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miércoles 23 de octubre de 2019
Borja Flames
Foto: Marion Cousin

Rojo vivo

Borja Flames

Borja Flames, músico español afincado en París, retorna a la acción con un esfuerzo ambicioso por abrir el marco de acción de la canción pop. El resultado es Rojo vivo, pura catarsis para los tiempos que corren.

Qué: Disco (Les Disques du Festival Permanent)

Hace unos meses Tórtel y El Hijo abrían proverbialmente el campo de acción de la canción pop mediante una metodología electrónica mutante. Ahora Borja Flames se suma a la barricada de la revolución de subsuelo con Rojo vivo, su segundo álbum, en el que ha encontrado un camino que rompe con la senda menos sinte de su primer trabajo.

Las múltiples puertas abiertas a lo largo de estas once canciones advierten de un mapa mental en permanente estado de ebullición. El piloto principal de esta nave se centra en un lenguaje totalmente minimal, donde la oración pop de tintes spoken word es filtrada a través de una red sinte esquelética.

La fórmula recuerda a los discos con los que Lena Platonos se convirtió en la voz arrastrada de las injusticias sociales que llovían sobre Grecia. Ella lo hacía bajo una clara propensión narrativa y una telaraña concreta de Roland-808, Borja Flames lo ha hecho bajo estas mismas coordenadas, siempre huyendo de melodías cerradas, arquetipos habituales de estribillo y demás flechas que apunten a lo concurrido.

Así Rojo vivo ofrece una epifanía tribal electrónica, un telediario emitido desde la resistencia. Pura catarsis para los tiempos que corren. Sin duda, un triunfo a tener en cuenta, y más con sonidos dentados como Carta abierta y Tejemaneje.

Borja Flames Rojo vivo

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