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sábado 31 de octubre de 2020
Hitchcok

Hitchcock, el alquimista de las pasiones

La muestra que se exhibe actualmente en Espacio Fundación Telefónica de Madrid (hasta el 5 de febrero de 2017) sobre el maestro del suspense supone un excelente punto de apoyo para mover el mundo de filias, obsesiones y claroscuros que su cine generó en millones de personas. Como las muestras suelen valerse de un botón para reducir universos sin pérdida de sustancia, vaya por delante un testimonio coral de gentes del cine, la música y las letras iberoamericanas sobre Hitchcock: con todas esas leyendas, anécdotas, curiosidades e imágenes fijas y animadas en las salas de la exposición, había que salir a recabar voces autorizadas sobre el tema. Menudea la admiración, pero también hay lugar para el cuestionamiento al señor Hitchcock. Como debe ser.

Casi todo el mundo ama a Alfred Hitchcock. Bueno, más bien se ama su trabajo. Desde el último biopic –con Anthony Hopkins encarnando la figura del realizador británico– hay más gente que recela de la obsesiva personalidad del maestro y su proverbial carácter déspota. La afición por jugar con las mentes desde la creación artística sería harina de otro costal, por el indudable atractivo de tal deporte. El caso es que la huella de Hitchcock en el cine y ciertas convenciones sociales es innegable. En su gremio y terrenos emparentados, como la música y la literatura, son legión los análisis y las impresiones acerca del maestro. Hay de todo: conclusiones, reflexiones abiertas, recuerdos…

Ignacio Martínez de Pisón es escritor y guionista, autor de novelas como Carreteras secundarias o La buena reputación. «En mi infancia, Alfred Hitchcock era a la vez una marca y un nombre. Había unas novelas de misterio que se llamaban Alfred Hitchcock y los tres investigadores, había una serie de televisión presentada por el propio Hitchcock…: eso era la marca. Luego estaba el nombre, que quedaba reservado a sus películas. Mi primera cinefilia consistió en pasar del sucedáneo al original. Es decir, de la etiqueta de un producto meramente industrial a la firma del artista en una esquina del lienzo».

Hitchcock

El músico gaditano Julio de la Rosa ganó el Premio Goya en 2015 por la banda sonora de La isla mínima. De Hitchcock destaca su faceta de prestidigitador. «Siempre me ha fascinado la facilidad que tenía para engañar el espectador, su falta de verosimilitud a la hora de contarte cualquier historia y, sin embargo, la fuerza con la que siempre te atrapa. El uso que hace del macguffin es también un poco irrisorio, pero es que tenía una habilidad casi mágica para mantenerte pegado a la pantalla. Al final, creo que la distancia que ponía entre él y lo que trabajaba fue lo que le hizo tan grande».

El escritor y periodista argentino Rodrigo Fresán es conocido por su prolífica obra, que contiene joyas como Esperanto o La parte inventada, e incide en la facilidad del cineasta londinense para jugar con la inocencia y la culpa. «No entiendo la fascinación por Vértigo (que es como un mal Almodóvar, lo siento); pero Hitchcock sí me (de)formó mucho durante mi infancia desde los episodios de su serie (compitiendo con el Rod Serling de The Twilight Zone). Uno y otro auténticos anfitriones en los mejores talleres de mecánica narrativa a los que jamás he asistido. Y, claro, el impacto de esa primera vez de ver y de temblar Psycho sin siquiera imaginar su final. Y la casa de Frank Lloyd Wright y el Monte Rushmore en North By Northwest (Con la muerte en los talones). Y Rebecca y The Birds y Rear Window. Y mi momento favorito en todo Hitchcock: ese primer plano y sonrisa triste y vencida pero ya volviendo a sentirse ganador de Gregory Peck en la supuestamente menor pero para mí inmensa The Paradine Case. Pero en resumen creo que la gran lección/enseñanza de Hitchcock en buena parte de sus películas es tan útil para todo niño: aunque seas inocente jamás faltarán muchos que te creerán culpable. O viceversa. ¡Aquí vienen de nuevo!».

