’ve Found Love) y nos internamos en las profundidades de la naturaleza que nos recuerdan que sufrir y sentir son parte del viaje (El viento y las aves). Goodbye Darlings, más que cerrar una puerta, deja abierta varias, ya que después de sumergirnos en esta hermosa locura creada en Paraguay queremos más, y eso nos deja a la expectativa de lo que será su próximo disco.
Sí, siempre me pregunté qué es el tiempo. Y este álbum es una de tantas respuestas a esa pregunta».

Darlings

Millones, de Ainda (Argentina)
La fuerza, de Paz Court (Chile)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Microfantasías, de Trío Blue (Paraguay)
Ñu beat, de Polka Stereo (Paraguay)
Aipota, de Karai Guazu (Paraguay)
Me fui todito… pero ya volví, de Bossa Mba’e (Paraguay)
Hecho en casa, Vol. 1, de Diego Zarza (Paraguay)
Jahati, de Firualis (Paraguay)

 


 

Jaime Andrés Monsalve Redpem

JAIME MONSALVE (Colombia)
Quinteto con voz, de Quinteto Leopoldo Federico
«El día de enero de 2013 en que Giovanni Parra decidió pedirle autorización a Leopoldo Federico para bautizar con su nombre a la formación en quinteto que conformó en su natal Bogotá, la respuesta inmediata del patriarca no pudo resultarle más sorprendente. Ni un sí, ni un no: “¿Por qué yo?”, fue la contrapregunta de Federico, esgrimida por encima de sus gruesos lentes tras su escritorio en la Sociedad de Autores y Compositores argentina. “¿Qué méritos he hecho yo para honrarme así?”, recuerda todavía con incredulidad Parra haberle oído. ¡Y vaya méritos! Figura central del tango donde las hubo, el “Gordo” Federico trabajó durante setenta años al servicio de aquella música como uno de sus más eximios ejecutantes del bandoneón y directores de orquesta, desde su paso por agrupaciones ajenas hasta sus propias formaciones en trío, orquesta típica y solista, pasando por su trabajo al lado de Astor Piazzolla en su Octeto Buenos Aires, a mediados de la década de los 50, y por haber sido el responsable de la orquesta que acompañó a la última gran leyenda masculina del género en lo vocal, el uruguayo Julio Sosa.

Parra, por supuesto, no tuvo que refrescarle la memoria: un par de segundos después, estaba claro que el suyo sería el Quinteto Leopoldo Federico. El joven acordeonista bogotano Giovanni Parra Huertas había llegado hace algunos años a Buenos Aires para perfeccionarse en la ejecución de ese otro instrumento, el tanguero bandoneón, luego de enamorarse perdidamente de su sonido a través de la música de Astor Piazzolla. Luego conoció a los grandes valores del tango, algunos de los cuales incluso departieron con él en alguno de los recitales que efectuó en la fila de fueyes de la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce, donde aprendió los diferentes estilos del género.

Tres trabajos discográficos ha lanzado desde 2015 el Quinteto Leopoldo Federico, y cada uno de ellos ha contado no sólo con el aval del público sino con sendas nominaciones al Grammy Latino, una dignidad que nunca sobra. Cada uno de los discos del colectivo supone la concreción de un sueño particular para Parra y equipo, quienes con todo el conocimiento de los yeites tangueros se han ido decantando poco a poco hacia la ejecución de la música andina colombiana, acaso algo más cercana a lo que en Argentina llaman y pronuncian literalmente “folklore”, pero provista de una maleabilidad tal que hace ver al bandoneón de Parra como un instrumento endémico, como si siempre hubiera hecho parte de la organología del sonido interiorano en Colombia, protagonizado desde tiempos inmemoriales por instrumentos de cuerda.

