Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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miércoles 13 de noviembre de 2019

Todos los días amanece

Igloo

El cuarto LP de los gallegos tiene en sus entrañas este gélido corte de paso hiperlento, que llevan al audiovisual en una aproximación coherente con el tempo y la temática de la canción: hipnótica y decadente.

Cuando llamas a un disco El conjunto vacío y le calzas delante un numérico Ø4 puede trasmitirse varios mensajes: ironía (seguimos sin buscar significado a las cosas, solamente las exponemos), reto (he aquí un lienzo, amable escuchante: píntalo con nosotros) o pragmatismo (nos gustaba ese título, y queremos recordarte que este es nuestro cuarto álbum). Sea cual fuere la naturaleza del escorzo, está claro que a la banda gallega le sigue importando la adecuación de la estética a sus experimentaciones sonoras. En este trabajo, eligen el blanco níveo para generar una atmósfera decadente, de tintes rococós, y juegan con los bizarros personajes de negro para ejecutar ese contrapunto tan resultón que viene siendo el blanquinegro desde el principio de los tiempos. Personajes de polichinela que se contemplan e interaccionan con objetos que les definen visualmente, como el blanquísimo juego de té o sus propias indumentarias, frente a la duplicación de imágenes en dos y tres dimensiones que acaece entre los oscuros. Durante el juego de contrastes, la canción se despereza. Amanece, que no es poco.

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