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martes 12 de noviembre de 2019
El Hijo

Capital desierto

El Hijo

Pocos discos eran tan esperados como el nuevo de El Hijo, primer LP en siete años. Como se dice en estos casos, «la espera ha merecido la pena». No en vano, por fin, tenemos entre nosotros un trabajo de aura referencial dentro de una corriente ya definida como post-mainstream.

Qué: Disco (Intromúsica)

¿Pueden convivir el flamenco rock y Arca sin colisionar? ¿Puede New Order volver a sonar tan excitante como en los ochenta, pero bajo el filtro del Siglo XXI? Estas cuestiones son respondidas más que afirmativamente en Nuevo brutalismo y Repite, las dos piezas más rutilantemente pop que haya grabado jamás Abel Hernández.

Así arranca Capital desierto, con el apoyo inestimable de Laura LaMontagne, que aporta un sustrato vocal de magnetismo irresistible. Esta es una de las voces que, junto a las de Tórtel, Lucas Malcorra y David T. Ginzo, duplican la de El Hijo, dando sentido a una multiplicación de sus diferentes yoes.

Ya en Fragmento 1 y Dentro, los memorables EPs que anteceden a este cierre monumental de pop electrónico heterodoxo, había nuevas voces en la ecuación programada. Una que, para esta ocasión, toma elementos del pop actual, como el reggaetón y la PC Music, y los integra dentro de un cuerpo musical donde el equilibrio entre experimentación y contundencia pop cuaja en un fresco final capaz de hacer convivir el ambient industrial de Ben Frost con el exotismo oriental de Ojos que miran y el lirismo zombi de Sacrifica: epílogo devastador a un disco conceptual donde la sobre comunicación se ha convertido en la excusa para desdoblarnos en la soledad de cables y ondas que rodean nuestras rutinas diarias. Y que no es más que una de las tantas interpretaciones de un brainstorming borracho de ideas que, siempre, alcanzan su materialización final. Inaudito y glorioso.

El Hijo Capital desierto

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