Quinteto con voz es el nombre de la grabación que en 2020 nos volvió a enfrentar a todas esas influencias conjuntas, sumando a ello, como bien lo dice el título del álbum, la presencia de un nutrido grupo de cantantes invitados, en su gran mayoría mujeres. Desde un principio, Parra buscó una sonoridad en bloque, con la calidez de la presentación en vivo, y para ello contó con el apoyo del Teatro Roberto Arias Pérez, de Bogotá, entre el 23 y el 25 de septiembre de 2019. Allí se escuchó por primera vez en público la extraordinaria variedad de texturas en clave de bambuco, pasillo, danza, canción, vals, guabina y bambuco sureño que conforman este disco, con el apoyo vocal de la plana mayor de la canción de autor independiente en Colombia: Marta Gómez, Natalia Bedoya, Victoria Sur, María Cristina Plata, Laura Mayolo, el Dueto Primavera y otras cinco colegas, con el aporte adicional de los cantautores Lucio Feuillet y César López. Cada uno de ellos eligió una pieza propia o ajena, para ser recreada con el apoyo de un grupo de arreglistas claves dentro de la nueva música andina colombiana, músicos veteranos que desde un principio han agradecido la inquietud del joven Giovanni Parra por enriquecer armónicamente esos géneros tradicionales con lo que Cátulo Castillo llamó el “rezongo lerdo” de su bandoneón.
Pese a 2020, hubo música. Y este disco, conmovedor, elocuente y maduro, me hizo menor el ruido en los oídos y más leve la opresión en el pecho».

Quinteto Leopoldo Federico

Minyo cumbiero, de Minyo Crusaders & Frente Cumbiero (Japón/Colombia)
A capella, de Susana Baca (Perú)
Reflexión, de Las Áñez (Colombia)
Batuco, de Son Rompe Pera (México)
Cumbia Siglo XXI, de Meridian Brothers (Colombia)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Mandinga Times, de Rita Indiana (República Dominicana)
Siete perfecto, de Curupira (Colombia)
La locura de Machuca, Compilado (Colombia)

 


 

William Padrón Redpem

WILLIAM PADRÓN (Venezuela)
Sorpresa, de Cheo
«Antes de la pandemia, hubo una Sorpresa (Nacional Records) mucho más agradable: La del debut en solitario como cantante del ex guitarrista de Los Amigos Invisibles. El también productor José Luis Pardo nos entregó una decena de temas que recupera el instinto sonoro de este multifacético músico. Dance, funk, house, bossa nova, salsa, bolero, guaguancó y una hipnotizante gama de sonidos que se entrelazan en un único proyecto personal. Todo esto se manifiesta con el uso preciso, distorsionado a ratos, de su guitarra y una voz desparpajada.
Un trabajo gestado inteligentemente desde una lírica divertida, ligera y reflexiva de la cotidianidad; sigiloso en su concepción, exquisito e inesperadamente necesario para estos tiempos de agite mundial.
Es la síntesis del ADN artístico de Cheo (a.k.a. DJ Afro) y el comienzo de una faceta en la que volverá a girar cuando regresen los shows, pero con su nombre a cuestas, como el frontman que se cuelga la guitarra y dirige la banda, asumiendo el protagonismo que por años se negó a afrontar».

Cheo Sorpresa

La fórmula del mambo de La ciencia, de Juancho Valencia (Colombia)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Relato, de Vicente Sanfuentes (Chile)
Ubicación en tiempo real, de Barbi Recanati (Argentina)
Dealers In Caracas, de McKlopedia & Orestes Gómez (Venezuela)
Mal, de Benjamín Walker, Yorka & Hakana (Chile)
De donde vengo, de La Pagana Trinidad (Venezuela)
Paranoia pop, de Bándalos Chinos (Argentina)
Tiempos raros, de El Shirota (México)

 


 

REDPEM Cristóbal González

CRISTÓBAL GONZÁLEZ (Chile)
Huellas, una vida en vivo, de Joe Vasconcellos
«En 1999, Joe Vasconcellos acumulaba una década de carrera como solista en Chile. Aunque ya el cantante y compositor era bastante conocido por el público local, tras su paso por el mítico grupo Congreso –en el cual participó entre 1980 y 1984–, no fue sino hasta el retorno de la democracia, en el año 90, que logró consagrar su nombre y un repertorio potente que lo instaló como uno de los referentes musicales de la década.