Hitchcock

El guionista y director Miguel Ángel Lamata estrenó este verano la comedia romántica Nuestros amantes. Para él, Hitchcock es un especialista en mantener girando platos chinos de diversos colores. «Hay una influencia consciente o inconsciente de Hitchcock para todo el que hace cine. ¡Cómo mezclaba humor, acción, suspense! Era único. Esa mezcla de géneros que tanto se ve en el cine actual viene en parte de él; por ejemplo, Con la muerte en los talones funciona como thriller, cine de aventuras, historia de amor… coqueteaba con la comedia en medio del suspense, bordaba el terror puro y duro, te hacía algo tan Lubitsch como Atrapa a un ladrón y luego Psicosis… Encadenados es una historia de amor pero también emerge el thriller. Veo su huella en Haneke, por ejemplo, tanto en Amor como en Funny Games. Lo mismo en La gran belleza, de Sorrentino. Y otra cosa: Hitchcock consiguió que películas que no aguantaban un solo análisis lógico, como Vértigo y sus agujeros de guión, funcionasen muy bien. En esa película te quedabas con el poema emocional obsesivo, con ese final demoledoramente horrible. Tiene obras fallidas, como Topaz u otras de la última etapa, pero todo el mundo tiene derecho a tenerlas, ¿no?».

La joven guionista Isabel Peña obtuvo el premio al mejor guión en el último Zinemaldia de San Sebastián por Que Dios nos perdone, junto a Rodrigo Sorogoyen. «Hitchcock inventó muchas cosas. Sus imágenes son fetiches, no caducan, incluso seguimos recurriendo a ellas porque lo que creó es a la vez clásico e imperecedero. Hay varias películas suyas que me tocaron y que vi siendo pequeña, quizá demasiado pequeña para verlas. Me entusiasman especialmente Extraños en un tren, Psicosis y Frenesí». Otra aragonesa premiada en este 2016 es la actriz Luisa Gavasa, Goya a la mejor intérprete de reparto por La novia. «Hitchcock es uno de mis directores de referencia: crecí con él. La consecuencia de ver Psicosis de muy pequeña es que nunca he tenido bañeras con cortina, y Los pájaros hizo que algo cotidiano se convirtiera de pronto en terrorífico: vivo en el campo. Me encantan Vértigo y, sobre todo, La ventana indiscreta por Grace Kelly y esa elegancia natural que muy pocas, quizá solamente Audrey Hepburn, pudieron tener en el cine. La tensión de Hitchcock, esa inteligencia con la que te conduce por sentimientos muy diversos, es única».

Hitchcock

El escritor y periodista gallego Antón Castro obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Cultural en 2013. Esteta confeso, divide su juicio en formas y fondo. «Es uno de los primeros cineastas en el que vi la sinuosidad y la turbulencia del guión. Es el autor de dos de mis películas favoritas: Encadenados y Con la muerte en los talones. Jamás me canso de sus personajes, de sus historias y de esa pasión avasalladora. Diría que las veo para enamorarme, como Hitchcock, de Ingrid Bergman y Eva Marie Saint». Por su parte, el músico y docente Gabriel Sopeña también alude a las mujeres en el cine hitchcockiano. El autor del tema Apuesta por el rock&roll, de Más Birras –versionado por Héroes del Silencio– llegó a participar en un tema de Loquillo sobre ellas, La rubia de Hitch. «Cuando era muy jovencito, Hitchcock supuso una apertura de vías a nuevos mundos, una preciosa llave que, personalmente, me condujo a Lovecraft. Un extraordinario director de actores. El suyo era un cine novedoso: estábamos acostumbrados a ver películas de buenos y malos pero no conocíamos la intriga, el suspense. Además, las mujeres en la flmografía de Hitchcock son estupendas en muchos sentidos: tenían protagonismo real, no se limitaban a ser defendidas por vaqueros o soldados. Me quedo con Psicosis, La soga, Con la muerte en los talones, Rebeca… Grace Kelly era sobrenatural».

Hitchcock

Luis Alegre es periodista, docente y cineasta: dirigió el documental La silla de Fernando junto a David Trueba en 2006. «Algunas de las experiencias más emocionantes que he vivido gracias al cine se las debo a Hitchcock. Cuando tenía ocho años vi en la tele Encadenados, una película que me llegué a aprender de memoria y que me parece la síntesis de intriga y romanticismo más depurada de la historia del cine. El impacto de aquella primera vez fue brutal y tuvo un bonito efecto secundario: me enamoré de Ingrid Bergman y, en mi delirio, le escribí una carta proponiéndole matrimonio. En el sobre puse, simplemente, Ingrid Bergman. Hollywood. Pero no me respondió, no sé por qué. Luego, en mi adolescencia, recuerdo salir de la proyección de Con la muerte en los talones en estado de éxtasis, como volando. Nunca había vivido en el cine una excitación de tal calibre. También adoro Vértigo, Recuerda, Psicosis, Rebeca, Sospecha, La ventana indiscreta o El hombre que sabía demasiado. Pero Encadenados y Con la muerte en los talones están en otro mundo y son una muestra perfecta del talento de Hitchcock para hacer del cine, que él consideraba un juguete, un arte mayor. En mi despacho tengo colgada la mítica fotografía que reúne a Luis Buñuel con, entre otros, Billy Wilder y Hitchcock. Ahí están, juntos, mis tres grandes héroes».

