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miércoles 23 de octubre de 2019
Esther García Llovet
Foto: Rafa Rivas

Sánchez

Esther García Llovet

Esther García Llovet publica Sánchez, una novela que nos devuelve a ese Madrid poco transitado de extrarradio, el de las timbas y las carreras, el que colinda con la MHI, el de la chabacanería y la picaresca, el de los trapicheos, el que enmudece y, nuevamente, un Madrid estival.

Qué: Libro (edita Anagrama)

Sánchez no esconde la historia de Sánchez, como cualquiera pudiera pensar. Más bien es Nikki la voz narrativa, quien se hace con el protagonismo de este relato; una maleante de tres al cuarto que decide convencer a Sánchez para robar el galgo de Bertrán y así venderlo para una carrera.

Nuevamente, Esther García Llovet, aquella a quien tildásemos de una genialidad un tanto atípica y extraña tras leer Cómo dejar de escribir, centra la trama en un Madrid estival, desierto, y recorrido por unos personajes envueltos en una búsqueda incesante que, en numerosas ocasiones, llega a conmover al lector por lo patético de la situación. Una falsa empatía que se esboza con el humor tan característico de la escritora nacida en Málaga. Casi podríamos tildarlo de una comedia de realismo sucio: Sánchez es un perdedor de manual, Nikki una macarra de barrio y Bertrán un pijo con pretensiones que más que miedo, despierta ternura.

Un relato que se asemeja al trile del cubilete, en el que los personajes buscan sin ser conscientes de que lo que persiguen siempre está en el cubilete que no señalan. Al final, nada es tan fiero como lo pintan. La narrativa de Esther García Llovet se esconde tras una trama vertiginosa, en la que las acciones se suceden a un ritmo trepidante, sin dar tregua a las florituras en la escritura. La autora no repara en detalles que puedan distraer al lector de lo que es realmente importante, la búsqueda. Y es que esa búsqueda se convierte en la clave de la historia, porque se interpola a una nueva búsqueda introspectiva de cada uno de los personajes.

Sánchez esconde una perfecta instantánea de un Madrid más particular, ornamentado con diálogos repletos de dobles sentidos y un humor enrevesado, que no rebuscado, que cae sobre la idiosincrasia de sus personajes. Todos ellos, a su manera, sobreviven con y gracias a sus peculiaridades.

Esther García Llovet Sánchez
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