Vivo (EMI, 1999), el disco en concierto de su consagración, resumió lo mejor de su obra y es el mejor documento de la comunión que Joe construyó con su público en esa década. Fue el disco que lo llevó a llenar dos Velódromos del Estadio Nacional (sumando 40.000 espectadores), al Festival de Viña del Mar, a sus grandes giras nacionales y a la divulgación en el exterior de su propuesta, esa atractiva fusión de rock, pop, blues, música de Brasil, tambores y folclore latinoamericano.

Veinte años después, Joe y su equipo conmemoraron aquel momento con el estreno del documental que da cuenta de lo que fue el fenómeno de Vivo; pieza que circuló por festivales y que hoy está disponible de forma gratuita. Además, lo celebraron con un show en el Movistar Arena de Santiago, en noviembre de 2019, con importantes invitados y una energía única al tratarse del primer masivo que se realizaba en esa ciudad luego del estallido social del mes de octubre. Y es que la fuerza del estallido obligó al mundo del espectáculo a realizar una pausa entre octubre y noviembre; en las fechas en que se hizo el evento.

El año pasado se editó Huellas, una vida en vivo, un álbum que resume lo que fue esa increíble jornada y el concierto conmemorativo. El registro es pura emoción. Es Joe acompañado de una orquesta de primer nivel, dirigida por el maestro Marinho Boffa (que dirigió su banda en los 90), acompañado por una constelación de voces nacionales.

El show fue generoso: Valparaíso, el clásico del Gitano Rodríguez, cantado por Joe, Los Jaivas y Congreso (un momento único que lamentablemente no está en el disco, pero que puede verse en Youtube); Ciudad traicionera, junto a Macha de Chico Trujillo; Huellas, cantando junto a Camila Gallardo, una de las grandes voces femeninas presentes esa noche junto a Denisse Malebrán y Pascuala Ilabaca.
Huellas, una vida en vivo es un documento de amor por la música, entendimiento y unión por un Chile y un mundo mejor y más justo».

Documental gira Vivo aquí.

Joe Vasconcellos

Quiero seguir continuando, de Mauricio Redoles (Chile)
Cumbia casera, de Santaferia (Chile)
Sola con mis monstruos, de Mon Laferte (Chile)
De la cabeza 2, de Bersuit (Argentina)
De Buenos Aires para el mundo, de Los Ángeles Azules (México)
Skuela, de Baile 2020 (México)
Canto popular, 25 años, de Desorden Público (Venezuela)
YHLQMD, de Bad Bunny (Puerto Rico)

 


 

Redpem Pato Peters

PATO PETERS (Bolivia)
Sur, de Canela Palacios
«Desde las primeras notas del acordeón en Sapa, la canción que abre Sur, es indudable que estamos ante algo distinto, fresco, original, extraño, sencillo, hermoso. El disco debut en solitario de Canela Palacios, compositora, cantante y multiinstrumentista originaria de La Paz, Bolivia, es una colección de doce temas con una sonoridad distinta, al menos a la acostumbrada por estas latitudes. Con formación académica en el Conservatorio local, y con estudios de posgrado en Uruguay junto al desaparecido Coriún Aharonián, Palacios es la voz necesaria en una escena que de a poco comienza a abrir ojos y oídos a la música hecha por mujeres.

Sur, celebrado tanto a nivel nacional como fuera de nuestras fronteras, es un disco ecléctico, íntimo, oscuro, honesto, experimental, y delicado, que la tiene no solo cantando, sino también tocando la guitarra, la melódica, el acordeón, las percusiones e incluso instrumentos de juguete. Acompañada por casi una decena de músicos, en la grabación se encuentran instrumentos como trompeta, sikus, tarka, tinya, corno y fagot, en medio de letras compuestas por Canela, junto a algunos fragmentos de textos de Jorge Luis Borges (El ave), Oliverio Girondo (Cantar de las ranas) y de las bolivianas Blanca Wiethüchter (La casa del pan), Marcia Mogro (Sur). Rondando la media hora, Sur es el viaje a un lugar maravilloso y misterioso que deberíamos visitar más seguido».

