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martes 21 de septiembre de 2021

Desde Guatemala presentamos a Selva y Cerro

Selva y Cerro es el más reciente proyecto musical de DJ y productor Andrés Azmitía, mejor conocido como Sonido Quilete, y la poeta, actriz y gestora cultural Rosa Chávez. Basado en la música electrónica y el spoken word, el dueto empieza a lanzar sus primeros sencillos.

Sabemos que el músico de afrobeat Fela Kuti era primo lejano del dramaturgo, poeta y Premio Nobel nigeriano, Wole Soyinka. ¿Se imaginan si hubieran colaborado los dos? Imaginamos, soñamos también una colaboración, digamos, entre Tinariwen, la bellísima y poderosísima banda de blues africano, y el poeta sirio Adonis. Algo así es Selva y Cerro, un dueto donde poeta y DJ enredan rolas, donde la devastadora belleza de ambos crea pequeños paisajes sonoros, vastos, enormes paisajes musicales.

De Selva y Cerro conocemos tres canciones. Abuelita planta (Qati’T Q’Ayes) (2020), La abuela y el maíz (2020), y Espora (2021). La primera es parte del disco Savia y es una rolita sutil, hipnótica, con un beat relajante, muy ambient y donde la voz de Rosa, una ligera marimba y un suave coro conducen la canción con cuidado y finura. No hay estallidos. No hay acelerones. Abuelita planta es un trance, un lindo ritual musical. La abuela y el maíz, dedicada a las defensoras de la tierra, y que incluye voces de Aura Lolita Chávez y Berta Cáceres, avanza ascendente, nostálgica, poderosa, y tiene un beat tenaz, silencioso pero infranqueable. De Espora, que parte del disco colectivo Savia: Manglar, solo se puede decir que serpentea, que avanza como un fresco río, y presenta la misma experiencia sensorial de las otras dos.

Selva y Cerro es balance. La voz de Rosa es teatral, performática. Es siempre emocional y dinámica cuando canta, cuando susurra, incluso cuando «solo» recita, pues no es solo una lectura. Rosa interpreta y actúa. La producción de Sonido Quilete, por otro lado, no distrae, más bien eleva y complementa a Rosa. Los instrumentos y arreglos tienen, además, una precisión quirúrgica. Como lo hizo una vez Balam Ajpú en 2016, Selva y Cerro combina lo milenario (cultura maya) con lo contemporáneo (hip hop y cumbia), Rosa y Quilete añaden, además, poesía, música electrónica, performance y activismo político.

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