Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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martes 29 de septiembre de 2020

Calma

Nitoniko

Juanjo Pedro destila ternura en este tema de cierre de su último disco, Rayos y Centellas. Óscar Viñas ha sabido llevar ese sentimiento a las visuales en un ejercicio técnico elegante, sobrio y efectivo.

El cierre de Rayos y centellas nació en una isla sueca, mientras Juanjo Pedro asistía alucinado a uno de esos amaneceres nórdicos que aflojan la quijada del más recalcitrante de los seres pétreos. Para llevarla al plano visual no hacía falta un gran despliegue estético; de hecho, el minimalismo parecía la opción más lógica. Una infinita gama de grises entre el blanco y el negro acabaron de redondear la materia prima, con el señor de la voz cantante como sereno elemento de juego. Óscar Viñas, que ya domina los códigos expresivos de Nitoniko, apostó por los primeros planos y las aproximaciones diversas al rostro; funciona. Los espejos hacen el resto: las posibilidades plásticas de multiplicación, secuencia y contraplano son infinitas, pero Viñas elige las más adecuadas al tono y carga semántica de la canción. Afrontar la propia verdad, frente a frente: he ahí el meollo, La voz en off de Alba Carbonell recitando versos (en la imagen los vocaliza Clara Roma) se mezcla con el estribillo, en una suerte de réplica que culebrea entre las líneas principales del tema. El efecto final es balsámico: un envoltorio de lujo para la que probablemente sea la mejor canción de Nitoniko hasta la fecha.

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