Canela Palacios

Paranoia pop, de Bándalos Chinos (Argentina)
Puro teatro, de Daniella Spalla (Argentina)
Criptograma, de Lisandro Aristimuño (Argentina)
Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Cadáver exquisito, de Vero Pérez (Bolivia)
Abanico, de Weste (Argentina/Uruguay)
Ubicación en tiempo real, de Barbi Recanati (Argentina)
La fortaleza, de Francisca Valenzuela (Chile)
Sentimiento mundial, de Mint Field (México)

 


 

Darío Granja Redpem

DARÍO GRANJA (Ecuador)
777: Buenos días, de LosPetitFellas (Colombia)
«Se formaron en 2012 en Bogotá, Colombia. Después, el tiempo puso las cosas en su lugar. En la actualidad hay pocas bandas en Latinoamérica con la potencia y personalidad de LosPetitFellas. Una muestra de la madurez artística de este quinteto es la primera parte de su cuarto trabajo de estudio, 777: Buenos días. Un álbum conceptual dividido en tres capítulos de siete canciones cada uno: Buenos Días, A quemarropa y República Independiente del F*cking Goce. La primera entrega, lanzada en julio de 2020, es un trago fuerte lleno de sabor donde se maceran diferentes géneros musicales, entre los que se destacan el rap, el jazz, el soul y el rock. Desde la primera canción, Sin miedo, producida por Paco Ayala de Molotov, el disco sacude y golpea el cuerpo. Luego, el paisaje sonoro se expande con canciones que invitan al baile y a la reflexión por igual, coproducidas por referentes colombianos como Slow Mike y Mosty, además de las colaboraciones musicales de Goyo (ChocQuibTown), Lido Pimienta y Apache. En un año lleno de acontecimientos tristes, era necesario un disco para levantar el espíritu y desafiar lo incierto. LosPetitFellas nos traen buenas noticias».

LosPetitFellas

Miss Colombia, de Lido Pimienta (Colombia/Canadá)
Mandinga Times, de Rita Indiana (República Dominicana)
Palíndromo, de Daniel Mancero (Ecuador)
Triángulo de Amor Bizarro, de Triángulo de Amor Bizarro (España)
Sorpresa, de Cheo (Venezuela)
Verte antes de fin del año / O Clarividencia, de Lolabúm (Ecuador)
Basta de música, de Martín Buscaglia (Uruguay)
Ábrete sésamo, de Sr. Maniquí (Ecuador)
Carisma, de Salt Cathedral (Colombia)

 


 

Gabriel Plaza Redpem

GABRIEL PLAZA (Argentina)
Arcadia, de Astillero
«En Buenos Aires el under no está en el rock, sino en el tango. La música que vivió su década de oro entre la década de los 40 y 50 con orquestas como las de Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y Juan D’Arienzo, quedó como el pulso sonoro subterráneo de la ciudad en lo que fue del Siglo XX. Pero a mediados de los 90, una nueva generación retomo el tango como un lenguaje propio, inventando su propio “rock”, a partir de aquellos sonidos orquestales y el espíritu cooperativo de Pugliese: en la orquesta del autor de La yumba todos cobraban igual, desde el arreglador y compositor al último violín de la fila. Fue la única manera que el tango salió de su letargo, a partir de una nueva generación criada en el rock que retomó ese espíritu autogestivo, creando espacios, festivales independientes y agrupándose colectivamente, alrededor de una escena que fuera desarrollando otra identidad tanguera con un lenguaje actual.

En los últimos años el pianista y compositor Julián Peralta se abocó a la creación de un nuevo repertorio para el tango canción con su grupo Astillero (banda que formó en 2005) y que amplió con el proyecto paralelo Un disparo en la noche, que tuvo dos volúmenes y un documental. El nuevo disco de Astillero bautizado Arcadia, es una obra conceptual con nuevo repertorio que supera todas sus búsquedas anteriores. La participación del cantor Chino Laborde, viejo compañero de Julián Peralta en la Fernández Fierro (una de las orquestas más importantes del Siglo XXI), y la asociación con el letrista Juan Serén, resultan formidables.

