Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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miércoles 3 de junio de 2020

Salve discordia

Triángulo de Amor Bizarro

El aplauso generalizado a la trayectoria de los gallegos eclosiona en una cascada de elogios para este cuarto disco, nuevamente producido por Carlos Hernández. Al oír tal sucesión de temazos, el entusiasmo queda justificado. Haberlos, haylos, que dirían en la tierra de los muchachos.

Salve discordia - Triángulo de Amor Bizarro

Qué: Disco (edita Mushroom Pillow)

Es menos humana de lo que parece la necesidad de toparse con cosas extraordinarias. La naturaleza dicta leyes tácitas que el intelecto no discute: al final, se acaba prefiriendo la calidez de lo reconocible, de lo amable, en perjuicio de las emociones demasiado intensas. Dicho esto, héteme aquí, pasmado, con Triángulo de Amor Bizarro: resulta que cuatro gallegos de Boiro (Isa, Rodrigo, ZippoRafa) y un madrileño de pura cepa (Carlos Hernández, productor de la primera placa de la banda y del discazo que nos ocupa ahora) han decidido retar todos los convencionalismos, por activa y por pasiva. No son cálidos, ni rompedores; no buscan epatar, ni hacen concesiones. Sacan de adentro, encauzan el manantial y el resultado es tremendo. Se les va la cabeza, mucho (O Salve Eris desata una suerte de violencia no agresiva en el oyente, un estado de excitación sexual que necesita de crescendo simultáneo, de alivio rabioso), saturan sus guitarras aceleradas y muerden la carne hasta el hueso, como los Reid (Gallo negro se levanta), rezan a sus dioses mancunianos (Baila sumeria), ramonean sin disimulo guiñando un ojo a la cresta de Tony James, el de Sigue Sigue Sputnik (Luz del alba) o hallan un marciano cruce de caminos entre Siouxsie y Belanova (Qué hizo por ella cuando la encontró). Luego llega Nuestro siglo Fnord y oyes cosas como «Ya no quiero volver a oír perdóname, voy a poner precio a tu cabeza, bórrate, como si te cuelgas de una higuera»… y así hasta once peladillas sonoras, que graban todos a la vez, con los ruiditos del encuentro mechados entre las pistas, en asombrosa sintonía de espíritu; todos trotando, pasándose el relevo, acelerando en la curva, dejándose ir en las rectas. Montaña rusa, sí, de las que requieren sentarse en el primer vagón, de las que piden otro viaje, y otro, aunque los que están en fila se quejen a gritos.

Salve discordia - Triángulo de Amor Bizarro

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