El escritor y periodista Sergio del Molino ha cartografiado este año la España vacía en el ensayo del mismo nombre. «Más allá de la fascinación por su cine, que comparto con buena parte de la humanidad, Hitchcock ha sido un portentoso maestro narrativo. Recomiendo a todos los escritores y a todos los que se quieran iniciar en el oficio de contar historias su libro de conversaciones con Truffaut, donde expone la teoría del macguffin y da una serie de lecciones magistrales sobre construcción de tramas y caracterización que deberían ser lectura obligatoria. Más allá de eso, me gusta el Hitchcock perverso, sus notas de humor negrísimo y su arte camuflado de oficio. No me puedo quedar con una sola película, pero sí con una secuencia: el comienzo de La sombra de una duda, con Joseph Cotten tumbado vestido boca arriba en la cama, rodeado de billetes. Ahí se condensan sus obsesiones: el fugitivo, la soledad, la transgresión y lo oscuro envuelto en lo familiar e inofensivo».

Hitchcock

José Ángel Delgado, cineasta y docente, coautor del volumen didáctico El mundo del rodaje, se apoya en la revolución técnica de Hitchcock para analizar su huella en el cine. «Es de los pocos directores del que todos hemos visto gran parte de su filmografía, y por eso podemos hablar de él y su obra con total comodidad. Es un miembro más de la familia. Sus conversaciones con Truffaut nos abrieron los ojos a tantos que deseamos trabajar en el mundo del cine. Ya nunca vimos igual una película o nos enfrentamos a una planificación sin pensar en alguna de sus palabras. Macguffin, efecto vértigo, plano secuencia, suspense o sorpresa… son algunos términos que irremediablemente vinculamos a su figura, pero siempre imaginando a Hitchcock hablando de ellos con una sonrisa burlona y sin ningún atisbo de academicismo».

Por último, el argentino Patricio Pron, escritor, filólogo y periodista; es autor de novelas como El comienzo de la primavera o No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Su valoración incide especialmente en la ambivalencia narrativa del británico. «Aunque el cine tiene extraordinarios narradores, y es evidente que estos han ejercido una influencia continuada en la literatura del último siglo, muy pocos me parecen tan dotados como Alfred Hitchcock: sus historias tienen la particularidad de ser complejas y simples a un tiempo, sus personajes tienen trayectorias individuales en las que sin embargo no nos resulta difícil reconocernos, su uso del tiempo y de los escenarios es magistral. No son pocos los escritores que han creído necesario ejercer la prescriptiva, dar clases de literatura o infligirnos un decálogo: sin embargo, todo lo que un escritor necesita saber acerca de cómo contar una historia puede encontrarlo en los filmes de Hitchcock, por ejemplo en ese tour de force que es The Rope (La soga): pocos filmes han ejercido una mayor influencia en mi trabajo que ése».

Hitchcock

La pasión inherente al cien por cien de estos testimonios muestra a Hitchcock como una ventana, sumamente indiscreta. A través de su genialidad en las formas y los fondos, el mago inglés consiguió llevar a los espectadores a nuevos mundos, y no le hizo falta recurrir a naves espaciales. Su ámbito de expresión fue otro: aquél que apela a los sentimientos más profundos por la confrontación (o concatenación) de emociones. Supo sembrar sus películas de resortes más o menos ocultos, destinados a despertar sensaciones calculadas en los espectadores: él se reservaba el placer de cartografiarlas. La exposición que se alojará en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid hasta el próximo 5 de febrero es una gran oportunidad para desentrañar misterios, buscar puntos de inflexión, conectar referencias y, sobre todo, disfrutar. Como dijo Cary Grant en una escena de Con la muerte en los talones, «no está mal un rapto de vez en cuando, pero tengo entradas para el teatro».

Más sobre la exposición Hitchcock, más allá del suspense, aquí
Apuesta del Día de ZdeO el 10/9/2016

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