“Las canciones la escribimos de madrugada con Juan. Nos encontrábamos en el chat de Facebook o por teléfono fijo porque yo no uso celular. Los dos somos personajes del conurbano y eso se transmite indirectamente al clima del disco”, cuenta Julián Peralta, confinado en su departamento de San Telmo. Arcadia es un disco contundente: seis canciones resueltas en dieciocho minutos, que se aceleran en la virulenta y profunda voz del Chino. “Me sentí muy representado por estas historias y personajes. Son tangos posta con situaciones que hablan de lo que pasa ahora. Los textos son bestiales. Es un disco de tango muy rocker. De los tangos nuevos es lo más polenta”, dice el Chino Laborde. En el álbum Arcadia la música y la voz resuenan con la intensidad de un viaje en tren de la línea Roca, quemando los últimos cartuchos del día en el tercer cordón del conurbano».

Astillero Arcadia

Triángula, de Tríángula (Argentina)
Basta de música, de Martín Buscaglia (Uruguay)
Reflexión, de Las Áñez (Colombia)
Un canto por México Vol. 1, de Natalia Lafourcade (México)
Ubicación en tiempo real, de Barbi Recanati (Argentina)
En vivo en pijama, de Marina Fages (Argentina)
Abrazo, de Luciana Jury (Argentina)
Casi farsante, de Chillan las Bestias (Argentina)
Farsa (género imposoble), de Silvia Pérez Cruz (España)

 


 

Redpem Angie Giaverini

ANGIE GIAVERINI (Chile)
Sea mi música, de Paz Mera
«Sea mi música es un acierto de la instrumentista, compositora y cantante Paz Mera, quien, a manera de trío con Daniel Navarrete en contrabajo, Jorge Erlwein en batería y ella en voz y teclado, fusiona estilos para dar vida a diez temas que la reafirman como una compositora tenaz, dueña de una voz llena de originalidad en la escena nacional chilena; una compositora que ha sabido elaborar un sonido propio en el latin jazz.

Sea mi música ofrece sonoridades cálidas que proponen paisajes sonoros llenos de imaginación. Su sonido es evocador del mar y los sabores de la costa. Un disco que sugiere rincones de La Habana Vieja (Recordis Habana): caminatas por el malecón, ese recorrido en lancha hacia Regla. Canciones que evocan viajes que ella emprendió a Cuba y Brasil en tiempos de estudio, en diálogo estrecho con los sonidos propios de este lado de la Cordillera de los Andes.

Un álbum que estuvo esperando su momento de salida, y que da continuidad a quien dio destellos de vida previamente con aquel EP, No quiero tu corazón. Y es que el encierro por la pandemia invitó a Mera a releer algunas composiciones.
Sea mi música fue grabado, mezclado y masterizado por Alfonso Pérez en Estudio Madreselva en Santiago, Chile, en pocas sesiones. Contó con la colaboración de Italia Neira, Víctor Jiménez, Magdalena Matthey y Alfonso Pérez, en los coros.

Una compositora de grandes alcances que, cuando se sienta al teclado, sorprende y hace que su audiencia enmudezca. Una mujeraza de manos grandes que atrae miradas. Sea mi música es sin duda uno de los mejores discos de 2020».

Paz Mera

Cantos para Lucila, de Familia Bombo Trío (Chile)
Contando estrellas, de Inti González & El Esplín (Chile)
Canto para siempre, de Carmen Lienqueo (Chile)
La fuerza, de Paz Court (Chile)
Tornasol, de Elizabeth Morris y Magdalena Matthey (Chile)
Mango negro, de Rubio (Chile)
Cisne. Lado negro, de Cancamusa (Chile)
Relato, de Vicente Cifuentes (Chile)
El corazón vivo, de Isabel Parra (Chile)

 


 

José Manuel Gómez Gufi Redpem

JOSÉ MANUEL GÓMEZ GUFI (España)
Mi esencia, de Rycardo Moreno
«El flamenco vive un momento de delirio creativo en todos los frentes, pero corre el peligro de que todo se venga abajo. La afición en España no da para mucho con los tablaos y las giras internacionales paralizadas. Rycardo Moreno pertenece a una generación asombrosa de tocaores y guitarristas (que aman el flamenco y la música a partes iguales) en la que destacan Dani de Morón (que ha publicado el estimulante Creer para ver) y Diego del Morao (que ha editado junto al cantaor Israel Fernández Amor).

Mi esencia se presenta como la autobiografía musical de Rycardo, grabada en directo tal y como se aprecia en el DVD adjunto. Rycardo Moreno es de Lebrija (Sevilla). Debutó en la música con un grupo de flamenco-pop para luego profundizar en el flamenco y encajar un arreglo de soleá para el disco que el cantaor Juan Peña El Lebrijano le dedicó a Gabriel García Márquez. Luego produjo el disco Infundio de Tomás de Perrate, se fue a Nueva York a tocar jazz y grabó Varekay; para su segundo disco utilizó los textos de Eduardo Galeano y aquí se atreve con una guitarra de siete cuerdas con la que ataca el adagio de el concierto de Aranjuez, para convertirlo en ciencia ficción. Nos enseña una boda gitana con la que improvisa por bulerías, interpreta a Hoagy Carmichael y a Erik Satie. Acompaña el cante añejo de Antonio Agujetas Chico y toca una guajira con aires de Cuba. Como en el caso de Dani de Morón estos discos no temen el paso del tiempo.

Rycardo Moreno

Los singles
Han vuelto los singles, las canciones sueltas, así que hay que acostumbrarse a escuchar canciones sin saber si merecerá la pena el LP. Desde Jerez llega Fuck Kenny con Tremendo lío que funde lo mejor del caribe urbano con producción de Ané Carrasco. Kiko Veneno ha hecho una de las letras del año: Hambre. Lin Cortés ha aparcado la banda eléctrica en su mini-LP Gitanerías y se luce con Novia moderna. C Tangana confiesa Demasiadas mujeres a ritmo de saeta. Por el lado del dance hall gitano Original Elias se luce con Traketeo. Maka logra un estribillo imbatible en “Yo no vengo de La Habana. Yo vengo del callejón” junto a Pablo Chill-E. Vuelve Cimafunk aliado con Mista Savonna: Beat con flow parece el plan del año que viene».

Creer para ver, de Dani de Morón (España)
Gitanerías, de Lin Cortés (España)
Sigo siendo, de Antonio El Rubio (España)
Tremendo lío, de Fuck Kenny (España)
Hambre, de Kiko Veneno (España)
Beat con flow, de Mista Savonna & Cimafunk (Cuba)
Demasiadas mujeres, de C Tangana (España)
Traketeo, de Original Elías (España)
Habana, de Maka & Chill-E (España)

 


 

Los más mencionados en las listas de los miembros de REDPEM

Miss Colombia, de Lido Pimienta: 13
Mandinga Times, de Rita Indiana: 7
Reflexión, de Las Áñez: 7
Batuco, de San Rompe Pera: 5
Ubicación en tiempo real, de Barbi Recanati: 4
Acts Of Rebellion, de Ela Minus: 4
Farsa (género imposible), de Silvia Pérez Cruz: 4
Un canto por México Vol. 1, de Natalia Lafourcade: 4
Cantos de ultramar, de Juan Perro: 4

 


Sobre REDPEM
La Red de Periodistas Musicales en Iberoamérica (REDPEM.IB) tiene como objetivo conectar a los periodistas especializados en música iberoamericana para intercambiar información, generar  contenidos, trabajar en conjunto con otras redes (de productores, promotores, agentes de prensa y festivales), facilitar contactos y compartir miradas sobre la profesión y, fundamentalmente, sobre el tema que apasiona a todos, la música.
Fundada en 2015, REDPEM agrupa hasta la fecha a profesionales de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Brasil, Venezuela, México, Estados Unidos y España y ha participado en distintos mercados y ferias musicales de América Latina (Circulart de Medellín, Colombia; FIMPro de Guadalajara, México y el Festival Jazz Ecuador) realizando talleres, debates y conferencias.